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sábado, 25 de julio de 2009

MITOLOGÍA DEL VAMPIRO

Un vampiro es, según el folclore de varios países, una criatura siniestra que se alimenta de sangre de seres vivos para mantenerse activo.

En algunas culturas orientales y americanas aborígenes el vampiro es una deidad demoníaca o un dios menor que hace parte del panteón siniestro en sus mitologías.
En la cultura europea y occidental, así como en nuestra cultura global contemporánea, el prototipo de vampiro más popular es el de origen eslavo, y es el de un ser humano convertido después de morir en un cadáver activo o reviniente depredador chupasangre.


Orígenes del mito

Probablemente el vampiro presente en el folclore de muchas culturas desde tiempos inmemoriales, proviene inicialmente de la necesidad de personificar uno de los arquetipos primordiales en el inconsciente colectivo, según la concepción de Carl Jung, como es el denominado "sombra", que representa los instintos o impulsos humanos ocultos más primitivos, o nuestra faceta instintiva animal, y así sería la encarnación del mal como entidad o una representación del lado salvaje del hombre1 latente en su sistema límbico y en conflicto permanente con las normas sociales y religiosas.

Pero es posible que el mito, como es conocido en nuestros días, sea una combinación compleja de varios temores y creencias humanas ademas del temor a los bajos instintos, como son: la atribución a la sangre de ser fuente de poderío o vehículo del alma, el temor a la depredación y a la enfermedad o a la muerte y en consecuencia a su expresión más palpable como es el cadáver, así como a la fascinación temerosa por la inmortalidad.

Algunos estudiosos sugieren que el mito del vampiro, sobre todo el que se popularizó en Europa después del siglo XVII, se debe en parte a la necesidad de explicar, en medio de una atmósfera de pánico colectivo, epidemias que asolaron Europa causadas por enfermedades reales, antes de que la ciencia lograra explicarlas racionalmente (Ver:Vampiro y Medicina).


Etimología

La palabra "vampiro", que comenzó a ser usada en Europa en el siglo XVIII, viene de las lenguas eslavas (del alemán vampir, que se deriva del polaco temprano vaper y éste a su vez del eslavo arcaico oper; con raíces indoeuropeas paralelas en el turco y en el persa). Significa a la vez "ser volador", "beber o chupar" y "lobo", además de hacer referencia a cierto tipo de murciélago.


Sinonimia

Otros nombres son: brucolaco en castellano, vurdalak (ruso moderno), vrolok (eslovaco), strigoï o strigoiul (rumano moderno), vampir (búlgaro), vukodlak (serbio), upiór (polaco), upir (ruso antiguo) , nosferatu (del griego nosophoro (νοσοφορος), portador de enfermedad) vampyrus (latín) y Kyuuketsuki (吸血鬼) o Kuei-jin en japonés.

En escritos ingleses medievales en latín el vampiro era denominado como "cadáver sanguisugus".


Características y atributos

La descripción de estas criaturas varía de autor en autor y de mitología en mitología. La mayoría de atributos de un vampiro que forman parte del folclor contemporáneo y que a veces incluso contradicen la naturaleza primordial del vampiro tradicional original, proviene de la literatura, sobre todo de la novela Drácula y las películas basadas en ella, así como de los comics y videojuegos. por eso, de las siguientes características, solo algunas son las esenciales o comunes en el folclore general o como parte de las creencias de ciertas regiones, y otras inventadas por los novelistas y libretistas de cine o diseñadores de videojuegos.

* Fueron humanos mortales, pero ahora están en un estado intermedio entre la vida y la muerte, de ahí que se les llame no-muertos, revinientes o redivivos. Esta naturaleza determinaba su aspecto básico:

1. Según algunas culturas, un cadaver desenterrado era considerado vampiro si su cuerpo parecía hinchado y le salía sangre de la boca o la nariz. También si notaban que sus uñas, pelo y dientes eran más largos que cuando había sido enterrado e incluso poseía un aspecto más saludable de lo esperado, mostrando piel sonrosada y pocos o ningún signo de descomposición. En algunos casos, cuando se abrían las tumbas sospechosas, se podía encontrar que el cadáver tenía sangre fresca de una víctima manchando su cara.

2. En Transilvania (Rumanía) se consideraba que los vampiros eran flacos, pálidos, y poseían unas largas uñas.

3. En Bulgaria se les puede reconocer por poseer un solo agujero en la nariz.

4. Según algunas culturas, tienen la posibilidad de transformarse en insectos, murciélago, rata, lobo o en niebla. La forma más mencionada en la cultura popular es la del murciélago.

5. Poseen largos y puntiagudos caninos (colmillos) y su piel es muy pálida y fría.

* Se alimentan primordialmente de la sangre de sus víctimas aunque hay descripciones de que también son antropófagos y en algunas culturas se consideraba que la sangre no era la base de su sustento, sino el "fluido vital" humano, algo tan etéreo como el alma. Actualmente algunos autores denominan vampiros psíquicos o emocionales a los perpetradores de acoso laboral o mobbing.

* No se reflejan en los espejos ni tienen sombra, tal vez como una manifestación de la carencia de un alma. Este atributo no es universal, pues por ejemplo el vampiro griego vrykolakas/tympanios poseía tanto sombra como reflejo, pero es muy popular gracias a novelistas como Bram Stoker que lo menciona en su novela Drácula.

*No toleran el ajo. En algunas tradiciones, también pueden ser alejados con rosas silvestres.

* Los vampiros por su naturaleza demoniaca no soportan los símbolos cristianos y por ello pueden ser alejados usando una cruz cristiana o con agua bendita y no pueden cruzar por terrenos consagrados como los de una iglesia.

* Son indestructibles por medios convencionales y son extremadamente fuertes y rápidos pero se debilitan junto a las corrientes de agua.

* Aunque en general se supone los vampiros son vulnerables a la luz del sol, en algunas culturas se decía que no solo pueden resistir la luz del sol, sino que en algunos casos podían viajar a otro pueblo y llevar allí una vida normal.

* Algunas tradiciones sostienen que un vampiro no puede entrar en una casa si no es invitado por el dueño; pero que una vez es invitado puede entrar y salir a placer.

* En algunas zonas de Europa del este, existe la creencia de que el vampiro es un ser lujurioso que vuelve al lecho conyugal y deja embarazada a su esposa. De esta relación nacía un niño de características especiales (que varían en cada región), que se conocía como dhampiro.

* Tienen una afinidad natural con la magia, en especial con la magia negra y concretamente la necromancia, siendo capaces de dominarla con mayor facilidad que el hechicero no vampiro más diestro.


Origen de un vampiro

En el conjunto de creencias populares se pueden distinguir unas formas básicas, a veces complementarias entre si, para que un ser humano se convierta en vampiro:

* Por predisposición desde el nacimiento: En Rumanía tenia mas posibilidades de ser un strigoi, el séptimo o duodécimo hijo cuyos hermanos mayores eran todos del mismo sexo. O tener unas marcas de nacimiento como el hueso sacro pronunciado, abundante vello corporal y haber nacido encapuchado, es decir con la cabeza envuelta en parte de la membrana placentaria, o haber ingerido parte de la misma.

* Por muerte prematura o violenta: En la antigua Grecia, al igual que entre ciertas culturas africanas y en Indonesia, se creía que los niños, adolescentes y en general las personas que habían tenido una muerte prematura o en circunstancias anormales, por suicidio o violencia, podían convertirse en fantasmas vagabundos o vampiros.

* Por incumplimiento de rituales funerarios y religiosos: En Rumanía también se creía que alguien se puede convertir en vampiro después de su muerte si los que se deben ocupar de preparar y vigilar debidamente el cadáver no cumplen bien su tarea y no impiden que un animal, especialmente un perro o gato, e incluso una persona pasen a sobre el mismo. Esta creencia es similar a la de los hindúes que consideraban los espíritus o Pitrs que se encuentran a la espera de reencarnar pueden convertirse en vampiros si nadie les recuerda y realiza los rituales funerarios de rigor conocidos como shraadh y que son para facilitar su reencarnación.

* Como maldición por acciones criminales o sacrílegas: En la antigua China también se creía que se convertían en vampiros ciertos criminales tradición similar a la existente entre los eslavos pues en Rusia se decía que los vampiros eran brujas o personas que se habían rebelado contra la Iglesia mientras estaban vivos, vendiendo su alma al diablo. A esta creencia ayudaron indudablemente los conceptos desarrollados por el cristianismo que, basados en la idea neoplatónica de la vida después de la muerte, fomentaron la idea de la corrupción del cuerpo y la supervivencia del alma hasta el día del Juicio Final, teniendo la posibilidad de acceder a este estado todos aquellos que murieran arrepentidos de sus pecados y que hubieran recibidos los últimos sacramentos.

Por las formas anteriores, en la Europa cristiana y especialmente entre los pueblos eslavos, todos aquellos que no fueran enterrados en tierra consagrada (en particular los suicidas y los excomulgados) y los que no hubieran recibido la extremaunción, tenían la mayor posibilidad de convertirse en espectros corpóreos vampiros o brucolacos.

Por mordedura de un vampiro: Según casi todas las tradiciones, especialmente entre los eslavos, aquella persona que moría después de ser mordida por un vampiro se convertiría a su vez en uno. Los escritores ocultistas aducen que esta manera solo es posible si hay aceptación por parte de la victima. Los autores de literatura de ficción le han dado a esta manera una connotación sexual muy intensa, siendo muy atractiva para sus propósitos dramáticos.


Identificación del vampiro

Existen numerosos y variados rituales que se utilizaban para identificar a un vampiro. Uno de los métodos descrito por el abate Calmet, citado por el padre Feijoo, para localizar la tumba de uno consistía en guiar a un muchacho virgen montado en un caballo también virgen a través de un cementerio; el caballo se negaría a avanzar sobre la tumba en cuestión. Generalmente se requería que el caballo fuera negro, aunque en Albania era necesario que fuera blanco. Que aparecieran agujeros en la tierra sobre la tumba era tomado como un signo de vampirismo.

La comprobación mas socorrida consistía en la exhumación del cadáver sospechoso para verificar directamente si tenia las características tradicionales y destruirlo, practica que llegó a ocasionar numerosas profanaciones de tumbas.

Otra evidencia de la actividad de un vampiro en la localidad incluía la muerte del ganado, de familiares y conocidos. Algunos podían hacer evidente su presencia mediante pequeños actos similares a los de un poltergeist, tales como mover muebles de la casa.


Protección contra un vampiro

Prácticas preventivas

Existen muchos ritos tradicionales para evitar que un muerto se convirtiera en un vampiro. Entre los celtas el enterrar el cuerpo cabeza abajo era una de las más extendidas, como también colocar hoces o guadañas cerca de la tumba, para evitar que los demonios poseyeran el cuerpo o para apaciguar al muerto y que este no se levantara de su ataúd. Con igual propósito se acostumbraba cortar los tendones de las rodillas.

En el folclore de la Grecia moderna se pone una cruz de cera y una pieza de cerámica con la inscripción "Jesucristo conquista" sobre el pecho del cadáver para evitar que se convierta en vampiro o vrykolakas.

En Europa Oriental, era frecuente introducir un diente de ajo en la boca, y a veces en los nueve orificios corporales, de los muertos así como atravesárles el corazón con un objeto cortopunzante, antes de inhumarlos y en las regiones sajonas de Alemania, se colocaba un limón en la boca del sospechoso de ser un vampiro.

Otros métodos que se practicaban comúnmente en Europa incluían esparcir semillas o arena en la tierra de una tumba sospechosa de contener a un vampiro para mantener al vampiro ocupado durante toda la noche contando los granos caídos. Historias chinas similares relatan que si un vampiro se encontraba con un saco de arroz, tendría que contar todos los granos uno a uno; es una temática que se puede encontrar en los relatos del subcontinente indio, así como en Sudamérica, sobre brujas y otros tipos de espíritus malignos o traviesos.


Talismanes, sustancias y objetos protectores

Variados objetos y sustancias son mencionados en las leyendas sobre vampiros por su efecto apotropaico, es decir por tener la propiedad de alejarlos o destruirlos, como el ajo o el azufre, así como un crucifijo, un rosario, o agua bendita. Los objetos varían de región en región; se dice que una rama de rosa silvestre o de espino puede dañar al vampiro y en Europa, esparcir semillas de mostaza en el tejado se decía que los mantiene alejados.

Aunque no se consideran como un objeto de protección, debido a que no se reflejan en ellos los espejos han sido utilizados para alejar a los vampiros cuando se situaban en una puerta, mirando hacia afuera.


Destrucción de un vampiro

En los Balcanes, existía el cazador de vampiros que podía ser un religioso o un dhampiro que según la tradición gitana es el hijo o descendiente de un vampiro con el poder de detectarlos, aunque fueran invisibles y destruirlos. Hasta principios del siglo XX, eran ofrecidos a los viajeros que iban a visitar Europa del este en particular, unos estuches o "kits" con las herramientas tradicionales para destruir vampiros y que ahora son propiedad de ciertos museos de curiosidades o de coleccionistas aficionados a lo esotérico.


Métodos:

* Clavar una estaca en el corazón de los cadáveres sospechosos de ser vampiros es el método más citado, particularmente en las culturas eslavas al sur. El fresno era la madera preferida en Rusia y en los estados bálticos, el espino en Serbia, y el roble en la región de Silesia. La estaca solía clavarse apuntando a la boca en Rusia y en el norte de Alemania, o al estómago en el noreste de Serbia. Atravesar la piel del pecho era una manera de "desinflar" al vampiro hinchado; es similar al acto de enterrar objetos afilados, como hoces, junto al cadáver, de forma que penetrara en la piel si el cuerpo se hinchaba lo suficiente mientras el cuerpo se transformaba en un no-muerto.

* Clavar la cabeza, el cuerpo o las ropas del vampiro para evitar que se alzara. Los gitanos clavaban agujas de hierro y acero en el corazón del cadáver y colocaban pequeños fragmentos de acero dentro de la boca, sobre los ojos, en las orejas y entre los dedos durante el entierro. También introducían espino en el calcetín del muerto, o le clavaban una estaca de espino en las piernas.

* La decapitación era el método preferido en las áreas germanas y eslavas del oeste, enterrando la cabeza junto a los pies, tras las nalgas o alejada del cuerpo. Este acto se veía como un modo de acelerar la marcha del alma, que, en algunas culturas, se creía que permanecía en el cuerpo.

* La incineración completa del cadáver y rociar agua hirviendo sobre la tumba eran medidas adicionales frecuentes. También , sobre todo en casos recalcitrantes, se desmembraba el cuerpo y se quemaban las partes, se mezclaba las cenizas con agua y se suministraban a los familiares a modo de cura.

