miércoles, 3 de octubre de 2007

MARTE Y EL ROSTRO DE CYDONIA

El Misterio de Marte ha inspirado la imaginación humana. Con la aparición del telescopio numerosos científicos aseguraron haber visto “canales” y hasta presuntas construcciones en la superficie del planeta rojo. Hoy en día la NASA asegura que aquellos canales son los restos de enormes ríos que otrora surcaron Marte. Y de las construcciones, formaciones naturales. Pero no sólo se vieron “cosas raras”. El 20 de enero de 1919, Guillermo Marconi —inventor de la telegrafía sin hilos, Premio Nobel— declaraba a The New York Times que había detectado posibles señales inteligentes procedentes de Marte. Y no fue el único, pues hasta el célebre Nicola Tesla sostuvo lo mismo.

En 1997, se realizó un estudio en una variedad de meteoritos que, por su composición química, se estableció que procedían de Marte. No hay que extrañarse, pues de acuerdo a los hombres de ciencia cada año llegan a la Tierra unas 100 toneladas de material desde el planeta rojo.

El meteorito del escándalo se halló en 1984, en medio de los hielos de la Antártida. El ALH84001 contenía unas diminutas estructuras tubulares que fueron desveladas por la NASA en 1996 como: “probables microorganismos fósiles semejantes a bacterias”. De acuerdo a ese estudio, los microorganismos de Marte tenían por lo menos unos 3.600 millones de años de antigüedad. Pero hay más: científicos de la Universidad Abierta de Reino Unido hallaron vida en un segundo meteorito, el EETA7901. Lo inquietante es que los organismos hallados eran mucho más jóvenes. Habrían existido en Marte hace sólo 600.000 años… En algunos aspectos, Marte es similar a la Tierra. La inclinación de su eje en relación con el plano de su órbita alrededor del Sol no difiere mucho del nuestro (23.5 grados).

La rotación sobre su eje es similar a nuestras 24 horas. Su forma también, pues no es una esfera perfecta, sino que al igual que nuestro planeta presenta un ligero achatamiento en los polos y un ligero abultamiento en el ecuador. Tiene cuatro estaciones, y como la Tierra casquetes polares, montañas y desiertos, aunque Marte en la actualidad es demasiado frío, con una temperatura media en todo el planeta de -23 °C. Quizá, no siempre fue así. Y si cabe esa posibilidad, tendríamos que preguntarnos qué sucedió.Cuando Daniel Goldin, el número uno de la NASA, anunció en la conferencia de prensa del 7 de agosto de 1996 el hallazgo de los microorganismos marcianos, el Centro Espacial Johnson en Houston parecía temblar de la emoción. Pero no hay que entusiasmarse mucho, pues el propio Goldin, antes de acceder a su poderoso cargo en la Agencia Espacial Norteamericana, había formado parte por cerca de 25 años de una empresa relacionada con proyectos de alto secreto para el Departamento de Defensa. Desde que Goldin ingresó a la NASA muchos civiles que trabajaban en ella han sido “reemplazados” por antiguos miembros del Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Por esta razón no tenemos certeza de que la NASA le diga al mundo qué hay o qué hubo en Marte.

A pesar de este encubrimiento, se disponen de datos más que reveladores para preguntarse si el planeta rojo fue víctima de una verdadera catástrofe cósmica que puso en jaque a sus formas de vida. Sin duda, no deja de ser sospechosa la órbita excéntrica y elíptica de Marte, por momentos muy cerca del Sol, y en otras etapas muy lejos de él; apenas tiene campo magnético, y la gran mayoría de sus cráteres no se hallan distribuidos aleatoriamente, sino concentrados en un sector del hemisferio sur...

Hace miles de años existía un planeta entre las órbitas de Marte y Júpiter. Este mundo estalló, comprometiendo sensiblemente a Marte por su cercanía. Consecuencia de esta catástrofe cósmica sería el famoso cinturón de asteroides que se encuentra entre Marte y Júpiter. Científicos de la ex Unión Soviética llegaron a estas conclusiones, denominando “Faetón” o “Planeta X” al posible cuerpo celeste que acompañaba a Marte, hace sólo unos 25.000 años…

Probablemente uno de los primeros en reportar los misteriosos surcos marcianos fue el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli. Ya en 1877 había observado lo que el llamó “canali” siendo aceptada su evidencia de construcciones inteligentes en Marte por numerosos científicos de la época, entre ellos el norteamericano Percival Lowell, de la Universidad de Harvard. Sin embargo, para constatar las posibles construcciones marcianas, lejos de los famosos “canales”, tendríamos que aguardar la carrera espacial.Así como los rusos fueron los primeros en poner un hombre en el espacio (Yuri Gagarin, 1958), también harían historia en las exploraciones espaciales a Marte al enviar la primera sonda en noviembre de 1962: la Marte 1. Pero, lamentablemente, se “perdió” contacto con ella el 21 de marzo de 1963.

