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sábado, 17 de enero de 2009

EL RUIDO DE UN TRUENO


El anuncio en la pared parecía temblar bajo una móvil película de agua caliente. Eckels sintió que parpadeaba, y el anuncio ardió en la momentánea oscuridad:
SAFARI EN EL TIEMPO S.A. SAFARIS A CUALQUIER AÑO DEL PASADO. USTED ELIGE EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEVAMOS ALLÍ, USTED LO MATA.

Una flema tibia se le formó en la garganta a Eckels. Tragó saliva empujando hacia abajo la flema. Los músculos alrededor de la boca formaron una sonrisa, mientras alzaba lentamente la mano, y la mano se movió con un cheque de diez mil dólares ante el hombre del escritorio.

-¿Este safari garantiza que yo regrese vivo?

-No garantizamos nada -dijo el oficial-, excepto los dinosaurios. -Se volvió-. Este es el señor Travis, su guía safari en el pasado. Él le dirá a qué debe disparar y en qué momento. Si usted desobedece sus instrucciones, hay una multa de otros diez mil dólares, además de una posible acción del gobierno, a la vuelta.

Eckels miró en el otro extremo de la vasta oficina la confusa maraña zumbante de cables y cajas de acero, y el aura ya anaranjada, ya plateada, ya azul. Era como el sonido de una gigantesca hoguera donde ardía el tiempo, todos los años y todos los calendarios de pergamino, todas las horas apiladas en llamas. El roce de una mano, y este fuego se volvería maravillosamente, y en un instante, sobre sí mismo. Eckels recordó las palabras de los anuncios en la carta. De las brasas y cenizas, del polvo y los carbones, como doradas salamandras, saltarán los viejos años, los verdes años; rosas endulzarán el aire, las canas se volverán negro ébano, las arrugas desaparecerán. Todo regresará volando a la semilla, huirá de la muerte, retornará a sus principios; los soles se elevarán en los cielos occidentales y se pondrán en orientes gloriosos, las lunas se devorarán al revés a sí mismas, todas las cosas se meterán unas en otras como cajas chinas, los conejos entrarán en los sombreros, todo volverá a la fresca muerte, la muerte en la semilla, la muerte verde, al tiempo anterior al comienzo. Bastará el roce de una mano, el más leve roce de una mano.

-¡Infierno y condenación! -murmuró Eckels con la luz de la máquina en el rostro delgado-. Una verdadera máquina del tiempo. -Sacudió la cabeza-. Lo hace pensar a uno. Si la elección hubiera ido mal ayer, yo quizá estaría aquí huyendo de los resultados. Gracias a Dios ganó Keith. Será un buen presidente.

-Sí -dijo el hombre detrás del escritorio-. Tenemos suerte. Si Deutscher hubiese ganado, tendríamos la peor de las dictaduras. Es el antitodo, militarista, anticristo, antihumano, antintelectual. La gente nos llamó, ya sabe usted, bromeando, pero no enteramente. Decían que si Deutscher era presidente, querían ir a vivir a 1492. Por supuesto, no nos ocupamos de organizar evasiones, sino safaris. De todos modos, el presidente es Keith. Ahora su única preocupación es...

Eckels terminó la frase:

-Matar mi dinosaurio.

-Un Tyrannosaurus rex. El lagarto del Trueno, el más terrible monstruo de la historia. Firme este permiso. Si le pasa algo, no somos responsables. Estos dinosaurios son voraces.

Eckels enrojeció, enojado.

-¿Trata de asustarme?

-Francamente, sí. No queremos que vaya nadie que sienta pánico al primer tiro. El año pasado murieron seis jefes de safari y una docena de cazadores. Vamos a darle a usted la más extraordinaria emoción que un cazador pueda pretender. Lo enviaremos sesenta millones de años atrás para que disfrute de la mayor y más emocionante cacería de todos los tiempos. Su cheque está todavía aquí. Rómpalo.

El señor Eckels miró el cheque largo rato. Se le retorcían los dedos.

-Buena suerte -dijo el hombre detrás del mostrador-. El señor Travis está a su disposición.

Cruzaron el salón silenciosamente, llevando los fusiles, hacia la Máquina, hacia el metal plateado y la luz rugiente.

Primero un día y luego una noche y luego un día y luego una noche, y luego día-noche-día-noche-día. Una semana, un mes, un año, ¡una década! 2055, 2019, ¡1999! ¡1957! ¡Desaparecieron! La Máquina rugió. Se pusieron los cascos de oxígeno y probaron los intercomunicadores. Eckels se balanceaba en el asiento almohadillado, con el rostro pálido y duro. Sintió un temblor en los brazos y bajó los ojos y vio que sus manos apretaban el fusil. Había otros cuatro hombres en esa máquina. Travis, el jefe del safari, su asistente, Lesperance, y dos otros cazadores, Billings y Kramer. Se miraron unos a otros y los años llamearon alrededor.

-¿Estos fusiles pueden matar a un dinosaurio de un tiro? -se oyó decir a Eckels.

-Si da usted en el sitio preciso -dijo Travis por la radio del casco-. Algunos dinosaurios tienen dos cerebros, uno en la cabeza, otro en la columna espinal. No les tiraremos a éstos, y tendremos más probabilidades. Aciérteles con los dos primeros tiros a los ojos, si puede, cegándolo, y luego dispare al cerebro.