* Repetir el funeral, rociando agua bendita sobre el cadáver, o con un exorcismo era una medida frecuente en los Balcanes.

* Disparar una bala a través del ataúd, y colocar un ajo en el interior de la boca, eran precauciones que se tomaban en Rumania hasta una época tan reciente como el siglo XIX.


Historia de los vampiros

Si bien existen sugerentes mitos en todas las civilizaciones de la Antigüedad, desde Egipto a Sumeria, la primera referencia histórica del vampiro se encuentra en la obra de Lucio Apuleyo, un escritor y filósofo romano, que vivió entre los años 125 y 180. Su novela El asno de oro cuenta la historia de dos hermanas malignas, Meroe y Panthia, que bebieron la sangre de un tal Sócrates (ninguna relación con el gran filósofo griego). Las hermanas cerraron las heridas de Sócrates con una esponjilla para que éste no se diera cuenta de la pérdida de sangre, pero cuando al día siguiente se inclinó para beber agua de un río, la esponjilla se cayó al agua, y tras ella la última gota de vida.


Los vampiros en la Antigüedad

En Mesopotamia se invocaba a los dioses protectores para que acabaran con los Utuhu y a los Maskin, seres muy similares a los vampiros que eran los culpables de las enfermedades y las pestes, por parte del pueblo. Estos seres junto con las huestes de Alal y Telal, pueden considerarse como antecesores de los vampiros.

En el Antiguo Egipto encontramos deidades vampíricas como Srun, caracterizada por tener aspecto de lobo y largos colmillos. Solían alimentarse de los cuerpos de sus víctimas humanas. Los fenicios tenían la creencia de que la mortandad de niños era debida a los ataques de Lilitu, espectro errante que se alimentaba de la sangre de los infantes. Se hicieron exorcismos para devolver a los chupasangres (también llamados chtonios, "amigos de la sangre") a sus tumbas.

En el judaísmo uno de sus arquetipos míticos es Lilith, la primera mujer de Adán, de quien se decía que, entre otras cosas, se alimentaba de la sangre de los niños no circundados y es inspiradora de muchos personajes de vampiresas seductoras en la ficción por su acentuado carácter sexual.

Kali Ma, en la India era una diosa sanguinaria y feroz, con cuatro brazos y una larga cabellera. Se le ofrecían sacrificios humanos en los que la sangre era el elemento principal. Otros seres eran los butchas.

En América, el pueblo amerindio Mapuche tiene entre sus creencias la existencia de un ser vampírico conocido como el Pihuychen que atacaría principalmente a animales, pero también a humanos. Igualmente creían en la existencia de una criatura vampírica acuática conocida como Trelke-wekufe (El cuero). Posteriormente ambos seres formarían también parte de la tradición chilena. También los Aztecas creían en un ser vampírico conocido como Civatateo que atacaba a los niños que después morían de una extraña enfermedad. También se dice que atacaba en las noches y especialmente en los cruces de caminos. También en la cultura Maya se creía que el guardian de Xibalba era un murciélago con rasgos humanos llamado Camazotz que decía arrancaba las cabezas de los extraños.

Ya en Europa, más concretamente en la mitología de la antigua Grecia, está la leyenda de Lamia, hija del rey oriental Belus y cuyos hijos fueron asesinados por la diosa Hera al conocerse que Lamia tuvo un romance con Zeus. Para vengarse, Lamia comenzó a perseguir a todos los niños que se encontraba para extraerles la sangre para alimentarse. Esta leyenda originó la superstición que persistió en las zonas rurales de la Grecia moderna, según la cualLamia atacaba a todos los viajeros extraviados, seducidos por la belleza de la "chupasangre". También en la mitología griega se encuentra el caso de Empusa, hija de la diosa Hécate, un ser con pies de bronce y monstruoso que podía transformarse en una bella mujer y conquistaba a los hombres para aprovecharse de su sangre. Además en la Hélade existían en sus leyendas las striges, deidades con rostro de mujer y cuerpo de pájaro que absorbían la sangre de los humanos mientras estos dormían. También existía un ser llamado Vrycolaka, que atacaba a su familia después de muerto.

Los romanos tenían a los larvae, no-muertos que no habían pagado sus crímenes en vida, y se vengaban de su estado esquelético y fantasmal absorbiendo la vida de los vivos.

En España, hacen parte del mito criaturas como las guaxas en Asturias, las guajonas en Cantabria y las meigas chuchonas en Galicia, todas ellas con un solo colmillo para succionar la sangre de sus víctimas, sobre todo niños.


El vampiro en la Edad Media

En la Edad Media, en los países de religión musulmana se hablaba de unos vampiros llamados gul, en el caso de ser varón, y gola siendo mujer, que se convertían en tales por haber tenido una muerte violenta. Estos seres tienen su aparición en uno de los relatos de Las mil y una noches llamado Honor de un Vampiro.

En la Saga Eyrbyggja que data del siglo XIII, sobre la colonización de Islandia, se cuenta como un jefe normando, Thorolf, regresa de su tumba para aterrorizar a la población hasta que su cadáver es incinerado.

La palabra upier (también como en polaco significa vampiro) llegó a utilizarse por primera vez en Rusia en el año 1047 para referirse a un príncipe ruso.

En 1190 Walter Map escribe De Nagis Curialium, en donde escribe hechos ocurridos por ataques vampíricos en Inglaterra. También recoge casos ingleses William de Newburgh en sus Chronicles, en 1196.

En España, en la región catalana del Alto Ampurdán (Gerona), se originó en el siglo XII una leyenda un poco olvidada pero que quizá sea la más importante sobre vampiros en la península Ibérica, y es la del Conde Estruch, Estruc o Estruga, un anciano caballero feudal, defensor de la cristiandad que vivió en el Castillo de Llers, destruido durante la guerra civil española, y quien se dice que murió asesinado y, como consecuencia de una maldición por su represión de las costumbres paganas que persistían en la zona, se convirtió en vampiro, aterrorizando mucho tiempo a los habitantes de la comarca, seduciendo también a jóvenes mujeres que quedaban embarazadas para dar a luz engendros monstruosos que morían al nacer.

Igualmente en una población catalana de la provincia de Tarragona, llamada Pratdip, nombre que en catalán significa “Prado del vampiro”, existe la leyenda de los “Dips”, unos perros vampíricos que asolaron la comarca y cuya figura aparece en el escudo de la población, así como en retablos de una ermita cercana dedicados a la patrona local, Santa Marina. En esa población existen también las ruinas de un castillo que la tradición oral local atribuye fue la morada de Onofre de Dip, otro señor feudal convertido en vampiro.

En Escocia existe una leyenda que se remonta al Reinado de Jacobo I en el siglo XV, sobre Swaney Beane quien conformó una salvaje e incestuosa familia de caníbales y vampiros que asoló la comarca de East Lothiam durante 25 años, hasta que fueron descubiertos en la cueva en que vivían y ajusticiados en Leith Walk.


El vampiro en la edad moderna

Desde comienzos del siglo XVIII los casos de vampirismo pasaron de las tradiciones populares a las publicaciones periodísticas y eruditas en Europa, que empezaron a informar y analizar casos específicos de los cuales el más emblemático es el de un hajduk serbio llamado Arnold Paole el cual motivó la inquietud de las autoridades del imperio austrohungaro que comisionaron a dos médicos militares autriacos, Flückinger y Glaser, la investigación la cual incluyó la exhumación y examen de su cadáver. El médico Johannes Flückinger, uno de los galenos que asistieron a la exhumación de Arnold Paole, publicó en Belgrado la obra titulada Visum et Repertum (1732). Ese libro, que circuló con profusión por Europa, popularizó el vocablo latino vampirus que no se empleaba con normalidad hasta entonces. El 13 de Febrero, el padre de Glaser, el vienés Dr. Johann Friedrich Glaser -a la sazón era corresponsal del diario Commercium Litterarium de Nüremberg- remitió al periódico una carta describiendo el caso tal y como se lo relató su hijo mediante una misiva fechada el 18 de Enero. La historia generó gran interés hasta el punto que tanto el informe de Flückinger como la carta de Glaser -en especial el primero- fueron reproducidos en numerosos tratados (Ver El vampiro en la literatura) y artículos lo cual contribuyó a la propagación de la creencia en vampiros entre los europeos cultos. El informe médico que dio origen a la leyenda se explica hoy día por la poca comprensión que se tenía en la época sobre el proceso de descomposición de los cadáveres.

Gracias a las novedades que aportaba el llamado Siglo de las Luces, donde se vive el triunfo de la razón y el desprestigio de las supersticiones, se trató de desvirtuar las leyendas sobre vampiros. En 1746 el padre benedictino Dom Augustin Calmet publicó su obra "Dissertations sur les apparitions des anges, des démons & des esprits et sur les revenans et vampires de Hongrie, de Boheme, de Moravie & de Silesie ..." con la cual paradojicamente propagó las leyendas y fábulas sobre los vampiros aunque su intención era desacreditar el mito con argumentos cristianos. Esta y otras obras que nacieron a la sombra de la Ilustración en contra del vampirismo como la Dissertatione sopra i vampiri (1774) del arzobispo de Florencia Guiseppe Davanzati, sólo consiguieron incrementar aún más la creencia en ellos.


El vampiro en la edad contemporánea

El caso de vampirismo ajustado a los cánones del mito, más famoso en tiempos recientes es posiblemente el incidente sucedido en 1892 con Mercy Brown fallecida a los 19 años a causa de tuberculosis en Exeter, Rhode Island, USA y cuya inhumación fue realizada ante el temor de que se haya convertido en vampiro siendo este un caso clásico en la mitología urbana de esta región de Nueva Inglaterra.


Personajes históricos relacionados con el vampirismo

Existen personajes reales cuyas actividades inspiraron la figura del vampiro mítico en el folclore contemporáneo, sobre todo el alimentado por la imaginación de novelistas.


Vlad Draculea

También conocido como Vlad III o Vlad Tepes, es un noble héroe nacional rumano que en el siglo XV luchó contra la invasión de los otomanos, famoso por la fiereza y crueldad de sus métodos y es el personaje que inspiró la novela "Drácula" de Bram Stoker.

Draculea significa hijo de Dracul que a su vez significa el dragón y que era un título del voivoda (príncipe) valaquio -la idea de que era transilvano es aportación de Bram Stoker- Vlad II Dracul, caballero de la Orden del Dragón, y padre de Vlad III, que es apodado Tepes ("Empalador" en rumano) por su método más famoso para escarmentar a su enemigos. Debido a su capacidad para expulsar a los turcos de Valaquia, por lo cual vivió en constante estado de guerra durante 1431 y 1476, y liberar la comarca de la delincuencia, se le considera un héroe nacional en Rumania y el salvador de Europa pues Valaquia junto con la vecina Transilvania, constituyen la puerta meridional de Europa que todo invasor procedente de Asia, tenía que pasar obligatoriamente si intentaba conquistar por el sur las fértiles llanuras del continente europeo. Michel Beheim, un juglar germánico, compuso en 1463 una canción con el título Von ainem wutrich der hies Trakle waida von der Walachei donde relataba la historia de Vlad Draculea. Beheim era súbdito del rey húngaro Matías Corvino, en cuya corte se refugió Draculea cuando tuvo que huir de su natal Valaquia.

La leyenda siniestra de Draculea, pudo surgir como mínimo desde 1460, cuando sus enemigos en el exterior y en el interior estaban convencidos de que Vlad disponía de poderes necrománticos, pues sólo así podía explicarse sus victorias militares. Pero en el siglo XX su figura ha tratado de ser reinvindicada.


Condesa Elizabeth Bathory

Llamada "La Condesa Sangrienta", este personaje vivió entre los siglos XV y XVI e inspiró a Sheridan Le Fanu para crear en 1872 a la protagonista de su famosa narración Carmilla.

Elizabeth, perteneciente a la alta aristocracia húngara y famosa en su época en Europa por su belleza, fue acusada de secuestrar en su castillo de Cachtice (en la actual Eslovaquia), a numerosas jóvenes doncellas vírgenes, nobles y campesinas, a quienes torturaba y desangraba hasta la muerte para obtener así sangre que usaba en sus baños y bebía (aunque esto último no se comprobara en el proceso), como parte de prácticas de magia negra en que era asistida por un séquito de brujas, bajo la creencia de que así se conservaría bella y lozana. Después de un corto proceso, ordenado e impulsado por el emperador Matias II y el palatinado, que finalizó el 7 de enero de 1611, mientras sus cómplices fueron torturadas y condenadas a pena de muerte en la hoguera, a Elizabeth por su condición aristocrática y la importancia política de su estirpe solo la condenaron a vivir emparedada en sus aposentos que fueron sellados para siempre y en los cuales uno de sus carceleros la encontró muerta en agosto de 1614.

En la actualidad se cuestiona la verdadera magnitud de sus crímenes, así como la validez o exactitud de las acusaciones y el carácter político de su proceso, cuyos archivos se conservan aun y son la fuente primaria de lo que se ha escrito sobre ella; pero en todo caso la condesa Báthory es una referencia ineludible en los estudios sobre el mito europeo del vampiro pues su historia se entremezcla con las leyendas relacionadas con el mismo.


Henry Fitzroy

Este personaje histórico inspiró a la escritora Tanya Huff autora de La saga de Sangre (Blood Ties) convertida en serie de televisión, el personaje del mismo nombre, un vampiro "bueno" que escribe novelas y se convierte en detective.

El personaje verdadero fue hijo bastardo de Enrique VIII, nombrado I conde de Nottingham y duque de Richmond y Somerset, y murió a la edad temprana, aunque no para la época, de 17 años, posiblemente de tuberculosis y aunque su muerte no está esclarecida no hay referencias históricas a actividades criminales o a vampirismo.


Gilles de Rais

Este aristócrata francés del siglo XV, que luchó en los años finales de la Guerra de los Cien Años junto a Juana de Arco, buscando en la sangre el secreto de la piedra filosofal torturó y dio muerte a unos 300 niños durante 8 años hasta que en el año 1440 fue capturado, procesado y ejecutado.


El vampiro en la ciencia

En el siglo XVIII y en el contexto de la Ilustración surgieron escritos críticos buscando desvirtuar el mito del vampiro. Voltaire dedica al tema, con su ironía característica, un aparte en su "Diccionario Filosófico" y Fray Benito Jerónimo Feijoo dedica igualmente con tono crítico al tema de "Vampiros y brucolacos" una de sus "Cartas eruditas y curiosas"(1774) a propósito del tratado escrito por un contemporáneo suyo, el fraile Augustin Calmet. Con el tiempo, diversos eruditos y científicos han tratado de explicar los orígenes del mito y explicar los fenómenos que lo componen a la luz de las ciencias exactas y sociales.