La NASA no quiso quedarse atrás. El 5 de noviembre de 1964 envió su Mariner 3. Sin embargo, los norteamericanos perderían el control de la sonda en una etapa muy temprana de su misión. A pesar de ello, Estados Unidos insistió con Marte enviando una nueva sonda, la Mariner 4, lanzada al espacio con sólo tres semanas de diferencia desde el proyecto anterior. Y aunque la nave llegó a aproximarse al planeta rojo, enviando unas 21 fotografías, mostrando un mundo desierto y sin vida, los científicos sabían que recién estaban acariciando el velo de un misterio mayor. Quienes creían en ello no se equivocaron.

La sorpresa la daría la Mariner 9. Era el 8 de febrero de 1972. Dos meses después de haber iniciado su misión, la sonda norteamericana sobrevolaría el área conocida como “Cuadrángulo de Elysium”. Lo que hallaría el ingenio espacial, opacaría las imágenes transmitidas anteriormente del llamado “Olympus Mons”, cuya altura triplica tres veces a nuestro Everest. En esta ocasión, los científicos se hallarían ante algo marcadamente distinto.

La Mariner 9 envió una fotografía, la MTVS 4296, que revelaba un conjunto de pirámides tetraédricas en Marte. El 7 de agosto del mismo año las volvió a fotografiar, y entonces se disiparon las dudas: Se habían hallado pirámides en Marte. Estas pirámides se elevan hasta un kilómetro de altura por encima de la llanura circundante: la Elysium Planitia. Por ello se les conoce como “las pirámides de Elysium”. Se ha calculado que el volumen de la mayor de ellas es 1.000 veces el de la Gran Pirámide de Egipto, mientras que su altura es 10 veces la de esta.

Para J.J. Hurtak y Brian Crowley, es absurdo pensar en un accidente geográfico, pues desde mediados de la década de los 70, los mismísimos ingenieros de la NASA hicieron pruebas en un “túnel aerodinámico” para simular la creación de formaciones similares a las que fotografió la Mariner 9. En síntesis, lo que el experimento demostró, fue que la acumulación de tierra o el modelado por el viento no daban lugar a cuatro formaciones tetraédricas uniformemente distribuidas. He allí el punto. No es una, sino cuatro pirámides en Marte. Pero hay más.

La noticia estalló en los laboratorios de la NASA el 25 de julio de 1976. Tobias Owen, miembro del equipo de procesamiento de imágenes de la sonda espacial Viking 1, halló algo extraño en las fotografías tomadas en la región de Cydonia. La imagen (35A72) mostraba un gigantesco rostro humanoide observando desde la superficie del desolado planeta. Parecía un silencioso vigilante. Parecía esconder un mensaje.

No obstante, desde que se descubrió la hoy llamada “Esfinge de Marte”, la NASA no se ha cansado de afirmar que se trata de un juego de luces y sombras. A pesar de las importantes investigaciones de diversos estudiosos como Richard Hoagland, la existencia de aquella enorme cara parece haber pasado al olvido, cuando podríamos hallarnos ante una de las evidencias más sólidas de vida inteligente fuera de nuestro planeta. El propio Hoagland mostró un aplastante análisis de las imágenes de Cydonia que no sólo revelan el rostro en discusión, sino que, además, cerca de él, aparecen otras construcciones que no en vano han sido denominadas como “La Ciudad” y “El Fuerte”. Y de hecho, también se han hallado otras pirámides a sólo 13 kilómetros de la gigantesca cara.

Tan sólo unas horas más tarde después de que el Dr. Owen descubrió el rostro en las imágenes de la Viking 1, el portavoz de la NASA, Gerry Soffen, convocó a la prensa para afirmar que “no es extraño que los juegos de luz y las sombras hagan estas cosas”.

Lo cierto es que tampoco se ha explicado satisfactoriamente porqué diversas sondas espaciales se han perdido en sus misiones al planeta rojo. Entre tantos ejemplos, puedo citar la desaparición de la Fobos 1 en 1988, e inclusive de la Fobos 2, lanzada sólo tres días más tarde desde la ex Unión Soviética. Aunque esta última sonda llegó sin problemas a Marte, de un momento a otro se le perdió el rastro. La última fotografía que tomó mostraba a un objeto tubular, según los cálculos de los científicos soviéticos, de 27 kilómetros de longitud, muy próximo a la luna Fobos de Marte. A Estados Unidos no le fue tan bien, pues en agosto de 1993, perdió a la Mars Observer, un proyecto que le había demandado a la NASA alrededor de 1.000 millones de dólares.

Sin ir muy lejos, a pesar de haber llegado sin mayor problema a nuestro planeta vecino, la Spirit dejó de transmitir información por unos días (?). Sin embargo se reanudó la comunicación, y allí apareció la discutida fotografía de lo que parece ser un objeto tubular surcando los cielos de Marte (marzo 2004). ¿Será el mismo que fotografió la Fobos 2, antes de desaparecer, en marzo de 1989?ÇUna aventurada conclusión. Pero todo es posible.

El enigma de Cydonia y las pirámides de Elysium permanece. Y si atendemos los incidentes ovni que han enfrentado nuestras sondas espaciales, deberíamos preguntarnos si existe alguna forma de vida inteligente desplazándose, atenta, en torno al planeta rojo.

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