La máquina aulló. El tiempo era una película que corría hacia atrás. Pasaron soles, y luego diez millones de lunas.

-Dios santo -dijo Eckels-. Los cazadores de todos los tiempos nos envidiarían hoy. África al lado de esto parece Illinois.

El sol se detuvo en el cielo.

La niebla que había envuelto la Máquina se desvaneció. Se encontraban en los viejos tiempos, tiempos muy viejos en verdad, tres cazadores y dos jefes de safari con sus metálicos rifles azules en las rodillas.

-Cristo no ha nacido aún -dijo Travis-. Moisés no ha subido a la montaña a hablar con Dios. Las pirámides están todavía en la tierra, esperando. Recuerde que Alejandro, Julio César, Napoleón, Hitler... no han existido.

Los hombres asintieron con movimientos de cabeza.

-Eso -señaló el señor Travis- es la jungla de sesenta millones dos mil cincuenta y cinco años antes del presidente Keith.

Mostró un sendero de metal que se perdía en la vegetación salvaje, sobre pantanos humeantes, entre palmeras y helechos gigantescos.

-Y eso -dijo- es el Sendero, instalado por Safari en el Tiempo para su provecho. Flota a diez centímetros del suelo. No toca ni siquiera una brizna, una flor o un árbol. Es de un metal antigravitatorio. El propósito del Sendero es impedir que toque usted este mundo del pasado de algún modo. No se salga del Sendero. Repito. No se salga de él. ¡Por ningún motivo! Si se cae del Sendero hay una multa. Y no tire contra ningún animal que nosotros no aprobemos.

-¿Por qué? -preguntó Eckels. Estaban en la antigua selva. Unos pájaros lejanos gritaban en el viento, y había un olor de alquitrán y viejo mar salado, hierbas húmedas y flores de color de sangre.

-No queremos cambiar el futuro. Este mundo del pasado no es el nuestro. Al gobierno no le gusta que estemos aquí. Tenemos que dar mucho dinero para conservar nuestras franquicias. Una máquina del tiempo es un asunto delicado. Podemos matar inadvertidamente un animal importante, un pajarito, un coleóptero, aun una flor, destruyendo así un eslabón importante en la evolución de las especies.

-No me parece muy claro -dijo Eckels.

-Muy bien -continuó Travis-, digamos que accidentalmente matamos aquí un ratón. Eso significa destruir las futuras familias de este individuo, ¿entiende?

-Entiendo.

-¡Y todas las familias de las familias de ese individuo! Con sólo un pisotón aniquila usted primero uno, luego una docena, luego mil, un millón, ¡un billón de posibles ratones!

-Bueno, ¿y eso qué? -inquirió Eckels.

-¿Eso qué? -gruñó suavemente Travis-. ¿Qué pasa con los zorros que necesitan esos ratones para sobrevivir? Por falta de diez ratones muere un zorro. Por falta de diez zorros, un león muere de hambre. Por falta de un león, especies enteras de insectos, buitres, infinitos billones de formas de vida son arrojadas al caos y la destrucción. Al final todo se reduce a esto: cincuenta y nueve millones de años más tarde, un hombre de las cavernas, uno de la única docena que hay en todo el mundo, sale a cazar un jabalí o un tigre para alimentarse. Pero usted, amigo, ha aplastado con el pie a todos los tigres de esa zona al haber pisado un ratón. Así que el hombre de las cavernas se muere de hambre. Y el hombre de las cavernas, no lo olvide, no es un hombre que pueda desperdiciarse, ¡no! Es toda una futura nación. De él nacerán diez hijos. De ellos nacerán cien hijos, y así hasta llegar a nuestros días. Destruya usted a este hombre, y destruye usted una raza, un pueblo, toda una historia viviente. Es como asesinar a uno de los nietos de Adán. El pie que ha puesto usted sobre el ratón desencadenará así un terremoto, y sus efectos sacudirán nuestra tierra y nuestros destinos a través del tiempo, hasta sus raíces. Con la muerte de ese hombre de las cavernas, un billón de otros hombres no saldrán nunca de la matriz. Quizás Roma no se alce nunca sobre las siete colinas. Quizá Europa sea para siempre un bosque oscuro, y sólo crezca Asia saludable y prolífica. Pise usted un ratón y aplastará las pirámides. Pise un ratón y dejará su huella, como un abismo en la eternidad. La reina Isabel no nacerá nunca, Washington no cruzará el Delaware, nunca habrá un país llamado Estados Unidos. Tenga cuidado. No se salga del Sendero. ¡Nunca pise afuera!

-Ya veo -dijo Eckels-. Ni siquiera debemos pisar la hierba.