Vampiro y Zoología

La ciencia llama "vampiro" (nombre que le dio el naturalista Buffon en 1761) al murciélago hematófago conocido como Desmodus rotundus que habita en una amplia región de América, es de hábitos nocturnos y se alimenta de sangre de sus víctimas habitualmente de ganado bovino, equino o porcino a las cuales ataca mientras duermen, gracias a sus agudizados sentidos para localizarlas, acercándose a ellas volando, arrastrándose por el suelo o saltando, para morderles en los hombros, espalda, región perianal, en las patas, pezuñas, así como en la base de los cuernos o en las orejas.

Son murciélagos de un tamaño entre los 6 y los 9 centímetros y un peso de 25-40 gramos, de pelaje denso color café grisáceo, con cara aplanada y orejas pequeñas y puntiagudas, hocico corto y labio inferior en forma de V, con incisivos superiores anchos y filosos e inferiores pequeños, siendo los caninos largos, de punta aguda y borde posterior afilado. Este aspecto del murciélago hematófago inspira a los maquilladores y encargados de los efectos especiales en las películas ,las imágenes mas aterradoras o impactantes para presentar a un personaje que represente a un vampiro en aspecto mas bestial.


Vampiro y Medicina

De las ciencias es la medicina la que más ha intentado explicar y esclarecer los orígenes del mito del vampiro, no del cinematográfico o literario (cuya imagen depende de la imaginación de los novelistas y guionistas o directores); sino del vampiro folclórico que inauguró el tema.

En el siglo XVI la ola de superstición desatada hizo que surgieran obras como Los vampiros a la luz de la medicina (1749) de Próspero Lambertini (que llegaría al papado con el nombre de Benedicto XIV y desde donde siguió luchando contra las falsas creencias) o el Informe médico sobre los vampiros (1755) de Gerard van Swieten, médico y archidiácono de María Teresa de Austria, donde tras criticar el vampirismo y considerar poco frecuente aunque dentro de la normalidad los casos de incorruptibilidad de los muertos, desacreditaba a médicos y comisarios pues en muchas ocasiones y siguiendo sus indicaciones se realizaban sacrilegios, poniendo en entredicho el buen nombre del finado, violando tumbas y ultrajando cadáveres.


¿Enfermedades vampíricas?

El neurólogo español, Juan Gómez Alonso, propone una convincente explicación del mito a partir de ciertas enfermedades, que por sus síntomas y signos, así como por su impacto social, pueden servir para dar algún sustento científico a la leyenda del vampiro. sobre todo el de origen en el folclore europeo.


La Peste

Posiblemente las grandes epidemias de peste, (enfermedad infecciosa producida por la Yersinia pestis, transmitida por las pulgas de las ratas y otros roedores) sea la más factible para explicar en parte y en forma simple pero verosímil el origen del mito del vampiro. Precisamente este fenómeno también es descrito como trasfondo de la historia principal de un vampiro en obras cinematográficas como el Nosferatu de Murnau o de Herzog.

Durante el siglo XIV, especialmente en Prusia oriental, Silesia y Bohemia, para evitar el contagio, las víctimas de la enfermedad eran enterradas rápidamente sin constatar la muerte clínica. Muchos de estas victimas de enterramiento prematuro sufrieron por ello una larga y atroz agonía, infligiéndose heridas en su intento de escapar de su cárcel de madera. No es de extrañar, por tanto, que al abrir los ataúdes se encontraran al cadáver conservado y con manchas de sangre, lo que a falta de una explicación mejor estimularía la imaginación supersticiosa de la gente atribuyéndoles una condición de vampiros.

La ciencia también puede explicar la creencia en la afectación de los vecinos y familiares allegados al presunto vampiro. Las supuestas víctimas presentaban una severa palidez acompañada de intensa fatiga, cansancio y respiración entrecortada, síntomas y signos clínicos que sencillamente se pueden explicar con una enfermedad clásica, la anemia, un déficit en la cantidad o calidad de los glóbulos rojos de la sangre encargados de transportar el oxígeno a todo el cuerpo, trastorno que no siempre se debe a la pérdida de sangre, sino que hace parte también del cuadro de una desnutrición, muy frecuente en esa época ya sea por falta de adecuada alimentación por las propias enfermedades, o las carestías debidas a las guerras, cuando no por ayunos con motivaciones religiosas que tenían el objetivo de purgar los pecados y verse libre del peligro de la peste.


El carbunco

Es una enfermedad muy contagiosa de los animales producida por el Bacillus anthracis y que puede transmitirse al hombre, capaz de crear gravísimas epidemias) podría haber originado la sintomatología de la persona atacado por los vampiros. Los afectados presentan fiebre alta, sed intensa, convulsiones, afectación respiratoria y alucinaciones que se atribuyen a la falta de oxígeno, por lo que la sensación de asfixia por parte de la víctima podía ser expresada como el estrangulamiento a manos de un vampiro.


La rabia

La rabia, infección viral del Sistema Nervioso, es la enfermedad transmisible que científicamente explicaría adecuadamente el mito del vampiro, especialmente cuando su auge en Europa coincide con epidemias de esta afección durante los siglos XVI y XVII, en particular la ocurrida en Hungría entre 1721 y 1728.

* Es una enfermedad que se transmite a los humanos generalmente por mordedura de animales como perros, lobos y murciélagos, portadores habituales de la enfermedad y que en el folclore han sido relacionados con los vampiros. Un médico anónimo ya mencionaba en 1733 que el vampirismo era una enfermedad contagiosa de una naturaleza parecida a la que sobreviene tras la mordedura de un perro rabioso.

* La rabia , durante su periodo de incubación y fase preclínica (habitualmente entre 1 año y 3 meses), puede manifestarse con sensaciones anormales como parestesias o dolor en la zona de mordedura, y sintomatología inespecífica inicial (fiebre, pérdida de apetito, fatiga, depresión, temor, ansiedad y sueños angustiosos) semejando una progresiva transformación de la persona en un vampiro.

* En su fase clínica, como encefalitis y con una predilección del virus por afectar al sistema límbico (importante en el control de las emociones y la conducta), la rabia generalmente se caracteriza por un cuadro de "rabia furiosa" consistente en síntomas similares a los asignados a la figura folclórica del vampiro, como son: inquietud y agitación crecientes que pueden llegar hasta la agresividad, insomnio persistente y alteración del ritmo del sueño, y modificaciones de la conducta sexual expresadas como hipersexualidad. Debido a frecuentes espasmos musculares en el área facial, faríngea y laríngea, el paciente emite sonidos roncos y ahogados y se produce una retracción de los labios de forma que asoman los dientes como si fuera un animal. Una exaltación de los reflejos, puede causar accesos de furor maníaco frente a pequeños estímulos, como leves contactos, corrientes de aire, luz y ruidos, ciertos olores o excitaciones mínimas como ver su imagen reflejada en un espejo.

* El espasmo muscular y los reflejos anormales en faringe producen característicamente un rechazo del paciente al agua lo que se denomina hidrofobia, nombre por el cual se conoce también a esta enfermedad, causado por los intensos dolores al intentar tragar agua o simplemente con su visión (¿sería extrapolable al agua bendita?). Los problemas para tragar su propia saliva, causan que la misma se acumule y gotee de su boca formando espumarajos. Las pesadillas y las alucinaciones también suelen estar presentes en este tipo de cuadro florido de la rabia que generalmente es mortal.


La Porfiria

La porfiria y en particular el tipo de porfiria eritropoyética congénita o enfermedad de Günther , producida por una anomalía genética y hereditaria, se ha alzado con el título de "enfermedad de los vampiros"; pero, aunque curiosa y merecedora de estudio, no sirve para explicar las formas epidémicas del vampirismo debido a que es muy poco frecuente o escasamente diagnosticada.

La enfermedad se caracteriza bioquímicamente por una alteración genética de la actividad enzimática encargada de metabolizar las porfirinas pigmentos precursores del grupo Hemo componente de la hemoglobina que se encarga del transporte de oxígeno en la sangre y le da su característico color rojo. El resultado es una acumulación excesiva en los tejidos de estas sustancias, lo cual clínicamente se manifiesta en una serie de síntomas y signos y complicaciones que coinciden con ciertas características atribuidas en el folclore a los vampiros, como son:

* Fotosensibilidad: El depósito de porfirinas en la piel produce una hipersensibilidad a ciertas radiaciones del espectro solar (las de 400 nm de longitud de onda y en menor grado las de 500 a 600 nm), lo que desencadena un proceso de producción de peróxidos que, al liberar oxígeno atómico en los tejidos, provoca la destrucción celular, lo cual se manifiesta por un fuerte enrojecimiento cutáneo, así como agrietamiento y sangrado de la piel , formación de ampollas que se infectan fácilmente y formación de erosiones y úlceras que al cicatrizar dejan marcas y deformaciones en la zona afectada. Por otra parte, el organismo en un intento de proteger la piel del sol desarrolla un hirsutismo o crecimiento anormal del vello en la frente, pómulos y extremidades y en zonas inusuales como las palmas de las manos, característica que por ejemplo Bram Stoker incluye en su novela al describir por primera vez al conde Drácula.

* Deformidades faciales o "Facies vampírica": Se explicaría cuando las lesiones faciales son extensas y por su carácter recidivante se vuelven mutilantes, destruyendo los labios (que dejan la dentadura al descubierto, aparentando ser los dientes de mayor tamaño que el normal), así como los cartílagos de la nariz (mostrando frontalmente los agujeros nasales) o los auriculares (dando ocasionalmente un aspecto puntiagudo a las orejas). Igualmente, con la acumulación de porfirinas los ojos pueden aparecer de color rojizo y en los dientes aparece la llamada eritrodoncia por el depósito porfirínico en la dentina.

* Palidez extrema y ansiedad por la sangre: Por otra parte, los defectos en la producción de hemoglobina producen anemia con toda su sintomatología característica, de la cual es destacable la palidez general, tal y como se describe la imagen clásica del vampiro. Un tratamiento habitual de la anemia son las transfusiones de sangre o del grupo Hemo, que no sólo mejoran la anemia sino que frenan la producción de porfirinas y muchos atribuyen que por esa razón los pacientes tiene ansiedad por la sangre. Antiguamente la terapéutica médica para las anemias incluía beber sangre de otros animales, lo cierto es que los jugos digestivos la destruyen y para tener cierto beneficio y que pudiera absorberse una mínima parte del grupo Hemo, el paciente tendría que ingerir más cantidad que la que se necesita vía intravenosa.

* Intolerancia al Ajo: El Ajo, el cual es parte de los elementos clásicos para ahuyentar vampiros, se usa desde tiempos antiguos al atribuírsele propiedades antisépticas, antiparasitarias, expectorantes o hipotensivas. Recientemente algunos estudios sugieren que extractos del ajo producirían un bloqueo de la coagulación de la sangre al inhibir la agregación plaquetaria y uno de los elementos del ajo, el alquildisulfuro, por otra parte, podría destruir el grupo Hemo, todo lo cual podría aumentar el malestar de un paciente con porfiria causando una intolerancia.

* Disociación emocional o mental del paciente: Este tipo de porfiria no trastorna, curiosamente, la sensación de bienestar del enfermo, aunque por el tipo de vida al que se encuentra sometido es frecuente que se alteren las facultades mentales, lo que podría explicar las obsesiones y crueldades que se atribuyen a los vampiros.

* Prevalencia entre grupos familiares: Aunque la teoría porfírica del vampirismo no explica bien las epidemias de vampiros, si se ha intentado asociarla al mito por su prevalencia entre grupos poblacionales cerrados o entre familias dado el mecanismo de transmisión genética, basándose en que en la sociedad feudal era frecuente el derecho de pernada feudal, lo cual supone una transmisión del material genético del noble o señor feudal afectado de porfiria entre las familias de sus siervos o del pueblo llano, por lo que se podrían producir varios casos en un mismo periodo y con relativa frecuencia, explicando además los casos de vampirización dados en el entorno familiar del supuesto vampiro original. Por otra parte, entre las diversas variedades de la porfiria (especialmente en las variedades aguda intermitente, variegata y coproporfiria) puede desencadenarse una crisis por la ingesta de alcohol o incluso por el estrés intenso (situación que se crearía con relativa facilidad en el ámbito supersticioso y aterrador de la creencia en los ataques vampíricos.


Enfermedades psiquiátricas

La atracción patológica por beber sangre humana ha sido la causa de que en las historia se registren muchos casos de personajes reales con conducta vampírica, cuya compulsión solo ha podido ser explicada psiquiátricamente al no encontrarse un sustrato infeccioso o somático como en las enfermedades antes descritas.

Psicosis y esquizofrenia son los diagnósticos más frecuentes de los psiquiatras forenses y expertos en criminalistica para explicar la conducta vampírica de los personajes reales que su mayoría han sido asesinos seriales, desde el caballero Gilles de Rais, pasando la condesa Erzsébet Báthory antes descritos, y terminando en los criminales contemporáneos que han ocupado la primera plana de los periódicos en nuestros días.

Recientemente nuevas propuestas de clasificación de los trastornos mentales relacionados con la sexualidad, como las parafilias, asignan al vampirismo una categoría particular, deslindando este trastorno o diferenciándolo de otras filias como la necrofilia o el sadismo, para explicar o describir mejor la conducta de ciertos criminales caracterizados por sus actos motivados por el placer libidinoso derivado de la vista, contacto o bebida de sangre de sus víctimas.


Medicina forense: Explicación científica de los vampiros

Comúnmente, cuando en una aldea o pueblo corría el rumor de una "epidemia vampírica", consistente en alguna de las enfermedades descritas antes, la gente desenterraba o exhumaba los cadáveres días después de su funeral, para corroborar que, efectivamente, no se "hubiesen convertido en vampiros" y descansaran en paz.

Tras un tiempo de estar sepultados, como parte del natural proceso de putrefacción y fermentación. dadas las condiciones de temperatura, humedad y nutrientes adecuadas, en especial en los pulmones y en sistema digestivo de algunos cuerpos se desarrollan una gran cantidad de bacterias y esporas productoras de gases que se acumulan en los tejidos. En el momento en que un cuerpo era exhumado, y se intentaba manipularlo o clavar una estaca en su pecho, por la presión ejercida sobre los pulmones, el cuerpo puede exhalar una especie de "suspiro" o grito, que sería en realidad un escape de estos gases, y tal fenómeno hacía pensar a los exhumadores que el cadáver era efectivamente una criatura activa, es decir un vampiro, y que la estaca había dado fin a la existencia del mismo.

Esta labor de exhumación, en la cual participaban sacerdotes, autoridades de las aldeas e incluso los familiares del difunto, era temida ya que mucha gente sufría enfermedades serias por la inhalación del gas producto de la fermentación o descomposición orgánica cargado de bacterias que brotaba del cadáver al ser manipulado.