-Correcto. Al aplastar ciertas plantas quizá sólo sumemos factores infinitesimales. Pero un pequeño error aquí se multiplicará en sesenta millones de años hasta alcanzar proporciones extraordinarias. Por supuesto, quizá nuestra teoría esté equivocada. Quizá nosotros no podamos cambiar el tiempo. O tal vez sólo pueda cambiarse de modos muy sutiles. Quizá un ratón muerto aquí provoque un desequilibrio entre los insectos de allá, una desproporción en la población más tarde, una mala cosecha luego, una depresión, hambres colectivas, y, finalmente, un cambio en la conducta social de alejados países. O aun algo mucho más sutil. Quizá sólo un suave aliento, un murmullo, un cabello, polen en el aire, un cambio tan, tan leve que uno podría notarlo sólo mirando de muy cerca. ¿Quién lo sabe? ¿Quién puede decir realmente que lo sabe? No nosotros. Nuestra teoría no es más que una hipótesis. Pero mientras no sepamos con seguridad si nuestros viajes por el tiempo pueden terminar en un gran estruendo o en un imperceptible crujido, tenemos que tener mucho cuidado. Esta máquina, este sendero, nuestros cuerpos y nuestras ropas han sido esterilizados, como usted sabe, antes del viaje. Llevamos estos cascos de oxígeno para no introducir nuestras bacterias en una antigua atmósfera.

-¿Cómo sabemos qué animales podemos matar?

-Están marcados con pintura roja -dijo Travis-. Hoy, antes de nuestro viaje, enviamos aquí a Lesperance con la Máquina. Vino a esta Era particular y siguió a ciertos animales.

-¿Para estudiarlos?

-Exactamente -dijo Travis-. Los rastreó a lo largo de toda su existencia, observando cuáles vivían mucho tiempo. Muy pocos. Cuántas veces se acoplaban. Pocas. La vida es breve. Cuando encontraba alguno que iba a morir aplastado por un árbol u otro que se ahogaba en un pozo de alquitrán, anotaba la hora exacta, el minuto y el segundo, y le arrojaba una bomba de pintura que le manchaba de rojo el costado. No podemos equivocarnos. Luego midió nuestra llegada al pasado de modo que no nos encontremos con el monstruo más de dos minutos antes de aquella muerte. De este modo, sólo matamos animales sin futuro, que nunca volverán a acoplarse. ¿Comprende qué cuidadosos somos?

-Pero si ustedes vinieron esta mañana -dijo Eckels ansiosamente-, debían haberse encontrado con nosotros, nuestro safari. ¿Qué ocurrió? ¿Tuvimos éxito? ¿Salimos todos... vivos?

Travis y Lesperance se miraron.

-Eso hubiese sido una paradoja -habló Lesperance-. El tiempo no permite esas confusiones..., un hombre que se encuentra consigo mismo. Cuando va a ocurrir algo parecido, el tiempo se hace a un lado. Como un avión que cae en un pozo de aire. ¿Sintió usted ese salto de la Máquina, poco antes de nuestra llegada? Estábamos cruzándonos con nosotros mismos que volvíamos al futuro. No vimos nada. No hay modo de saber si esta expedición fue un éxito, si cazamos nuestro monstruo, o si todos nosotros, y usted, señor Eckels, salimos con vida.

Eckels sonrió débilmente.

-Dejemos esto -dijo Travis con brusquedad-. ¡Todos de pie! Se prepararon a dejar la Máquina. La jungla era alta y la jungla era ancha y la jungla era todo el mundo para siempre y para siempre. Sonidos como música y sonidos como lonas voladoras llenaban el aire: los pterodáctilos que volaban con cavernosas alas grises, murciélagos gigantescos nacidos del delirio de una noche febril. Eckels, guardando el equilibrio en el estrecho sendero, apuntó con su rifle, bromeando.

-¡No haga eso! -dijo Travis.- ¡No apunte ni siquiera en broma, maldita sea! Si se le dispara el arma...

Eckels enrojeció.

- ¿Dónde está nuestro Tyrannosaurus?

- Lesperance miró su reloj de pulsera.

-Adelante. Nos cruzaremos con él dentro de sesenta segundos. Busque la pintura roja, por Cristo. No dispare hasta que se lo digamos. Quédese en el Sendero. ¡Quédese en el Sendero!

Se adelantaron en el viento de la mañana.

-Qué raro -murmuró Eckels-. Allá delante, a sesenta millones de años, ha pasado el día de elección. Keith es presidente. Todos celebran. Y aquí, ellos no existen aún. Las cosas que nos preocuparon durante meses, toda una vida, no nacieron ni fueron pensadas aún.

-¡Levanten el seguro, todos! -ordenó Travis-. Usted dispare primero, Eckels. Luego, Billings. Luego, Kramer.

-He cazado tigres, jabalíes, búfalos, elefantes, pero esto, Jesús, esto es caza -comentó Eckels -. Tiemblo como un niño.

- Ah -dijo Travis.

-Todos se detuvieron.

Travis alzó una mano.

-Ahí adelante -susurró-. En la niebla. Ahí está Su Alteza Real.

La jungla era ancha y llena de gorjeos, crujidos, murmullos y suspiros. De pronto todo cesó, como si alguien hubiese cerrado una puerta.

Silencio.

El ruido de un trueno.

De la niebla, a cien metros de distancia, salió el Tyrannosaurus rex.

-Jesucristo -murmuró Eckels.

-¡Chist!