El vampiro en el arte

Literatura académica o erudita.

Los escritos que intentan compilar y analizar racionalmente el tema con argumentos filosóficos, teológicos y científicos, aparecen en Europa en los siglos XVII y XVIII cuando varias oleadas vampíricas (probablemente incidentes de epidemias e histeria colectiva) barrieron numerosos países de Europa Oriental. Esto produjo un interés generalizado en el tema, que llegaría a ser comentado por escritores de la talla de Voltaire, Descartes y Rousseau o el padre Benito Jerónimo Feijoo.

Quizás el primer tratado o libro de ensayos publicado en Europa sobre vampiros fue el titulado "Conceptos racionales y cristianos sobre vampiros o chupasangres" escrito en 1733 por Johann Christoph Harengerg filósofo, teólogo e historiador alemán. Pero uno de los autores más reconocidos sobre el tema fue el monje benedictino francés Dom Augustin Calmet (1672-1757), abad de Senones, destacado exégeta e ideólogo de la Inquisición que escribió, entre otras muchas obras, un libro titulado El Mundo de los Fantasmas que incluye el ensayo titulado Negociación y explicación de la materia y características de los Espíritus y los Vampiros, y así de los retornados de la muerte en Hungría, Moravia, etc. Con esta obra, Calmet realizó la primera diferenciación clara entre los vampiros, por una parte, y los demás espíritus y demonios, por otra, y plantea si el vampiro está realmente muerto, o mediante qué mecanismo es capaz de escapar de la tumba, y qué clase de energía mueve su cuerpo, llegando a conclusión de que, a pesar de su naturaleza maligna, los vampiros son seres creados por Dios. Igualmente el abad señala que el mero hecho de ser pagano no era causa suficiente para convertirse en vampiro, pues de lo contrario los romanos y griegos, que adoraban a dioses paganos, se habrían transformado todos en vampiros.

En 1820 el editor Chez Masson publicó en Paris "Histoire des vampires et des spectres malfaisans: avec un examen du vampirisme" de autor anónimo pero que algunos atribuyen al famoso escritor ocultista francés Collin de Plancy y en el cual se propone una visión racionalista del mito.

En Inglaterra el tema del vampirismo fue tratado en “The Vampire. His Kith and Kin” (1928) y en El Vampiro en Europa (1929) por Montague Summers, quien realiza estudio sobre el tema y describe un recorrido de la presencia vampírica a lo largo de la historia, desde la Antigua Grecia hasta la época moderna, a través de los diversos países de Europa.


Literatura de ficción

Los relatos literarios sobre vampiros proliferan prácticamente a partir del siglo XIX en medio de la corriente literaria del momento, es decir el romanticismo. En 1816, el poeta inglés Lord Byron pasaba unos días en las orillas del Lago Leman (Suiza) junto a un amigo, el médico John William Polidori. Mientras se hallaban en medio de una fiesta con el reconocido poeta Percy Shelley y su última mujer, Mary, se desató una tormenta alpina, y se vieron obligados a permanecer en el interior de la casa, contando historias de miedo. En un determinado momento varios de los presentes se retaron a escribir la mejor historia de terror y misterio de todos los tiempos. Mary Shelley empezó en ese momento a escribir su famosa novela Frankenstein, un mito mefistofélico de nuestro tiempo; Byron escribe el poema épico The Giaour, en el cual ya está presente la combinación del horror y de la lujuria que el vampiro siente y el concepto de los no-muertos que pueden pasar su maldición a los vivos, pero no llegó a completar la obra. Su amigo Polidori lo incluye en su obra titulada El Vampiro, un Cuento, novela publicada en 1819 y cuyo protagonista el «señor Ruthven», está inspirado en el propio Byron. Una secuela no autorizada de esta novela es llamada Lord Ruthwen ou les Vampires (1820) del autor francés Cyprien Bérard, pseudónimo de Charles Nodier, que la adaptó en el primer melodrama de vampiros teatral.

Entre 1845 y 1847 aparece en Londres Varney the Vampire or The Feast of Blood, folletín victoriano de horror gótico, cuyo autor no está plenamente identificado pero se atribuye sea James Malcolm Rymer o Thomas Preskett, ambos muy prolíficos y conocidos en ese campo de los llamados "Penny Dreadful" (folletín escabroso).

La novela gótica más famosa sobre vampiros sin duda es Drácula, del escritor irlandés Bram Stoker, publicada en 1897, cuyo protagonista personifica la fascinación de lo prohibido y es una figura simbólica clásica de la sexualidad reprimida, caracteristica de la sociedad victoriana en la que el autor vivió.

La más importante revisión literaria del mito del vampiro después de Drácula, se produjo a finales del siglo XX, cuando la escritora norteamericana Anne Rice publicó las Crónicas Vampíricas, una trilogía compuesta por las novelas Entrevista con el Vampiro, Lestat el Vampiro y la Reina de los Condenados, que después, dado su enorme éxito comercial y cinematográfico, ha continuado con secuelas como Memnoch el Demonio y Armand el Vampiro. Los vampiros concebidos por Rice son seres de ficción adaptados al gusto de las sociedades contemporáneas, totalmente carentes de la maligna crueldad sin remordimientos de sus antecesores literarios y de los personajes reales que los inspiraron; mostrándose como unos entes elitistas, posmodernos y confusos, sólo un poco pervertidos, con sentimientos de culpabilidad y humanizados, aptos para todos los públicos, sumergidos en el pensamiento filosófico de la Nueva Era sin representar la maldad y bestialidad en estado puro que, en todas las culturas y civilizaciones, caracterizan la figura del vampiro mítico tradicional.

Un escritor británico, Brian Lumley, desarrolló otra aportación al género literario de vampiros. En su serie del Necroscopio (las Crónicas Necrománticas) narra los enfrentamientos de su protagonista contra diversos seres de naturaleza vampírica; pero se desmarca completamente de las convenciones y tradiciones del mito, y los presenta como parásitos, que se sirven de los humanos y animales para sobrevivir, mejorando biológicamente a su hospedador otorgándole poderes sobrehumanos, mientras va sustituyendose su personalidad.

En 2005 aparece otra saga sobre Vampiros modernos escrita por Stephenie Meyer, caracterizada por una gran carga romántica y protagonizada por Edward Cullen, un vampiro que se quedo en la edad de 17 años y Bella Swan, una adolescente normal. (Ver artículos principales de Crepúsculo (novela) y sus secuelas Luna Nueva (novela), Eclipse (novela), Amanecer (novela)) y Sol de medianoche (novela).


... Gracias al infinito conocimiento de la Wikipedia

viernes, 25 de julio de 2008

ROSWELL 1947


En la noche del 2 de julio de 1947, una fuerte tormenta sacudió una zona situada a 120 km. al noroeste de Roswell, cerca del pueblo de Corona, en el estado de Nuevo México. Para Mac Brazel, capataz del Foster Ranch, los ruidos que oyó esa noche tenían mayores resonancias que los asociados con las tormentas usuales de la región. El día siguiente, Brazel y un vecino emprendieron viaje a caballo para verificar cuál de sus campos había recibido la lluvia, de modo que su ganado pudiera alimentarse en los nuevos y verdosos pastos.

EL HALLAZGO
De repente, Brazel llegó a un lugar lleno de escombros. Trozos de metales brillantes y opacos se encontraban esparcidos. Recogiendo algunas de las piezas, el hacendado comprendió que el metal mostraba extrañas características. Si bien era delgado y liviano como el papel, el material era tan fuerte que resultaba imposible doblarlo o romperlo. El domingo 6 de julio, con las muestras de los escombros en la mano, el hacendado se dirigió hacia Roswell para mostrar su hallazgo al aguacil y explicarle lo ocurrido. El aguacil George A. Wilcox llamó rápidamente al aeropuerto militar de Roswell y el personal de seguridad respondió inmediatamente.

LLEGAN LOS MILITARES
Apenas llegaron los militares examinaron las piezas que Brazel había traído y procedieron a entrevistarlo. El personal militar que se presento estaba compuesto por el Cnel. William Blanchard, el mayor Jesse Marcel y un agente de contraespionaje. Por orden de Blanchard, tanto Marcel como el agente escoltaron a Brazel de regreso a la hacienda. Entretanto el coronel Blanchard notificó al comando superior y envió las muestras al aeropuerto militar de Fort Worth para su examen.

El lunes 7 de julio, Brazel y sus acompañantes fueron al lugar del accidente. El campo de escombros, como lo describe el oficial de inteligencia aérea J. Marcel, tenía 1,2 km. de largo y entre 60 y 90 m de ancho. “Nosotros procedimos a recoger las piezas. Muchas de ellas tenían números y jeroglíficos, difíciles de leer. Nada del material estaba quemado. Trate de quemar el metal pero era imposible encenderlo. Se parecía al papel de estaño de un paquete de cigarrillos. Traté de hundirlo con un mazo de 16 libras y no lo logré. El general Ramey me advirtió que debía guardar silencio acerca del choque”. Los dos agentes de inteligencia pasaron el día recogiendo los escombros que podían encontrar; cargaron todo en la parte trasera del jeep de Marcel y se lo llevaron a Roswell. Temprano al día siguiente se envió guardias a toda la zona y mandó a bloquear el acceso a la misma.

COMUNICADO DE PRENSA
El oficial de Información Pública Walter Haut, emitió un comunicado de prensa acerca del choque que conmovió al mundo. “Como oficial de relaciones públicas, para la base del 509 Grupo de Bombarderos, recibí una llamada del comandante, Cnel. William Blanchard. Me dijo muy específicamente lo que deseaba que se dijera en el comunicado de prensa: el hecho que poseíamos restos de un platillo volador estrellado a unos 120 km. al noroeste de Roswell, y que las piezas habían sido traídas a la oficina del aguacil por un hacendado de la región. También me dijo que el mayor Marcel, máximo oficial de inteligencia de la base, llevaría el material al Campo Aéreo Fort Worth, del Ejército, y se lo entregaría al brigadier general Roger Ramey, nuestro comandante superior. Blanchard también dijo: Asegúrese de llevar la declaración en la mano. Entréguela a todos los medios de comunicación”.

EL ENCUBRIMIENTO
“A la mañana siguiente cuando recogí el periódico, ví que el gral. Ramey de Fort Worth había retractado todo el incidente. Decía que se trataba de un globo meteorológico. Luego averigüe que el capitán “Pappy” Henderson había trasladado algunos de los materiales a Fort Wort. En 1950, el mayor Marcel me dijo que el material había llegado a las oficinas de Ramey y desde allí había sido transferido. Un globo meteorológico fue puesto en su lugar, Marcel me dijo que el material que él había traído no era el que vieron los medios de comunicación.”

CADAVERES EXTRATERRESTRES
Desafortunadamente para los militares, Barney Barnett, ingeniero civil que trabajaba para el gobierno federal, llegó de casualidad al lugar del accidente antes que las tropas. No solo Barney penetró al lugar, sino también un grupo de estudiantes y arqueólogos. Lo que ellos encontraron fue descrito en detalle por un amigo cercano de la familia Barnett, Vern Maltais, a quien Barnett le había confiado la historia. Según el amigo de la familia Barnett encontró un objeto metálico con forma de disco, de 7 a 9 metros de largo. Cerca de ahí, el ingeniero civil advirtió algunos cadáveres. Los describió como pequeños, tipo humanoide, de 1,2 m de alto con cabezas grandes y cuerpos delgados.

Cuando el ejército finalmente llegó al lugar del choque, se asombraron de encontrar civiles en la escena. Un oficial militar les dijo que se habían entrometido en algo que tenía ramificaciones con la seguridad nacional. Los civiles fueron juramentados y conminados a guardar secreto; se les dijo que era su deber patriótico mantener silencio. Poco después, los militares descubrieron los cadáveres. Más tarde el coronel Blanchard llegó al sitio y ordenó que los cuerpos fueran puestos en la parte trasera de un camión, que fueran cubiertos con un impermeable alquitranado y transladados al hospital de la base de Roswell. Pero ahí no terminó la historia de las entidades humanoides con grandes cabezas. Un individuo que estaba cuidando la puerta de entrada del aeropuerto militar reportó que un camión cargado con hielo seco entró tarde en la noche. El propósito del hielo era, posiblemente, el de preservar los cuerpos hasta el momento de emprender nuevos análisis. Los extraterrestres quedaron encerrados en un gran recipiente en uno de los hangares del lugar. Subsecuentemente, los recipientes llenos de escombros fueron llevados en avión al Campo Aéreo Fort Worth, del Ejército, para su estudio. Luego de ser empacados con hielo, los restos de los extraterrestres fueron enviados inicialmente a Fort Worth, y luego a Wright Field en Dayton, Ohio, donde con toda probabilidad pasaron un intenso análisis biológico.

EL CALVARIO DE MAC BRAZEL
El ganadero Mac Brazel y su familia no eran empleados del gobierno ni necesitaban de su aprobación para trabajar. La técnica aplicada en el caso de Mac fue directa e ilegal: fue llevado en custodia durante aproximadamente una semana, lapso en el cual se lo persuadió de que cambiara su relato. Se puede suponer que una combinación de amenazas, sobornos y apelaciones a su patriotismo lograron el fin deseado. Fue visto en las calles de Roswell varias veces durante su período de detención militar y sorprendió a sus viejos amigos al no saludarlos siquiera cuando se los cruzaba.

El 10 de julio, Mac fue llevado a la oficina del Daily Record de Roswell por Walt Whitmore, el dueño de KGFL, donde concedió una entrevista cuyo contenido guardaba poca similitud con su historia original:

“Brazel afirmó que el 14 de junio, él y su hijo de ocho años, Vernon, estaban a once o doce kilómetros de la casa de la hacienda J.B. Foster, que él opera, cuando llegaron a una zona cubierta de brillantes fragmentos formados por tiras de goma, papel plateado, un papel grueso y varillas. En ese momento, Brazel estaba apurado por terminar su ronda y no le prestó demasiada atención. Pero comentó en familia lo que había visto, y el 4 de julio, su esposa, Vernon y su hija Betty, de 14 años, volvieron al lugar y recogieron buena parte de los fragmentos.

”Al día siguiente escuchó hablar por primera vez de los platos voladores y se preguntó si lo que había encontrado no podían ser restos de uno de ellos. El lunes fue al pueblo a vender un poco de lana y, estando allí, visitó al sheriff George Wilcox y le dijo en tono confidencial que tal vez había encontrado un ‘plato volador’. Wilcox se puso en contacto con el campo de aviación Roswell. Entonces, el mayor Jesse A. Marcel y un hombre vestido de civil lo acompañaron de vuelta a la hacienda, donde recogieron los restantes fragmentos del ‘plato volador’ y fueron a su casa para tratar de reconstruirlo.