Venía a grandes trancos, sobre patas aceitadas y elásticas. Se alzaba diez metros por encima de la mitad de los árboles, un gran dios del mal, apretando las delicadas garras de relojero contra el oleoso pecho de reptil. Cada pata inferior era un pistón, quinientos kilos de huesos blancos, hundidos en gruesas cuerdas de músculos, encerrados en una vaina de piel centelleante y áspera, como la cota de malla de un guerrero terrible. Cada muslo era una tonelada de carne, marfil y acero. Y de la gran caja de aire del torso colgaban los dos brazos delicados, brazos con manos que podían alzar y examinar a los hombres como juguetes, mientras el cuello de serpiente se retorcía sobre sí mismo. Y la cabeza, una tonelada de piedra esculpida que se alzaba fácilmente hacia el cielo, En la boca entreabierta asomaba una cerca de dientes como dagas. Los ojos giraban en las órbitas, ojos vacíos, que nada expresaban, excepto hambre. Cerraba la boca en una mueca de muerte. Corría, y los huesos de la pelvis hacían a un lado árboles y arbustos, y los pies se hundían en la tierra dejando huellas de quince centímetros de profundidad. Corría como si diese unos deslizantes pasos de baile, demasiado erecto y en equilibrio para sus diez toneladas. Entró fatigadamente en el área de sol, y sus hermosas manos de reptil tantearon el aire.

-¡Dios mío! -Eckels torció la boca-. Puede incorporarse y alcanzar la luna.

-¡Chist! -Travis sacudió bruscamente la cabeza-. Todavía no nos vio.

-No es posible matarlo. -Eckels emitió con serenidad este veredicto, como si fuese indiscutible. Había visto la evidencia y ésta era su razonada opinión. El arma en sus manos parecía un rifle de aire comprimido-. Hemos sido unos locos. Esto es imposible.

-¡Cállese! -siseó Travis.

-Una pesadilla.

-Dé media vuelta -ordenó Travis-. Vaya tranquilamente hasta la máquina. Le devolveremos la mitad del dinero.

-No imaginé que sería tan grande -dijo Eckels-. Calculé mal. Eso es todo. Y ahora quiero irme.

-¡Nos vio!

-¡Ahí está la pintura roja en el pecho!

El Lagarto del Trueno se incorporó. Su armadura brilló como mil monedas verdes. Las monedas, embarradas, humeaban. En el barro se movían diminutos insectos, de modo que todo el cuerpo parecía retorcerse y ondular, aun cuando el monstruo mismo no se moviera. El monstruo resopló. Un hedor de carne cruda cruzó la jungla.

-Sáquenme de aquí -pidió Eckels-. Nunca fue como esta vez. Siempre supe que saldría vivo. Tuve buenos guías, buenos safaris, y protección. Esta vez me he equivocado. Me he encontrado con la horma de mi zapato, y lo admito. Esto es demasiado para mí.

-No corra -dijo Lesperance-. Vuélvase. Ocúltese en la Máquina. -Sí.

Eckels parecía aturdido. Se miró los pies como si tratara de moverlos. Lanzó un gruñido de desesperanza.

-¡Eckels!

Eckels dio unos pocos pasos, parpadeando, arrastrando los pies. -¡Por ahí no!

El monstruo, al advertir un movimiento, se lanzó hacia adelante con un grito terrible. En cuatro segundos cubrió cien metros. Los rifles se alzaron y llamearon. De la boca del monstruo salió un torbellino que los envolvió con un olor de barro y sangre vieja. El monstruo rugió con los dientes brillantes al sol.

Eckels, sin mirar atrás, caminó ciegamente hasta el borde del Sendero, con el rifle que le colgaba de los brazos. Salió del Sendero, y caminó, y caminó por la jungla. Los pies se le hundieron en un musgo verde. Lo llevaban las piernas, y se sintió solo y alejado de lo que ocurría atrás.

Los rifles dispararon otra vez. El ruido se perdió en chillidos y truenos. La gran palanca de la cola del reptil se alzó sacudiéndose. Los árboles estallaron en nubes de hojas y ramas. El monstruo retorció sus manos de joyero y las bajó como para acariciar a los hombres, para partirlos en dos, aplastarlos como cerezas, meterlos entre los dientes y en la rugiente garganta. Sus ojos de canto rodado bajaron a la altura de los hombres, que vieron sus propias imágenes. Dispararon sus armas contra las pestañas metálicas y los brillantes iris negros.

Como un ídolo de piedra, como el desprendimiento de una montaña, el Tyrannosaurus cayó. Con un trueno, se abrazó a unos árboles, los arrastró en su caída. Torció y quebró el Sendero de Metal. Los hombres retrocedieron alejándose. El cuerpo golpeó el suelo, diez toneladas de carne fría y piedra. Los rifles dispararon. El monstruo azotó el aire con su cola acorazada, retorció sus mandíbulas de serpiente, y ya no se movió. Una fuente de sangre le brotó de la garganta. En alguna parte, adentro, estalló un saco de fluidos. Unas bocanadas nauseabundas empaparon a los cazadores. Los hombres se quedaron mirándolo, rojos y resplandecientes.

El trueno se apagó.

La jungla estaba en silencio. Luego de la tormenta, una gran paz. Luego de la pesadilla, la mañana.

Billings y Kramer se sentaron en el sendero y vomitaron. Travis y Lesperance, de pie, sosteniendo aún los rifles humeantes, juraban continuamente.

En la Máquina del Tiempo, cara abajo, yacía Eckels, estremeciéndose. Había encontrado el camino de vuelta al Sendero y había subido a la Máquina. Travis se acercó, lanzó una ojeada a Eckels, sacó unos trozos de algodón de una caja metálica y volvió junto a los otros, sentados en el Sendero.

-Límpiense.

Limpiaron la sangre de los cascos. El monstruo yacía como una loma de carne sólida. En su interior uno podía oír los suspiros y murmullos a medida que morían las más lejanas de las cámaras, y los órganos dejaban de funcionar, y los líquidos corrían un último instante de un receptáculo a una cavidad, a una glándula, y todo se cerraba para siempre. Era como estar junto a una locomotora estropeada o una excavadora de vapor en el momento en que se abren las válvulas o se las cierra herméticamente. Los huesos crujían. La propia carne, perdido el equilibrio, cayó como peso muerto sobre los delicados antebrazos, quebrándolos.

Otro crujido. Allá arriba, la gigantesca rama de un árbol se rompió y cayó. Golpeó a la bestia muerta como algo final.

-Ahí está- Lesperance miró su reloj-. Justo a tiempo. Ese es el árbol gigantesco que originalmente debía caer y matar al animal.

Miró a los dos cazadores: ¿Quieren la fotografía trofeo?

-¿Qué?

-No podemos llevar un trofeo al futuro. El cuerpo tiene que quedarse aquí donde hubiese muerto originalmente, de modo que los insectos, los pájaros y las bacterias puedan vivir de él, como estaba previsto. Todo debe mantener su equilibrio. Dejamos el cuerpo. Pero podemos llevar una foto con ustedes al lado.

Los dos hombres trataron de pensar, pero al fin sacudieron la cabeza. Caminaron a lo largo del Sendero de metal. Se dejaron caer de modo cansino en los almohadones de la Máquina. Miraron otra vez el monstruo caído, el monte paralizado, donde unos raros pájaros reptiles y unos insectos dorados trabajaban ya en la humeante armadura.

Un sonido en el piso de la Máquina del Tiempo los endureció. Eckels estaba allí, temblando.

-Lo siento -dijo al fin.

-¡Levántese! -gritó Travis.

Eckels se levantó.

-¡Vaya por ese sendero, solo! -agregó Travis, apuntando con el rifle-. Usted no volverá a la Máquina. ¡Lo dejaremos aquí!

Lesperance tomó a Travis por el brazo. -Espera...

-¡No te metas en esto! -Travis se sacudió apartando la mano-. Este hijo de perra casi nos mata. Pero eso no es bastante. Diablo, no. ¡Sus zapatos! ¡Míralos! Salió del Sendero. ¡Dios mío, estamos arruinados Cristo sabe qué multa nos pondrán. ¡Decenas de miles de dólares! Garantizamos que nadie dejaría el Sendero. Y él lo dejó. ¡Oh, condenado tonto! Tendré que informar al gobierno. Pueden hasta quitarnos la licencia. ¡Dios sabe lo que le ha hecho al tiempo, a la Historia!

-Cálmate. Sólo pisó un poco de barro.

-¿Cómo podemos saberlo? -gritó Travis-. ¡No sabemos nada! ¡Es un condenado misterio! ¡Fuera de aquí, Eckels!

Eckels buscó en su chaqueta.

-Pagaré cualquier cosa. ¡Cien mil dólares!

Travis miró enojado la libreta de cheques de Eckels y escupió.

-Vaya allí. El monstruo está junto al Sendero. Métale los brazos hasta los codos en la boca, y vuelva.

-¡Eso no tiene sentido!

-El monstruo está muerto, cobarde bastardo. ¡Las balas! No podemos dejar aquí las balas. No pertenecen al pasado, pueden cambiar algo. Tome mi cuchillo. ¡Extráigalas!

La jungla estaba viva otra vez, con los viejos temblores y los gritos de los pájaros. Eckels se volvió lentamente a mirar al primitivo vaciadero de basura, la montaña de pesadillas y terror. Luego de un rato, como un sonámbulo, se fue, arrastrando los pies.

Regresó temblando cinco minutos más tarde, con los brazos empapados y rojos hasta los codos. Extendió las manos. En cada una había un montón de balas. Luego cayó. Se quedó allí, en el suelo, sin moverse.

-No había por qué obligarlo a eso - dijo Lesperance.

-¿No? Es demasiado pronto para saberlo. -Travis tocó con el pie el cuerpo inmóvil.

-Vivirá. La próxima vez no buscará cazas como ésta. Muy bien. -Le hizo una fatigada seña con el pulgar a Lesperance-. Enciende. Volvamos a casa. 1492. 1776. 1812.

Se limpiaron las caras y manos. Se cambiaron las camisas y pantalones. Eckels se había incorporado y se paseaba sin hablar. Travis lo miró furiosamente durante diez minutos.

-No me mire -gritó Eckels-. No hice nada.

-¿Quién puede decirlo?

-Salí del sendero, eso es todo; traje un poco de barro en los zapatos. ¿Qué quiere que haga? ¿Que me arrodille y rece?

-Quizá lo necesitemos. Se lo advierto, Eckels. Todavía puedo matarlo. Tengo listo el fusil.

-Soy inocente. ¡No he hecho nada!

1999, 2000, 2055.

La máquina se detuvo.

-Afuera -dijo Travis.

El cuarto estaba como lo habían dejado. Pero no de modo tan preciso. El mismo hombre estaba sentado detrás del mismo escritorio. Pero no exactamente el mismo hombre detrás del mismo escritorio.