”Según Brazel, no pudieron reconstruirlo en absoluto. Trataron de hacer un barrilete con los fragmentos, pero no lo lograron y tampoco encontraron la manera de juntar las piezas. Después el mayor Marcel se llevó los restos a Roswell y eso fue lo último que supo del asunto hasta que estalló la noticia de que él había encontrado un ‘plato volador’. Brazel explicó que no lo vio caer del cielo ni lo vio antes de que se hiciera trizas, de manera que no sabía el tamaño o la forma que tendría originalmente, pero pensaba que podría haber sido tan grande como la tabla de una mesa. El globo que lo sostenía, si era así cómo funcionaba, debió tener unos tres metros y medio de largo (le pareció), midiendo la distancia por el tamaño de la habitación en que estábamos. La goma era de un color gris humo y estaba desparramada por una zona de unos 200 metros de diámetro.

”Cuando los fragmentos fueron reunidos, las hojas de estaño, el papel, la cinta y las varillas formaron un atado de unos noventa centímetros de largo y unos veinte de espesor, mientras que la goma formó un atado de unos cincuenta centímetros de largo por unos veinte de espesor. En total, calculó, los materiales debieron pesar algo más de dos kilos. En la zona no había signos de un metal que pudiera haber sido usado para un motor ni rastros de propulsores de alguna clase, aunque por lo menos una aleta de papel había estado pegada a hojas de estaño. No había palabras escritas en ningún lado, aunque sí letras en ciertas partes. En la construcción se había usado una considerable cantidad de cinta scotch y otra cinta con flores impresas en su superficie. No se veían hilos o cables, pero sí algunas perforaciones en el papel que indicarían el uso de algún adminículo para atar.

”Brazel dijo haber encontrado anteriormente dos globos de observación meteorológica en la hacienda, pero que lo hallado esta vez no se parecía en nada a ellos. ‘Estoy seguro de que lo que encontré no era un globo de observación meteorológica’, dijo. ‘Pero si encuentro alguna otra cosa, a menos que sea una bomba, les va a costar bastante lograr que diga algo’.”

Testigos presenciales están de acuerdo en que Brazel “no parecía el mismo” en el diario o cuando por el pueblo lo acompañaba personal militar. Pero aunque no fuera así, sus palabras hubieran sorprendido bastante en Roswell, aunque no se publicaron en otra parte. Mac deja en claro que conocía los globos meteorológicos y que ése no lo era: él había visto los restos en la hacienda, mientras que el general Ramey y sus colegas no. ¿Quién estaba más calificado para describirlos e identificarlos? Brazel también dijo que no había palabras escritas en ellos, pero los globos meteorológicos están bien marcados con el nombre y dirección del dueño, de manera que al caer puedan ser devueltos a cambio de una recompensa. Lo que sí dijo es que había letras en algunas de las partes, las cuales, obviamente, no podían juntarse para formar ninguna palabra.

Contra la teoría de que los restos pertenecían a algún tipo de “globo”, está el hecho de que estuvieran desparramados sobre una zona de más de 200 metros de diámetro. Un globo lleno de helio no puede explotar y tampoco puede chocar contra el suelo, esparciendo un montón de fragmentos. Y aun cuando fuera así, no hubiera habido suficiente material como para atraer la atención una vez desparramado sobre un área del tamaño de dos canchas de fútbol.

Y si esto no es suficiente para que resulte obvio que lo encontrado por Brazel no estaba relacionado con el globo que describió, recordemos que mencionó “una gran zona de brillantes fragmentos formados por tiras de goma, hojas de estaño, un papel grueso y varillas”. Y si pudo juntar todo en un par de atados relativamente chicos, ¿por qué los dos vehículos de Marcel y Cavitt sólo pudieron cargar una pequeña porción del total de fragmentos encontrados? Gran parte del resto de la historia contada por Mac Brazel el 10 de julio está en total contradicción con lo que se había dicho antes y con lo que más tarde pudo demostrarse bien: fechas, lugares y, por supuesto, la descripción de los diversos tipos de fragmentos.

Si bien no se encontraron pruebas de que el gobierno hubiera sobornado a Brazel para que cambiara su relato y luego se callara, alguna evidencia señala en tal dirección. En palabras de Loretta Proctor, su vecina más cercana: “Creo que ese mismo año se fue de la hacienda, mudándose a Alamogordo o Tidarosa, donde puso un depósito. Eso era antes de que la gente tuviera freezers en sus casas. El depósito era un gran edificio refrigerado... Uno compraba la carne, la cortaba y la ponía en unos armarios de los que tenía la llave; después la sacaba cuando quería. Creo que debió salirle bastante caro, y nos preguntamos cómo pudo instalarlo con sus usuales ganancias por la cría de ovinos”.

¿Vio Mac Brazel cuerpos de extraterrestres? Por cierto, él nunca afirmó haber visto cuerpos, pero cierta evidencia circunstancial sugiere que probablemente vio por lo menos uno, así como un montón de fragmentos. Si Mac no hubiera visto otra cosa que el tipo de material recuperado en la hacienda por Marcel y Cavitt, prácticamente los militares no hubieran tenido necesidad de tomar medidas tan extremas contra él. ¿Por qué tenerlo con custodia por una semana y luego posiblemente sobornarlo para que no dijera nada sobre asuntos aparentemente no tan graves? Ya había quedado registrado que él había visto una gran cantidad de fragmentos y, mientras lo escoltaban los soldados, concedió una entrevista periodística en la que afirmó claramente que los restos no pertenecían a un globo meteorológico. ¿Por qué los militares le dieron un tratamiento tan especial si todo lo que él sabía era ya de conocimiento público? Esa olla ya se había destapado, de modo que no había una razón obvia para que Mac fuera presionado hasta tal punto a fin de que cambiara su comportamiento.

Parece muy posible que lo hubieran llevado a sobrevolar la hacienda, que se extendía muchos kilómetros, en una misión de reconocimiento, ya que conocía esa tierra mucho mejor que los militares. De tal modo, pudo haber participado del descubrimiento de la parte principal del aparato, que según rumores habría aterrizado a unos cuatro kilómetros del campo donde estaban los fragmentos. Habría estado en un avión chico, como el aparato militar de enlace, de cuatro plazas, Stinson L-5, capaz de operar por encima de un terreno escabroso, y podría haber visto el plato volador en el suelo.

Si es correcta la información dada al civil Glenn Dennis, empleado de una empresa fúnebre, por el funcionario de la morgue de Roswell (que los cuerpos fueron encontrados a una distancia de uno a tres kilómetros del aparato accidentado), tiene sentido que hayan sido descubiertos desde el aire. Además, si es verdad lo que la enfermera le contó a Dennis (que los cuerpos fueron encontrados en pequeñas “cápsulas de escape” como las que él había visto en la parte trasera de unas ambulancias militares), probablemente no pudieron ser reconocidos como lo que eran desde el aire. Esto sólo pudo hacerse examinándolos de cerca, después de que un avión de observación los ubicara y aterrizara a corta distancia.

Brazel, un rudo cowboy a la antigua, murió en 1965 antes de que el mundo tuviera una pista de que había poseído el secreto más emocionante de todos los tiempos. Según su hijo, Bill Jr., Mac nunca sintió que hubiera hecho algo especial. Tropezó con el lugar, vio un montón de material extraño y eventualmente se lo contó al gobierno. Con las palabras de su hijo: “Mi padre encontró eso y me contó algunas cosas. No demasiado, porque la Fuerza Aérea le pidió que jurara que no le daría los detalles a nadie. Se fue a la tumba sin contárselo a nadie. Era un vaquero del Far West, y ellos no hablaban mucho. Mi hermano y yo acabábamos de luchar en la Segunda Guerra Mundial, él en el ejército, yo en la marina, y no es necesario decirlo: mi padre estaba orgulloso. Como me dijo él: ‘Cuando ustedes entraron en servicio hicieron un juramento, y yo hice un juramento de no hablar de este asunto’. La única cosa que nos dijo fue: ‘Bueno, hay un montón de material, en parte hojas de estaño, en parte madera, y algunas de las maderas tienen figuras japonesas o chinas’.”

Si eso fuera todo lo que Mac vio, ciertamente no hubiera sido necesario que el ejército le hiciera jurar que no hablaría. ¿No debía hablar de cosas que ya eran de conocimiento público?

Evidentemente, había algo más: tal vez... los cuerpos.

UN CAPITÁN Y UN SARGENTO
Bill Jr. estaba viviendo y trabajando en Albuquerque, más de 120 kilómetros al noroeste del Foster Ranch, pero regresó al enterarse de que su padre había sido llevado en custodia por el ejército y que no había nadie para cuidar de la hacienda:

“Yo cabalgaba hasta allí (el campo donde se encontraron los restos) una o dos veces por semana. Y cuando andaba por la zona, miraba. Así fue como encontré esos pedacitos. No más de doce fragmentos, tal vez ocho pedazos diferentes, pero sólo de tres clases: algo parecido a la madera balsa, algo al estilo del sedal de pesca de monofilamento, y un pedacito de... No era una hoja de estaño, no era papel plateado; un fragmento del tamaño de mi dedo. Una parte era como madera balsa: realmente liviana, de un color neutro tirando a castaño. Por lo que recuerdo, no tenía veta alguna. No se podía romper, aunque se doblaba un poco. No pude cortarla con mi cortaplumas. Tampoco pude romper el ‘hilo’. Me llamó la atención la, digamos, ‘hoja de estaño’; la recogí y la puse en el bolsillo de mi chaqueta. Pasados unos días, la puse en una cajita de cigarrillos. Cuando la metí ahí, la bendita cosa empezó a desplegarse y... ¡se aplanó! Después se me dio por jugar con ella. La doblaba, la arrugaba y, al soltarla, se desplegaba sola. Es muy extraño. No la podía romper.

”Yo estaba en Corona, en el bar, en la sala de pool: se juega al dominó, ahí es donde todo el mundo se junta. Y todos me hacían preguntas. Habían leído los diarios (esto fue como un mes después del accidente), y yo les dije: ‘Recogí algunos pedacitos’. ‘¿Y qué eran?’. ‘No sé’. Después, he aquí que se aparecen los militares (en la hacienda, uno o dos días después). El oficial a cargo, que se llamaba Armstrong, era un tipo realmente simpático. Trajo con él a un sargento (negro), también agradable. Creo que había otros dos hombres de uniforme. Me dijeron: ‘Tenemos entendido que su padre encontró ese globo meteorológico’. Les contesté que sí. ‘Y tenemos entendido que usted encontró algunos pedacitos, ¿no?’. Les dije: ‘Sí, tengo una cajita de cigarrillos con algunos, en el cobertizo de las monturas’. Y él (creo que era un capitán) me dijo: ‘Bueno, nos gustaría llevárnoslos’. Contesté: ‘Está bien’, y él sonrió y dijo: ‘Su padre nos entregó el resto del material y usted sabe... juró no hablar del asunto’. Luego me preguntó: ‘Bueno, ¿los examinó?’. Yo respondí: ‘Sí, lo suficiente como para saber que... ¡no sé que diablos son!’. Y él dijo: ‘Preferimos que no se hable más de esto’.”

Una vez más, el comportamiento de los militares contradijo las afirmaciones de que en la hacienda de ovinos no había ocurrido nada de importancia. Una vez más, la preocupación militar por la seguridad logró atraer la atención sobre algo que de otro modo hubiera pasado inadvertido. Los recuerdos que tiene Bill Brazel Jr. de su limitada participación en el incidente de Corona son claros y precisos. Aunque sentado tranquilamente en su sencillo hogar parece un hombre poco interesado en lo que pase más allá de su pintoresca tierra de origen, sus servicios en la marina y luego su empleo en una firma de exploración geofísica lo llevaron dos veces alrededor del mundo. Sus días de viajes y aventuras pueden haber quedado atrás, pero lo aprendido en esos años no ha sido olvidado. Tampoco olvida la sorpresa que le causó el comportamiento de los militares en aquel momento. Sólo alcanzó a ver unos pedacitos de los restos de lo que cayó en la hacienda Foster, pero la actitud de los militares al intentar recuperarlos lo convencieron de que lo que allí había caído no era un globo meteorológico.

Una ex vecina de Brazel, Manan Strickland, recordó en 1990 una visita que le hizo Mac a ella y a su familia una o dos semanas después de que los militares lo liberaran de su confinamiento. Mac, su esposo ya fallecido, Lyman, y varios de sus hijos estaban sentados a la mesa mientras ella preparaba el café. “Y escuché parte de la conversación: cuan desagradables eran los oficiales de la base aérea. Todo el vecindario estaba escandalizado de que los militares trataran así a la gente, a personas que tenían buenas intenciones. Aclaró que no podía referirse al material (que encontró en la hacienda). Él era un hombre íntegro y se sintió insultado y manipulado sin respeto alguno. ¡Estaba más que disgustado! Se encontraba muy tenso. Lo habían amenazado con que, si abría la boca, lo iban a meter en la cárcel”.

¿Y todo esto porque un capataz vio algunos fragmentos informes de un material de desecho? Según todas las probabilidades, había algo más. Aunque no haya un testimonio directo de que Mac vio cuerpos, el comportamiento de los militares apunta a ello.
EL MISTERIOSO SEGUNDO OVNI
Al mismo tiempo que se producían estos extraños sucesos en la hacienda al sudeste de Corona, algo todavía más raro ocurrió 220 kilómetros al oeste. De los diez o doce civiles que supuestamente vieron el segundo ovni accidentado antes de que los militares llegaran, sólo dos se mostraron dispuestos a hablar (uno de ellos murió desde entonces) y los restantes todavía están siendo buscados. La evidencia de este hecho se basa tan sólo en recuerdos de que algo muy poco usual ocurrió allí. Muchas reminiscencias, pero pocos datos específicos.

La primera clave de que algo había ocurrido en la parte occidental de Nuevo México fue proporcionada por Vern Maltais, a quien su amigo Grady Barney Barnett le describió la sorprendente escena. Fue Maltais y su esposa Jean quienes primero mencionaron este incidente a Stanton Friedman, después de una conferencia en Bemidji, Minnesota, en 1978. Según Maltais, Barnett estaba trabajando en el oeste de Nuevo México como ingeniero de campo del U.S. Soil Conservation Service cuando descubrió “un gran objeto metálico” clavado en el suelo, que era observado por un grupo de arqueólogos reunidos a su alrededor.