Travis miró alrededor con rapidez.

-¿Todo bien aquí? -estalló.

-Muy bien. ¡Bienvenidos!

Travis no se sintió tranquilo. Parecía estudiar hasta los átomos del aire, el modo como entraba la luz del sol por la única ventana alta.

-Muy bien, Eckels, puede salir. No vuelva nunca.

Eckels no se movió.

-¿No me ha oído? -dijo Travis-. ¿Qué mira?

Eckels olía el aire, y había algo en el aire, una sustancia química tan sutil, tan leve, que sólo el débil grito de sus sentidos subliminales le advertía que estaba allí. Los colores blanco, gris, azul, anaranjado, de las paredes, del mobiliario, del cielo más allá de la ventana, eran... eran... Y había una sensación. Se estremeció. Le temblaron las manos. Se quedó oliendo aquel elemento raro con todos los poros del cuerpo. En alguna parte alguien debía de estar tocando uno de esos silbatos que sólo pueden oír los perros. Su cuerpo respondió con un grito silencioso. Más allá de este cuarto, más allá de esta pared, más allá de este hombre que no era exactamente el mismo hombre detrás del mismo escritorio..., se extendía todo un mundo de calles y gente. Qué suerte de mundo era ahora, no se podía saber. Podía sentirlos cómo se movían, más allá de los muros, casi, como piezas de ajedrez que arrastraban un viento seco...

Pero había algo más inmediato. El anuncio pintado en la pared de la oficina, el mismo anuncio que había leído aquel mismo día al entrar allí por vez primera.

De algún modo el anuncio había cambiado.

SEFARI EN EL TIEMPO. S. A. SEFARIS A KUALKUIER AÑO DEL PASADO USTE NOMBRA EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEBAMOS AYI. USTE LO MATA.

Eckels sintió que caía en una silla. Tanteó insensatamente el grueso barro de sus botas. Sacó un trozo, temblando.

-No, no puede ser. Algo tan pequeño. No puede ser. ¡No!

Hundida en el barro, brillante, verde, y dorada, y negra, había una mariposa, muy hermosa y muy muerta.

-¡No algo tan pequeño! ¡No una mariposa! -gritó Eckels.

Cayó al suelo una cosa exquisita, una cosa pequeña que podía destruir todos los equilibrios, derribando primero la línea de un pequeño dominó, y luego de un gran dominó, y luego de un gigantesco dominó, a lo largo de los años, a través del tiempo. La mente de Eckels giró sobre si misma. La mariposa no podía cambiar las cosas. Matar una mariposa no podía ser tan importante. ¿Podía?

Tenía el rostro helado. Preguntó, temblándole la boca:

- ¿Quién... quién ganó la elección presidencial ayer?

El hombre detrás del mostrador se rió.

-¿Se burla de mí? Lo sabe muy bien. ¡Deutscher, por supuesto! No ese condenado debilucho de Keith. Tenemos un hombre fuerte ahora, un hombre de agallas. ¡Sí, señor! -El oficial calló-. ¿Qué pasa?

Eckels gimió. Cayó de rodillas. Recogió la mariposa dorada con dedos temblorosos.

-¿No podríamos -se preguntó a sí mismo, le preguntó al mundo, a los oficiales, a la Máquina,- no podríamos llevarla allá, no podríamos hacerla vivir otra vez? ¿No podríamos empezar de nuevo? ¿No podríamos...?

No se movió. Con los ojos cerrados, esperó estremeciéndose. Oyó que Travis gritaba; oyó que Travis preparaba el rifle, alzaba el seguro, y apuntaba.

El ruido de un trueno.


Ray Bradbury

miércoles, 7 de enero de 2009

JOHN TITOR O TIMETRAVELER_0 Y LOS CRONOHISTORIADORES


John Titor es el nombre de un personaje ficticio protagonista del libro John Titor: A time traveler's tale (Un relato de viaje en el tiempo), un hoax sociológico desarrollado interactivamente entre los escritores y cibernautas de la Red y escrito por un autor anónimo, no obstante el autor intelectual podría ser un estadounidense llamado Larry Haber, nombre del abogado que representa a la familia de John Titor y el único representante oficial que se conoce detrás de esta historia. El libro relata un evento que realmente ocurrió en Internet durante los años 2000 y 2001, argumento usado por los seguidores del mito para calificar a los personajes de esta historia como reales. Posterior a la publicación del libro, aparecerían nuevos personajes en la Red que fueron ampliando detalles de la historia, conformando así un verdadera saga.

Durante los años 2000 y 2001 un individuo que a si mismo se hacía llamar Timetraveler_0 comenzó a comunicarse con otros cibernautas de Internet a través de foros de discusión relacionados con la teoría de viaje en el tiempo; más tarde este personaje se haría conocido como John Titor. En dichos contactos explicó que era un viajero del tiempo, dio a conocer información sobre la ciencia que crearía la máquina del tiempo y sobre su misión como enviado del futuro: haciendo una serie de predicciones de las cuales algunas se cumplieron, razón por la que tras su partida, su fama se extendió rápidamente a través de la Red.

El libro salió a la venta en Amazon el 1º de diciembre de 2003 bajo la autoría anónima de "John Titor". Posteriormente nuevos personajes se sumarían a la historia pero ésta vez de la mano de otros escritores que apoyados en la fama inicial del primer viajero crearon nuevas historias, siguiendo la misma estrategia usada por Larry Haber: la comunicación con cibernautas de Internet.

En diciembre de 2005 un escritor alemán llamado Johann Meier nacido en 1949 en Nieder Ramstadt, publicó el blog Cronolander dónde contaba la historia de dos nuevos personajes: el Cronohistoriador Ethan Jensen y su amigo el Cronosoldado Erik Hanselmann, iniciando con ello una segunda oleada de hoax sociológicos que continuaban con el relato original, sin embargo la identidad de Meier no fue conocida sino hasta finales de 2006 y su historia es más bien una producción independiente.

De este mismo modo, en enero de 2006 y a través de un nuevo blog le siguieron los personajes del Cronopolicía Jack Stevenson y la trabajadora de IBM, Syous Titor (Yvonne Lámek) de otro autor desconocido, para terminar finalmente el año 2007 con la historia de Jacqueline Bienstock y Vinnie Jensen, activistas de Greenpeace enviados del futuro, una secuela del antiguo blog Cronolander.

Actualmente las fuentes originales de estos últimos relatos se encuentran cerradas, dado que según la historia los viajeros del tiempo regresaron a sus épocas de origen, sin embargo gran cantidad de información es posible encontrar en la Red. La comunicación directa entre estos personajes con cibernautas de diferentes países del Globo usando medios como foros, blogs y MSN,la convirtieron en una historia interactiva, plagada de coincidencias y con gran cantidad de adeptos. Al margen de que éstas fuesen o no reales, han sido un tema polémico en foros sobre fenómenos paranormales en la web, al punto que los seguidores lo califican como el mayor mito urbano de Internet.

El 2006 Larry Haber trabajó junto al Director Jay Cheel, el renombrado físico teórico Michio Kaku y el aficionado al modelismo Rob Niosi, en un documental que habla sobre los viajes en el tiempo y la historia de John Titor en una producción llamada Obsessed & Scientific (Obsesionado y Científico).


Historia de los personajes


John Titor

El Cronosoldado: Los mensajes que dejó Titor afirman que era un soldado americano al cual se le asignó la misión de participar en un programa gubernamental de viajes en el tiempo; enviado desde el año 2036 hasta 1975 para conseguir un ordenador IBM 5100, una máquina necesaria para solventar el Efecto 2038, análogo al Efecto 2000, que sufrirán en el futuro los ordenadores con sistema operativo UNIX. Titor dio a conocer varios acontecimientos que tendrían lugar entre 2000 y 2037. Se ha especulado que las predicciones de Titor no están alejadas del futuro, sugiriéndose que los seres humanos hemos sido capaces de crear un futuro alternativo a medida que hemos ido haciendo las cosas de forma distinta. Esto es un ejemplo de todas las posibles interpretaciones que pueden tener las predicciones de Titor, que sin embargo son en apariencia, concretas.

Cuando se le preguntó sobre datos específicos respecto a la tecnología que hacía posible el viaje en el tiempo, respondió que era un soldado y no tenía conocimientos avanzados de ingeniería. Sobre las paradojas contestó que sólo afectan a este universo, pero no al suyo, lo cual implicaría que existen una gran cantidad de líneas temporales diferenciadas, de modo que no se puede elegir una concreta para viajar en el tiempo, pero sí se podría volver al origen fácilmente.

Terminado su relato interactivo John Titor regresó al año 2036, tras lo cual no volvió a tener contacto con las gentes de principios del siglo XXI.


Ethan Jensen

El Cronohistoriador: Pasaron poco menos de tres años después de la publicación del libro de John Titor cuando un segundo viajero del tiempo comenzó a hacerse conocido en la Red: Ethan Jensen (también llamado Ethan Titor), un historiador perteneciente a la Facultad Johanson de Viajes en el Tiempo aseguraba haber sido enviado desde el año 2118 (82 años más adelante que John) para hacer un registro documental de la historia de principios del siglo XXI que sería emitido en el futuro en TV mundial, así como investigar la desaparición de John Titor a quién se le habría cursado una corte marcial a su regreso al año 2036.

Según Jensen, Titor regresó al futuro con el IBM 5100 pero fue condenado a 5 años de presidio por revelar información del futuro durante su estancia en el pasado, siendo liberado por un viajero del tiempo desconocido, momento en el que se perdió su pista. La leyenda del primer Cronosoldado de la historia habría crecido con el paso de las décadas hasta llegado el año 2118 dónde el mismo Ethan Jensen, quién terminaba su carrera como Cronohistoriador, propuso viajar al pasado para develar el misterio de la desaparición de John Titor.

Aquí existen 2 versiones según las cuales quién habría liberado a Titor sería un tal Vates, otra versión explica que fue liberado por el mismo Ethan Jensen y refugiado en alguna fecha dentro del año 2004.

Ya a finales de 2006 Ethan había relatado varias aventuras en el tiempo, y antes de partir anunció que tenía permiso para invitar a una persona de nuestro tiempo al futuro, siendo elegido un joven alemán llamado Erik Hanselmann. En su estancia de un año Ethan Jensen relató y discutió con cibernautas sobre temas de política, religión y cuestiones sobre su gobierno, su misión, su familia, los deportes y acontecimientos futuros hasta el año 2118.