Como recuerda Vern Maltais, Barnett “notó que miraban unos cadáveres que habían caído al suelo, y que había otros en la máquina, que era una especie de instrumento metálico de alguna clase, como un disco que parecía estar hecho de acero inoxidable y se había abierto por una explosión o un impacto. Tenían un aspecto humano, pero no eran humanos. Las cabezas eran redondas y los ojos muy pequeños, y no tenían pelo. Los ojos estaban singularmente separados. Eran bastante chicos comparados con nosotros y sus cabezas eran mayores, en proporción con sus cuerpos, que las nuestras. Su ropa parecía ser de una pieza, de color gris. No se veían cierres, ni cinturones ni botones. Parecían ser todos hombres, y había una buena cantidad”.

Esto es, por supuesto, sólo lo que recuerda Vern Maltais de lo que Barnett le contó varios años antes. No son las palabras precisas que usó Barnett, porque éste murió en 1969, antes de que ninguno de los que entonces investigaban privadamente a los ovnis se enterara de su participación en el hecho, antes de que nadie supiera que una astronave se había accidentado en el oeste de Nuevo México, y antes de que nadie tomara seriamente las historias de tales accidentes.

En el libro The Roswell Incident, y luego en UFO Crash at Roswell, se sugiere que lo encontrado por Barnett era la parte principal del aparato cuyos fragmentos cayeron en la hacienda Foster cerca de Corona, y no otro aparato accidentado bastante más al oeste. En ausencia de un testimonio directo de Barnett, contamos únicamente con información de segunda mano, pero todo parece indicar que el incidente de Corona no está relacionado con éste.

James Fleck Danley, jefe de Barney, aclaró que el territorio de éste se extendía hacia el oeste de su oficina en Socorro, no hacia el norte o el este. Un diario que guardó la mujer de Barney, y que fue suministrado por su sobrina Alice Knight, demuestra que sus trabajos de campo se realizaban al oeste, en las “tierras altas”, en pueblos como Datil y Magdalena, y en haciendas de la zona de las Planicies de San Agustín. Todo esto queda al oeste, lejos de Corona.

Un ex vecino, Harold Baca, respondiendo a una carta que hizo publicar Stanton Friedman en el diario de Socorro, buscando gente que hubiera conocido a Barney, dijo que éste le contó sobre el plato volador accidentado “allá en las Planicies”. Y un viejo hacendado de la zona, el ya fallecido Marvin Ake, le dijo a Friedman que había oído hablar de “un plato volador accidentado allá afuera, en las Planicies”. Una administradora de correos retirada, residente en Datil, le habló a Friedman de un plato volador accidentado “allá lejos, en las Planicies”, que había sido trasladado de noche a través de Magdalena.

La afirmación de que Barnett encontró realmente un plato volador accidentado y cuerpos de extraterrestres es apoyada también por el testimonio de William Leed, un oficial de carrera. En una conversación reciente, Leed le dijo a Friedman que a comienzos de 1960, un coronel que conocía su interés por los ovnis le aconsejó que hablara con un hombre que había tocado uno: Barney Barnett. Mientras se encontraba en el sudoeste, Leed hizo un viaje especial para ver a Barnett. Si bien Leed estaba allí como ciudadano privado, Barnett le pidió sus credenciales militares. Después le contó lo que había visto y le dijo que por lo menos en tres ocasiones había sido interrogado por personal militar, quienes le habían recomendado enfáticamente que no hablara de su experiencia. Leed dijo que no tenía razón alguna para pensar que Barnett estaba mintiendo.

ANDERSON VUELVE A SAN AGUSTÍN
A pesar de los heroicos esfuerzos por encontrar otros testigos, durante una década prácticamente no se supo nada más sobre el accidente de San Agustín. Luego, en respuesta a la inmensamente popular emisión de tevé Unsolved Mysteries, en 1990, sobre el accidente de Corona, un hombre llamado Gerald Jerry Anderson llamó al productor para anunciarle que tenía más información que podía ser de su interés. El mensaje les llegó también a Kevin Randle y Stanton Friedman, que habían trabajado para la emisión y continuaban buscando otras pistas sobre el tema. Una discusión entre Anderson y Randle puso fin a esta relación, pero el nuevo testigo se entendió mejor con Friedman, que grabó una prolongada entrevista telefónica y comenzó una larga y compleja serie de maniobras dirigidas a obtener una copia del diario íntimo que supuestamente llevaba un tío de Anderson ya fallecido: Ted. A fines de 1990, Anderson y los autores viajaron a Planicies de San Agustín para ver si Jerry podía revivir sus experiencias de cuarenta y tres años atrás.

Llevado a la zona en helicóptero, Jerry saltó a tierra tan pronto como el aparato aterrizó, corriendo de inmediato a lo que él pensaba que era el lugar donde había visto el ovni accidentado y su tripulación de pequeños humanoides. La emoción, que no trató de disimular, creó una atmósfera de autenticidad: guió a los otros a puntos significativos del terreno, señalando, gesticulando y exclamando a medida que avanzaban. Todo sugería que finalmente había retomado al lugar donde algo traumático le había ocurrido a un chico de menos de seis años que ahora tenía una estatura de casi dos metros y 113 kilos de masa muscular, huesos, entrañas y cerebro en perfecto funcionamiento.

Las Planicies de San Agustín son una vasta zona llana en Nuevo México occidental, y alguna vez fue un gran lago que suministraba agua a tribus prehistóricas, cuyos antiguos artefactos son hoy estudiados por los arqueólogos. En el lado sudeste está Bat Cave, famoso sitio donde se descubrieron granos de maíz cuya antigüedad se calculó en 4.500 años, y los restos de la más primitiva agricultura conocida en América del Norte. Las Planicies están a unos 2.100 metros sobre el nivel del mar, rodeadas por los picos de Tularosa, Black y Datil Mountains, que llegan a 2.900 metros de altura. El aire es seco y claro.

En el extremo norte de las Planicies (en el lugar que los lugareños denominan “la playa”) se erige un grupo de veintisiete grandes radiotelescopios orientables, de veinticinco metros de diámetro, llamados Very Large Array. Se extienden veinte kilómetros a lo largo de cada brazo de una Y griega, por lo que es el mayor complejo radiotelescópico del mundo. Pero en 1947 no había radiotelescopios. Solamente montañas, caminos mal trazados, la ocasional casa rústica de una hacienda, la chatura de las Planicies y los picos rocosos. El Continental Divide, la espina dorsal de las Montañas Rocallosas, corre hacia el oeste. Y menos de 160 kilómetros al este está Trinity Site, donde se probó la primera bomba atómica del mundo en 1945. Las Planicies tienen noventa y seis kilómetros de largo y entre dieciséis y veinticinco kilómetros de ancho, y abundan las tradiciones, tanto antiguas como modernas.

Fue en este preciso lugar, y con la intención de buscar un tipo de roca llamada ágata musgosa, adonde llegó el pequeño Gerald Jerry Anderson con su hermano mayor Glenn, su tío Ted, su padre y su primo Victor, una calurosa mañana a comienzos de julio de 1947. Jerry y su familia acababan de mudarse a Albuquerque. A media mañana, después de avanzar por una angosta ruta todo lo que el terreno les permitió, detuvieron el auto. Caminaron entonces por el lecho seco de un arroyo. Los chicos corrían y saltaban ansiosos de aventura, a pesar del opresivo calor. Llegaron al final de una corta hilera de árboles que les habían bloqueado la vista hacia el oeste, y su mundo cambió para siempre, como lo describió Jerry más de cuarenta años después.

También hubo unos recién llegados: cinco estudiantes universitarios y su profesor, el doctor Buskirk. Habían estado trabajando en la excavación arqueológica de antiguos asentamientos indios en las rocas, a unos pocos kilómetros de allí, y habían decidido caminar hasta el lugar donde creían haber visto caer un enorme meteoro la noche anterior. Cuando llegaron, sus reacciones fueron muy semejantes a las de Jerry y sus parientes, primero con: “¡No puedo creer lo que estoy viendo!” y luego con perplejidad al darse cuenta de que no veían muñecos, sino seres vivos, aunque nadie supiera lo que eran. Y ahí estaba también ese extraño aparato, mientras Glenn y el resto seguían hablando de hombres de Marte y cosas por el estilo.

Esto es lo que cuenta Gerald Jerry Anderson sobre aquella tórrida mañana del ’47 en que jugaba a descubrir toda una mina de ágatas musgosas para volverse rico e irse a vivir a un pueblo más fresco que ese odioso Albuquerque:

“Estábamos como a unos cien metros de un extraño objeto circular y plateado que parecía haberse clavado en la tierra en ángulo, y a su alrededor ardían varios arbustos y dos o tres árboles se veían como cortados en dos, con los troncos quemados en la parte de arriba. ‘No sé si será un dirigible o qué, pero acá se estrelló alguna cosa’, dijo papá, olvidándose del posible aerolito. Y ya estábamos a menos de veinte metros cuando mi hermano Glenn gritó: ‘¡Es una nave espacial! ¡Son los marcianos!’. En ese mismo instante, todos empezamos a correr y a dar vueltas alrededor del disco plateado, hablando entre nosotros como si estuviéramos medio locos. Y de pronto yo sentí mucho miedo, porque vi a tres criaturas tiradas en el suelo, justo al pie del plato volador. Otra estaba al lado, como sentada, y al vernos se asustó. Dos de las que estaban tiradas, directamente no se movían. Había vendas, y una criatura tenía el brazo vendado. Me arrimé a otra de ellas y vi que tenía una venda en la cintura y otra más en el hombro. La que estaba sentada se puso de pie y me pareció que estaba ayudando a las demás con esas vendas. Una de las que estaba tirada justo al lado suyo respiraba con gran dificultad, y era evidente que sentía mucho dolor. Las otras dos, como dije, estaban inmóviles. En realidad, la única que se movía bien era la que al principio estaba sentada y que ahora retrocedía como si ante nosotros sintiera pánico. Claro, mi familia y yo emitíamos exclamaciones de sorpresa, y mi primo Victor era el más ruidoso: excitado, temeroso y confundido, saltaba de un lado a otro y se metía en todas partes. Mi hermano Glenn intentó sacarlo a los tirones de una rajadura que el disco tenía al medio, donde Victor ya había introducido la cabeza y luego, dispuesto a entrar, metió una pierna adentro mientras la otra colgaba afuera, quedando finalmente a caballito de la abertura. Entonces Glenn le pidió que no entrara porque la nave podía explotar, pero al final imitó a Victor, trepando a la rajadura y sentándose junto a él, con una pierna adentro y otra afuera del increíble objeto. Y yo me quedé ahí, mirándolo todo sin saber qué hacer.

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”Entretanto, papá y mi tío Ted se habían arrodillado junto a la única criatura que se veía físicamente sana (Nota del Editor: el relato no aclara por qué estaba ahí el tal Ted, aunque seguramente se tratara del padre de Victor, anfitrión de los Anderson, ni dónde estaba la madre de Gerald, presumiblemente en casa de Ted con la esposa de éste, preparando el almuerzo mientras los varones salían a pasear por el campo). Mi tío le hablaba en castellano, pero la criatura no respondía y, cuando alguno de nosotros se movía, parecía espantarse, porque retrocedía y levantaba sus manos al unísono, como protegiéndose de cualquier daño que pudieran hacerle. Aunque su uniforme tenía un par de roturas, se veía bien. Sus compañeras, en cambio, estaban muy malheridas y sus uniformes completamente destrozados, como si fueran soldados que volvieran de una terrible guerra. Y sin embargo no noté nada que se asemejara a la sangre. Lo que sí vi fue una caja como de metal cerca de la criatura viva. Pienso que sería un botiquín de emergencia, porque contenía las mismas vendas que cubrían los dos cuerpos inertes, que no mostraban deformidades ni nada parecido.

”No sé cómo me dejaron, pero toqué uno de esos cuerpos: no se movió, estaba muy frío. Y por la manera en que tenía los ojos, como mirando el vacío, me dio la impresión de que estaba muerto. A su lado, la única criatura caída que aún respiraba, aunque muy entrecortadamente, parecía tener mal una pierna, porque se le veía una fractura o algo así. Me pregunté por qué la criatura que estaba sana no tapaba los cuerpos de sus compañeras muertas, como en las películas. Hoy yo creo que nosotros tapamos a nuestros muertos porque nos da miedo mirarlos, pero en aquel entonces pensé que esa costumbre tenía sentido acá en la Tierra, pero quizá no en otro planeta. Y por un momento pensé que eran muñecos, no extraterrestres. Había algo irreal en esas criaturas, y no sólo en las muertas, sino también en la que caminaba asustada, reaccionando mal ante nuestra presencia.

”También recuerdo haber apoyado una mano contra el disco volador: estaba muy frío, como si fuera un refrigerador. Como estábamos en medio de un desierto y bajo un sol ardiente, todo hacía suponer que el objeto debería estar caliente, pero no: estaba helado, como si fuera invierno y uno tocara una superficie de metal. Otro raro detalle que retengo es que las áreas del terreno circundante donde puse la mano también estaban frías, mientras que más allá y a todo nuestro alrededor hacía muchísimo calor. Lo que digo, en realidad, es que cerca del disco la temperatura era sensiblemente inferior.

”Pero yo no estaba lejos de la criatura viva, tal vez a un metro apenas, y nunca me acerqué tanto como papá y mi tío, que seguían agachados frente a ella. De pronto, Ted estiró un brazo y le palpó el hombro, como si tratara de consolarla, y esa ves la criatura no retrocedió con temor, con las manos en alto, como antes. Miraba para todos lados y también a cada uno de nosotros, simultáneamente, como tratando de observar y entender a fondo la situación. Y quizá porque la comprendía es que estaba tan asustada. Se comportaba y movía como si fuera un gato rodeado de chicos traviesos, y aun cuando permanecía en calma era notorio que se sentía muy incómoda. A mí esa criatura me miró varias veces.

”Después volví al otro lado del disco porque Glenn y mi primo seguían allí. En realidad, quería saber qué hacía mi hermano, que ahora tenía las dos piernas adentro y estiraba la cabeza para ver qué contenía ese vehículo. Metió tanto la cabeza adentro que se lastimó la cara. Yo también pude ver las cosas que había adentro: parecían componentes electrónicos, como de propulsión, qué sé yo. Estaban todos conectados entre sí por unos cables que colgaban hacia afuera de la rajadura. Algunos de esos cables eran tan finos que volaban al viento como si fueran crines de la cola de un caballo. Tenían luces por todas partes, que titilaban y oscilaban, y cuando la brisa las movía parecían volverse de fuego. Algunas eran rojas y muy luminosas, y otras blancuzcas pero de intensidad fluctuante: por momentos difusas y por momentos brillantes. Adentro, en el centro de la nave y como impresos contra un fondo marrón, había algo así como jeroglíficos de color rosado. También había luces, unas de color verde y otras ámbar, que se apagaban y encendían.

”Claro que yo nunca llegué a meter la cabeza a través de la abertura tanto como mi hermano Glenn, porque él me dijo que adentro hacía mucho frío y que me bajara de ahí. Pero recuerdo que la rajadura sería como de unos tres metros de largo, que iba desde la parte más baja del disco hasta una especie de bóveda en la cima, y que tendría más o menos de un metro de ancho. Su forma era elípticamente vertical, como un doble paréntesis gigante, con la zona más amplía hacia el centro. Se veía como si algo hubiera reventado en el interior, abriendo y doblando el metal exterior, y dejándole bordes muy filosos. También sentí un olor muy fuerte, quizá similar al alcohol puro o algo así, lo que motivó que mi padre le insistiera a mi hermano que dejara de fumar porque corría el riesgo de provocar una explosión.

”En ese preciso instante apareció un grupo de cinco estudiantes universitarios con su profesor, el doctor Buskirk. Su nombre lo he olvidado, pero no por qué estaban ellos ahí: la noche anterior, a unos pocos kilómetros de allí, realizaban una excavación arqueológica y de pronto vieron caer lo que creyeron un meteorito. Entonces se largaron a inspeccionar la región y, al llegar, vieron exactamente lo mismo que mis familiares y yo. Sus reacciones fueron muy similares: primero se sorprendieron y después entraron en un estado de shock. Recuerdo que Buskirk le comentó a papá que él dominaba varios idiomas y que trató de comunicarse con el extraterrestre hablándole en todos ellos, aunque sin ningún éxito. Luego, el profesor intentó hacerse entender por gestos, pero ese esfuerzo también resultó inútil.

”Y entonces otro tipo apareció súbitamente. Yo había remontado la loma y estaba parado junto a los árboles y el plato volador, sobre una roca. Y apareció ese tipo en una camioneta, un modelo viejo con una antena flexible como las de la policía. Caminó hacia nosotros y yo lo encontré parecido a Harry Truman: tenía un aspecto realmente rudo, usaba anteojos, ropa de trabajo caqui y un sombrero de paja. En esos días, hasta los chicos sabían quién era Harry Truman: ¡había derrotado a los alemanes y a los japoneses! Este tipo se parecía a Truman, y se acercó y se puso a hablar con el doctor Buskirk y Ted y mi hermano y mi papá, y dijo haber visto a la cosa desde ‘la playa’. Había estado trabajando allí, y comentó que hacía mapas o algo así.”

En fin, todo hace suponer que este hombre era Barney Barnett.

LA LLEGADA DEL EJERCITO
“Entonces llegó el ejército. Quiero decir: llegó el ejército y empezó el terror. El que daba las órdenes era un pelirrojo autoritario y de malos modales, acompañado por un soldado negro que ejecutaba todo lo que su omnipotente superior le pedía. En cuestión de minutos, aquello se convirtió en una auténtica invasión. Rodearon toda el área y nos apartaron con las culatas de sus fusiles, ordenándonos a los gritos que no abriéramos la boca. A papá le dijeron que si llegábamos a hablar sobre el disco o las criaturas nos iban a buscar y enterrar vivos en el desierto. Y como papá tenía posibilidades de ingresar en la Sandia Corporation, nos dijo que no quería malograr sus antecedentes y nos pidió que les hiciéramos caso a los militares. Yo lo único que dije era que me moría de sed, pero me negaron agua y me gritaron que me fuera de allí. Desde el auto, mientras nos alejábamos, vimos a cientos de soldados a pie o en camiones, y también unos aviones que habían aterrizado en la ruta, que ya estaba cerrada al tránsito.”

La mayoría de los detalles sobre el aterrizaje violento de un aparato desconocido en San Agustín provienen de un hombre que sólo era un chico en el momento del incidente. Y se ha acusado a Gerald Anderson de inventar la historia del accidente y los cuerpos. En 1991, el Fund for UFO Research pagó un examen poligráfico (el famoso “detector de mentiras”) de Anderson. La American Polygraph Association recomendó a un experto residente en la zona, un hombre llamado Robert Riggs, reputado profesional y ex policía dedicado a los exámenes poligráficos durante más de diez años.

Primero, Riggs se reunió a solas con Anderson durante más de una hora para revisar la historia y una enorme cantidad de datos. Una nueva reunión de más de dos horas se dedicó al control de todos los aspectos del relato. Finalmente, conectó a Gerald al detector de mentiras e hizo sus preguntas clave. Al finalizar esta sesión, Riggs informó a Friedman no haber encontrado evidencia de engaño o psicopatología destacable, y que Anderson tenía una memoria sobresaliente.

EL CASO DEL FUNEBRERO
En el verano de 1947, Glenn Dennis era un joven empleado de una casa funeraria de Roswell, Ballard Funeral Home, y contaba con la preparación técnica necesaria para desempeñar sus funciones. Esta empresa tenía un contrato con el Roswell Army Air Field (Campo Militar de Aviación Roswell) para suministrarle servicios mortuorios. Dennis manejaba el coche fúnebre y la ambulancia, tanto en entierros civiles como militares. En muchas ocasiones lo habían llamado para que ayudara a la recuperación de los cuerpos en aviones militares accidentados y para preparar luego su embarque a la base. Dennis estaba familiarizado con la base aérea y “podía ir donde quería”. Fue esta facilidad de acceso a instalaciones de alta seguridad lo que le permitió ver y escuchar más de lo que debía.

En agosto de 1989, Dennis fue entrevistado por Stanton Friedman en Lincoln, Nuevo México, donde era gerente de un hotel turístico. Aunque la entrevista debió realizarse en medio de la tumultuosa celebración del día de Billy the Kid, Dennis pudo de todos modos transmitir la emoción que todavía le causaba su involuntaria participación en el incidente de Corona. Más tarde, en otras entrevistas, agregó mayores detalles.

La fecha era 9 o 10 de julio de 1947. Glenn Dennis todavía no estaba enterado del descubrimiento de extraños restos en la hacienda Foster y no había escuchado nada sobre cuerpos de extraterrestres. Sí había recibido varios llamados telefónicos un poco desconcertantes del oficial encargado de la morgue en Roswell, que era más un administrador que un especialista técnico familiarizado con la manipulación de cadáveres (humanos o no). El oficial quería saber sobre “ataúdes herméticamente cerrados: ¿cuál es el más pequeño que se puede conseguir?”, según Dennis.

“Después quiso saber cuáles eran las soluciones químicas que estábamos usando para las tinas y todo eso. Me preguntó sobre la composición química de la sangre, la descomposición de los tejidos, y qué les pasaba a los tejidos cuando los cuerpos quedaban al sol varios días. Esto es lo que resulta tan interesante. Vea, es por eso que siento que había algo raro, porque no querían hacer nada que pudiera producir... un desequilibrio. Todo el tiempo decían: ‘Muy bien, ¿qué es lo que esto puede hacerle al sistema sanguíneo, a los tejidos?’. Después, cuando me informaron que los cuerpos habían estado en el medio del campo, a mediados de julio, quiero decir que iban a estar tan oscuros como su blazer azul, además de descompuestos, yo les sugerí que [usaran] hielo seco... yo he hecho eso un par de veces.

”Hablé con ellos cuatro o cinco veces en la tarde. Volvían a llamarme haciéndome diferentes preguntas con respecto al cuerpo. Lo que realmente querían saber era cómo mover esos cuerpos. No me dieron ninguna pista de que tenían los cuerpos o dónde estaban. Pero seguían hablando del tema, hasta que al fin les pregunté: ‘¿Qué aspecto tienen los cadáveres?’. Me contestaron: ‘No sé, pero le digo algo: esto pasó hace un tiempo’. Lo único que mencionaron es que habían estado expuestos a los elementos durante varios días.

”Entiendo que esos cuerpos no estaban en el mismo lugar en que encontraron algunos de los otros. Dijeron que los cuerpos no estaban en el vehículo mismo; los cuerpos estaban separados de él por tres o cuatro kilómetros. Hablaron de tres cuerpos diferentes: dos de ellos mutilados y el tercero en condiciones bastante buenas.”

Más tarde ese mismo día (alrededor de las 18 o 19 horas), Dennis llevó a un soldado levemente herido en un accidente a la enfermería de la base, que estaba en el mismo edificio que el hospital y la morgue. Acompañó al hombre al interior del hospital y luego volvió a subir a la ambulancia y rodeó el edificio para ver a una linda enfermera de la Fuerza Aérea que había conocido recientemente. Como de costumbre, estacionó junto a la rampa, al lado de varias antiguas ambulancias militares cuadradas, reliquias de la Segunda Guerra Mundial. Ahí fue cuando las cosas empezaron a ponerse espesas.

“Había dos policías militares parados allí, y yo me bajé y me dirigí a la entrada. No hubiera llegado tan lejos como llegué sí no hubiera estacionado en la zona de emergencia. Probablemente pensaron que venía a buscar a alguien. Las puertas de las ambulancias militares estaban abiertas y adentro había escombros. Un policía militar estaba a cada lado. Yo vi todos esos restos. No sé qué era, pero me di cuenta de que algo pasaba, ésa fue mi primera pista. Lo curioso es que en dos de esas ambulancias había unas piezas que parecían la mitad del fondo de una canoa. No parecía aluminio. ¿Vio cuando se calienta el acero inoxidable? ¿Cómo se pone medio púrpura y después de un tono azulado? (Glenn dijo más tarde que vio una fila de signos irreconocibles, de varios centímetros de altura, en los dispositivos metálicos). Sólo eché una ojeada y seguí mi camino.

”Cuando entré al edificio, noté una actividad inusual. En la sala había ‘pájaros grandes’ (oficiales de alto rango que no reconoció, aunque estaba familiarizado con todo el personal médico local) por todos lados. Estaban todos alterados. Empecé a caminar por el corredor como lo hago habitualmente y había dado unos pocos pasos cuando me paró un policía militar: quería saber quién diablos era yo, de dónde venía, qué estaba haciendo ahí. Le expliqué quién era. Evidentemente, él tuvo la impresión de que me habían llamado para algo. Como sea, me dejó pasar y yo seguí avanzando y fue entonces cuando me encontré con la enfermera: ella participaba de la cosa, estaba de guardia. Me dijo: ‘¿Cómo diablos entraste?’. Le contesté: ‘Como siempre’. Ella exclamó: ‘¡Dios mío, te van a matar!’, y yo: ‘¡No me pararon!’.

”Me acerqué a la máquina de gaseosas para buscar unas bebidas y ahí fue cuando ese coronel grandote, pelirrojo, aulló: ‘¡¿Pero qué está haciendo este hijo de puta aquí?!’. Les hizo una seña a los PM y ¡ahí se armó! Los dos policías me agarraron de los brazos y me llevaron derechito afuera, hasta la ambulancia. Yo no caminé, ¡me cargaron! ¡Y me dijeron que me esfumara enseguida! (No sólo eso, sino que además, según Dennis, lo siguieron hasta la funeraria). Unas dos o tres horas más tarde, me llamaron y me dijeron: ‘Oiga, si abre la boca, ¡no cuenta el cuento!’. Yo simplemente me reí y les contesté que se fueran al infierno!”

Eso fue lo último que escuchó Glenn Dennis de alguien en una posición oficial. No vio a la enfermera hasta el día siguiente; ella parecía muy perturbada. “Me llamó por teléfono y me dijo: ‘Si tenes tiempo, salí. Tengo que hablarte’.” Arreglaron para encontrarse en el club de oficiales para almorzar y, al verla, Dennis pensó que ella estaba al borde de una crisis nerviosa: ¡parecía tan cambiada! “Dios mío, no sé cómo entraste allí”, le dijo la enfermera. “Es espantoso lo que está pasando. ¡No me creerías!” Y Dennis explicó: “Ahí fue cuando ella me dijo que tenían unos cuerpos. Dijo que eran tres cuerpos pequeños; dos estaban muy mutilados, pero había uno en condiciones bastante buenas”.

LA VERSIÓN DE LA ENFERMERA
“Déjame mostrarte la diferencia entre nuestra anatomía y la de ellos. Realmente, parecían antiguos chinos: pequeños, frágiles, sin pelos, dijo ella. Y también que sus narices no sobresalían, que los ojos estaban muy hundidos y las orejas sólo pequeñas indentaciones. Dijo que la anatomía de los brazos era diferente: el brazo era más largo que el antebrazo. Y no tenían pulgares, sino cuatro diferentes... ella los llamó ‘tentáculos’, creo. No tenían uñas, entonces me describió esas cositas como ventosas en las puntas de los dedos.

”Le pregunté si eran hombres o mujeres, si sus órganos sexuales eran como los nuestros. Ella me dijo: ‘No, algunos no los tenían’. Lo primero que se descompone en un cadáver es el cerebro, y después los órganos sexuales, especialmente en las mujeres. Pero pensó que probablemente había sido algo... como que algunos animales... Porque algunos cuerpos estaban muy mutilados.

”Ella dijo que habían sacado los cuerpos de esas cápsulas (las que él había visto en la parte trasera de las ambulancias militares). No estaban en el sitio del accidente, sino a dos o tres kilómetros de éste. Dijo que parecía como si tuvieran sus pequeñas cabinas propias y que la porción inferior de los cuerpos, el abdomen y las piernas, estaba aplastada, pero que la parte superior no estaba tan mal. Me dijo que la cabeza era más grande, y que los ojos eran... diferentes.”

La enfermera tomó entonces un block de recetas y dibujó unos esquemas de lo que le había descripto a Glenn Dennis. Le dio los dibujos, advirtiéndole que los mantuviera en secreto, y él los guardó cuidadosamente. En 1990, Dennis y Stanton Friedman revisaron los viejos archivos de la empresa funeraria, comprobando que todo el material del ex empleado había sido destruido varios años antes. Pero Glenn hizo un bosquejo de lo que podía recordar: “Hasta que congelaron esos cuerpos, el olor era tan insoportable que uno no podía acercarse a treinta metros de ellos sin sentir náuseas”. La enfermera había salido unos minutos de la habitación donde había estado asistiendo a dos médicos, para tomar un poco de aire, y ahí fue cuando se encontró con Dennis. Le explicó que incluso los médicos estaban mareados, y que el olor era tan fuerte que tuvieron que apagar el aire acondicionado para impedir que se propagara por todo el hospital. Pronto desistieron de continuar trabajando en tales condiciones y completaron la preparación de los cuerpos en un hangar.

Después de describir los extraños acontecimientos a Dennis, la enfermera parecía estar al borde de un colapso, de manera que él la llevó en coche hasta las barracas. Nunca la volvió a ver. Sus intentos en ese sentido tropezaron con toda clase de escollos. Primero le dijeron que estaba en otra ciudad, asistiendo a un seminario. Luego, que había sido transferida a Inglaterra. A Glenn le sorprendió que hubiera viajado sin llamarlo para despedirse. Su primera carta fue contestada por ella con la misteriosa promesa de explicarle todo más tarde, pero la segunda volvió con un sello inquietante: “Fallecida”.

LA PELÍCULA: ¿FICCIÓN O REALIDAD?
Se llama Stanton Friedman y es un afamado físico nuclear, pero todo el mundo lo llama Mister Ovni. Su investigación sobre el film de la autopsia ET en una entrevista exclusiva.

Friedman no sólo trabajó para General Electric, Westing-house, General Motors y otras fábricas de sistemas de propulsión espacial, sino que dedicó más de veinte años al estudio de los ovnis. Dio conferencias en más de seiscientas universidades, aparece en congresos y programas de tevé especializados, es consultor gubernamental, autor de cinco libros y productor de una docena de videos sobre el tema, y lanzó un CD-ROM interactivo titulado Ovnis: la historia real.

Su título, Crash at Corona, ya vendió más de 120.000 ejemplares en los Estados Unidos, éxito explicable por ser lo que los expertos denominan “el libro definitivo sobre Roswell”. Friedman estudió el caso durante más de diez años y pasó largos períodos en Nuevo México, rescató una docena de expedientes ultrasecretos públicos y privados, entrevistó a más de cien testigos y familares, y llegó a una conclusión revolucionaria: “La nave extraterrestre y sus ocupantes existieron, y el gobierno norteamericano ocultó la verdad durante casi medio siglo”.

Apenas la empresa británica Merlin Group y su presidente, Ray Santilli, divulgaron secuencias del filme de la supuesta autopsia de los cuatro extraterrestres rescatados de dos discos voladores en Corona, Friedman contactó a Santilli, indagó fuentes serias y habló con el anónimo camarógrafo que habría tomado la película original. Y luego compartió esa investigación y realizó el análisis del filme documental ante un corresponsal de la revista Conozca Más en los Estados Unidos, quien viajó a Fredericton, Canadá, para realizar esta entrevista:



— Friedman, ¿estamos ante un documento increíble o una maniobra comercial?

— Es prematuro dar una opinión categórica, pero sospecho que aquí hay gato encerrado. Por lo pronto, ni yo ni nadie ha visto aún la película entera, que supuestamente dura 91 minutos. La Merlin organizó una premiére en Londres, donde se mostraron partes del filme, del que algunas revistas levantaron las fotos que hoy circulan por el mundo. Curiosamente, a esa función privada fueron invitadas unas sesenta personas, pero ningún experto o estudioso del caso Roswell. Ésas y otras secuencias, generalmente separadas, desfilan ya internamente por algunas cadenas televisivas europeas y americanas, que las están analizando. Además, quienes vieron unos fragmentos no se les mostraron los otros y viceversa. Hay muchas cosas raras aquí...

— ¿Qué está insinuando, Friedman?

— Si la brújula de Santilli estuviera orientada hacia la verdad científica antes que a embolsar millones, hubiera procedido de otra manera y no hubiera abierto tantos paraguas para protegerse de posibles juicios.

— ¿Qué paraguas?
— En el formulario que la empresa distribuyó por fax para comprar el video, por ejemplo, aparecen tres advertencias. Una dice que aunque está comprobado que el celuloide original fue fabricado en 1947, “hoy no podemos garantizar que el contenido fue filmado el mismo año”. Otra establece que aunque los informes médicos sugieren que “la criatura mostrada no es humana, esto no puede ser verificado”. La tercera está dirigida a las estaciones televisivas, alertándolas de que el celuloide no tiene calidad de transmisión. Además, la información que me proveyó Santilli sobre el cameraman y el film es muy contradictoria...

—¿Por qué?

— Primero habló de quince rollos de diez minutos cada uno, luego de catorce rollos de siete minutos, y al final de dieciséis rollos de tres minutos. Además, cuando le pregunté el nombre del camarógrafo, se negó a dármelo alegando razones de seguridad: como el cameraman filmó eso para el ejército y se guardó una copia sin autorización, no sabe si tiene el derecho legal de vender o no el material. Y el tema de copia también me suena a fantasía.

— Explíquese, Friedman.

— Mire, así hablemos de catorce, quince o dieciséis rollos de película, ni yo ni ninguno de los expertos de Roswell podemos imaginar cómo hizo el camarógrafo para esconderlos de los agentes de seguridad que custodiaban la base en aquel momento. Y luego sacarlos de allí sin ser visto... Hay que tener en cuenta que esa cantidad de rollos es un bulto muy grande. ¿Cómo no lo vieron?
EL CAMARÓGRAFO FANTASMA
— ¿Qué sabe del camarógrafo?

— Según Santilli, sus iniciales son J.C., tiene más de 80 años y no está bien de salud. Primero me dijo que vivía en Cleveland, Ohio, y luego en Orlando, Florida. Y últimamente leí en un medio británico que lo “mudaron” a Cincinatti, Ohio. Le insistí a Santilli que me diera el nombre completo para chequear su presencia en el libro Crossroads del ejército, donde figuran todos los funcionarios bajo control de seguridad del Escuadrón 509, donde habría estado trabajando el camarógrafo, pero me dijo que era imposible revelarlo.

— Pero de todos modos usted habló con el camarógrafo, ¿no?

— Hablar con alguien, hablé. Pero no sé si era él, porque él me llamó a mí. Bien pudo haber sido alguien que se hizo pasar por el camarógrafo, ¿no?

— ¿Qué destacaría de ese diálogo telefónico?

— El hombre tenía voz de viejo. Interrumpía su dicción a cada rato con fuertes ataques de tos y reconoció haber recibido 100.000 dólares de anticipo de la Merlin por los derechos del filme. Insistió en que los había aceptado porque quería hacerle un regalo de casamiento a su nieta, y se negó a recibirme en persona alegando motivos de salud y de seguridad, ya que su abogado aún estaba estudiando los vericuetos legales sobre si podían o no vender esa película.

— ¿Cómo interpreta usted todo esto?

— La verdad es que el tipo no me sonó creíble. Entre otras cosas muy dudosas, me dijo que el superior que le había ordenado en Washington viajar a Dallas para filmar la autopsia del extraterrestre era un tal general McMullan. Le pregunté el nombre de pila y respondió que no se acordaba, le exigí la ortografía del apellido y no la sabía...

— ¿Y no dijo cómo el Merlin Group lo encontró a él y la película?

— Sí. Fue por casualidad. La Merlin rastreaba en los Estados Unidos filmes de viejos rockeros como Bill Haley y Elvis Presley, y alguien les recomendó ese camarógrafo, que en los años 50 había trabajado para la Universal News. Se entrevistaron con él y le compraron parte de su stock rockero. Y en esa misma oportunidad, hace unos tres años, el camarógrafo les preguntó si no estarían interesados en un filme de la autopsia de un ET. Lo vieron y se entusiasmaron, claro. Luego Santilli se asoció con el sello discográfico Polygram, que mandó al ejecutivo Gary Schöefield a entrevistar al camarógrafo y a ver el filme. Schöefield salió convencido de que era genunio y recomendó a Polygram que lo comprara. Después la Polygram se retiró del proyecto porque no había pruebas científicas de autenticidad, y Santilli siguió adelante con otros inversores.

— ¿Se hicieron pruebas de emulsión del celuloide?

— Según Santilli, sí. Alega que llamó a la Kodak y que le pidieron que les leyera los códigos marcados en el original, tras lo que dedujeron que el celuloide podía ser de los años 1927, 47 o 67. Santilli me dijo también que había sacado pedacitos del comienzo y el final del celuloide original, y que análisis posteriores en Gran Bretaña concordaron con la estimación de Kodak. Pero yo tomo con pinzas toda la información provista por Santilli, ya que al menos lo pesqué en una gran mentira...

— ¿Cuál?

— Santilli me dijo que la mejor prueba de autenticidad del material era la presencia del presidente americano Harry Truman en la autopsia, quien en ese momento estaba en Dallas. Me pareció raro, pero preferí investigar el dato por mi cuenta. Me pasé dos días en la Biblioteca Truman de Washington, donde me dieron el itinerario de todos sus traslados afuera de la ciudad durante su presidencia, y no encontré ningún rastro de su estadía en Dallas entre julio y septiembre del ‘47.

— ¿Le dijo esto a Santilli?

— ¡Claro! Y entonces él me dijo que en realidad la autopsia se había hecho en junio del ‘47, y que por eso yo no lo había encontrado en los registros de julio. Volví a chequearlo y tampoco hallé nada sobre Truman, Dallas y junio... Cansado ya de tanta falsedad, le exigí a Santilli presentar pruebas de todo lo que decía. Hasta llegué a repartir una hoja a la entrada de la proyección del filme de la autopsia en Londres, donde lo desafiaba a un debate público. Jamás me contestó y no supe más de él. Mis amigos me dicen que está muy enojado conmigo por dudar de su seriedad. No es problema mío. Los científicos tenemos la obligación de poner la verdad por encima de la autoridad y la comercialización.

— ¿Cuáles son las pruebas que usted pedía para elucidar la autenticidad de la película?

— Marca y modelo de la cámara empleada. Tipo de película utilizada y fechas reales de filmación. Informe por escrito de Kodak determinando la antigüedad del celuloide. Copia del recibo de los 100.000 dólares por derechos del filme, nombre completo y documentación de retiro del camarógrafo militar. Papeles que en el ejército norteamericano figuran con las siglas DD 214. Copia de las órdenes militares recibidas por el camarógrafo y nombre de los superiores que le ordenaron filmar la supuesta autopsia del ET.

— ¿Santilli o alguien de la Merlin ofreció alguna de esas pruebas?

— Jamás.
EL CUERPO DEL FILME ES HUMANO
— Pasemos ahora a las imágenes de la película en sí. ¿En qué coinciden o difieren de lo expresado por los testigos oculares?

— Según el testimonio de Gerald Anderson y otros testigos, los ET tenían cuatro dedos, pero en la película aparecen con seis. Y las criaturas eran flacas, pequeñas y con cabeza desproporcionadamente grande, mientras que las del filme lucen gordas y de cabeza chica. Según la enfermera militar que asistió a la autopsia real y le contó los detalles al funebrero Glenn Dennis, los antebrazos de las criaturas eran más largos que los brazos, lo que difiere completamente del ser humano. En cambio, la película revela un antebrazo en proporción con el brazo, como en los humanos. Además, la boca del filme parece más grande que la que recordaron los testigos, y los ojos reales eran mucho más grandes que los que vimos en escena. El ET del filme tiene nariz, mientras que los testigos dicen que los reales apenas tenían dos orificios para respirar. Ah, y los símbolos también son diferentes...

— ¿Qué símbolos?

— En la película aparecen unos símbolos que, según Santilli, pertenecen a un abecedario extraterrestre. Le pedí que me los enviara para analizarlos y... me los mandó. Los sometí al juicio de varios antropólogos, lingüistas y caligrafistas, y la conclusión fue que los jeroglíficos del film son muy similares a los de civilizaciones de la Tierra, especialmente la griega, mientras que los reales son muy diferentes y nadie pudo asociarlos con alfabetos humanos.

— Pero, ¿y cuáles son los símbolos “reales”?

— Nadie los vio, pero surgen de los dibujos del teniente coronel Jesse Marcel en estado de hipnosis. Marcel fue el primer militar enviado por Washington en llegar a Corona, donde días antes se había estrellado la nave extraterrestre. Marcel encontró allí unas varas flexibles y livianas como la madera balsa, a las que trató infructuosamente de doblar, quebrar y quemar, junto a una suerte de papel de aluminio que tampoco pudo quemar, agujerear ni doblar aunque era extremadamente liviano y flexible. Ya retirado del ejército y bajo hipnosis, Marcel dibujó los símbolos que vio en esas varas, que describió de colores púrpura y azul. En base a esos dibujos, mandé fabricar réplicas de las varas y las repartí entre lingüistas de todo el mundo, que llegaron separadamente a la misma conclusión: ninguno de esos símbolos son de civilizaciones humanas antiguas o modernas.
Esta es la conclusión central de Stanton Friedman tras ver un fragmento de 25 minutos de la película que muestra la autopsia de un supuesto extraterrestre:

— Vi el filme en una proyección privada de la red televisiva Fox de Washington, junto a varios expertos del caso Roswell, el físico óptico Bruce McCabbee, del Laboratorio de Investigación Naval, y un médico militar. Y coincidimos en que la criatura que se ve en el filme no es extraterrestre, sino el cadáver de una mujer que habría padecido el síndrome de Turner, una enfermedad que afecta a una de cada 2.500 mujeres.
Esta anomalía surge cuando falta un cromosoma X en la cadena genética, generando efectos laterales como pérdida de senos, acortamiento de estatura, retención de líquidos e hinchazón exagerada del vientre, al punto que parece que las mujeres están embarazadas. Otra característica de esta enfermedad es que las orejas, la nariz y los ojos se van hundiendo paulatinamente hasta casi ser absorbidos hacia adentro.
— Resumiendo, doctor Friedman, ¿cuál es su opinión final sobre esta película?

— Creo que la autopsia es real, pero no de un extraterrestre, sino de un ser humano de sexo femenino que murió por síndrome de Turner. Desde ese punto de vista, la película no es falsa. Lo que sí es falso es vincularla con los cuerpos extraterrestres hallados en Nuevo México.
UN WATERGATE CÓSMICO
Así llama Friedman al encubrimiento gubernamental de los dos discos voladores caídos en julio de 1947, y del hallazgo, traslado, autopsia y conservación en un lugar secreto de los cuatro cuerpos ET recuperados.

— El gobierno posee un mínimo de 400 documentos sobre ovnis que se niega a entregar alegando motivos de seguridad nacional. Lo curioso es que, forzado a mostrar algunos de ellos por el Freedom of Information, que lo obliga a publicar documentos confidenciales a los treinta años, éstos han sido entregados con tantas tachaduras que es imposible leerlos. Y Roswell ya es el acabóse. Después que la base militar local emitió un comunicado de prensa anunciando que el ejército había encontrado un plato volador y navegantes ET, Washington hizo desaparecer las pruebas y anunció que era sólo “un globo meteorológico”.

— Pero, ¿por qué el gobierno norteamericano quiere ocultar los ovnis y la vida extraterrestre?

— Para “proteger” a los ciudadanos del pánico y el suicidio masivo, dicen. Pero ojo, que cuando surja la verdad el pueblo dejará de confiar en sus gobernantes y ellos sufrirán un efecto boomerang. No veo por qué los terrestres debamos enloquecer al enterarnos de que existen los ET. La verdad siempre es mejor que la mentira para enfrentar cualquier situación, por más extraña y compleja que ella sea.