Erik Hanselmann

El Cronoaventurero: Hanselmann (apodado EH) fue una persona común y corriente natural del año 2006, quién según la historia conoció personalmente a Ethan Jensen y fue invitado por éste al futuro. Éste joven alemán habría vivido durante cinco años en el futuro (años 2118 a 2123) formándose como Cronohistoriador en la Facultad Johanson, tras lo cual regresó a una fecha situada un mes después de su partida a finales de 2006 para llevarse a su novia a vivir con él en el futuro de forma permantente. Erik habría regresado en una segunda misión clasificada Top-Secret para rescatar a Syous Titor.


Syous Titor

La Cronoinformática: tras la desaparición de Hanselmann, se tuvo constancia de un nuevo viajero, la joven parisina Ivonne Lámek (apodada Syous Titor) trabajaba para la IBM del año 1975 y en esa fecha habría recibido la visita del mismo John Titor, siendo ella la persona que le vendió el ordenador IBM 5100. Según este relato al momento de efectuar la venta, John Titor era seguido por un agente encubierto que intentó matarlo, tiempo después se sabría que el nombre de este agente era Jack Stevenson. En el momento del incidente John habría activado un teleportador de tiempo proporcionado por Erik Hanselmann, dicho aparato habría trasladado a John con el IBM 5100 directo al año 2036, entanto Ivonne Lámek habría quedado atrapada en el campo abstracto de la máquina, cayendo accidentalmente en el año 2000, permaneciendo desconocida de la historia durante 6 años hasta llegado enero de 2006, Ivonne habría trabajado en una frutería para sobrevivir en el siglo XXI mientras averiguaba que había ocurrido con ella.

Después de algunos meses Ivonne habría leído en un tabloide sensacionalista un artículo sobre una extraña comunicación que tuvieron unos cibernautas españoles con una expedición en la Antártida que se comunicaban por MSN desde el año 2014. Siguiendo esta pista y luego de aprender a usar Internet, Ivonne logró entrar en contacto con el Titor Club de España quienes dejaron un mensaje cifrado permanente en Internet para ser leído en el futuro por el Cronohistoriador en espera de alguna ayuda para Ivonne. Tiempo después sería rescatada por Erik Hanselmann, tras lo cual Ivonne dejó un mensaje en su blog explicando que había sido reclutada como asistente de un Cronoperiodista llamado Jeffrey O'Brian, para trabajar en 1975 en la elaboración de una investigación conocida como Archivo Histórico Único Global: el proyecto que guardaría los documentales realizados por Cronohistoriadores.


Jack Stevenson

El Cronopolicía: Según una investigación que habría realizado Hanselmann, Jack Stevenson sería un agente encubierto miembro de la Policía Global del siglo XXII y provendría de un futuro alternativo dónde la IV Guerra Mundial había creado una nueva civilización humana sumida en la decadencia y el control totalitario. Stevenson tendría por misión detener a los Cronohistoriadores que no existían en su futuro alternativo y por ende significaban una amenaza para el futuro del mundo tal como él lo conocía. Aquí la historia no explica bien cómo fue que se mezclaron dos líneas temporales aparentemente opuestas.

Con información sustraída de una fuente no especificada Jack Stevenson habría seguido a Ivonne Lámek hasta su encuentro con John Titor junto a otros agentes subordinados habrían sido partícipes de esta misión, el hecho causó expectación en los seguidores de la saga cuando miembros fundadores del Titor Club de España aseguraron haber recibido mensajes de Jack Stevenson por correo electrónico exigiéndoles información sobre el paradero de los cronohistoriadores. Por si fuera poco, al mismo tiempo que esto ocurría, el blog de Johann Meier fue hackeado y cerrado bajo un sello aparentemente bien diseñado que decía "Clausurado por Jack Stevenson (Global Police)", tiempo después el blog sería reabierto por el mismo Ethan Jensen.


John Fox

En abril de 2008 un desconocido que asegura venir 800 años en el futuro se da a conocer en diferentes foros de internet con el nombre de John Fox, quien dice conocer a Andrew Carlssin, el cual logró viajar mucho antes a la ciudad de nueva York, en donde de manera extraordinaria logra amasar una inmensa fortuna en Wall Street. Aun John Fox se encuentra tratando de averiguar el paradero exacto de Carlssin, de quien se dice, por motivos de seguridad de parte del Gobierno de los Estados Unidos, está encerrado en la isla de Riker. John Fox manifiesta conocer la información que podría liberar a Carlssin, en donde promete entregar los planos de la Máquina del Tiempo a cambio de la libertad de éste.


Jacqueline Bienstock y Vinnie Jensen

Los Cronoactivistas: En agosto de 2007 nuevos visitantes del futuro se dan a conocer en diferentes foros de Internet, ampliando la historia conocida por los fans. Jacqueline Bienstock de 26 años y Vinnie Jensen de 19 (hijo del crononauta Ethan Jensen), serían los nuevos viajeros del tiempo, ésta vez enviados desde el año 2138 en una misión activista liderada por Greenpeace, Google Inc. y Virgin Group. Según los activistas del futuro, habrían contactado a dirigentes de Greenpeace en diferentes países del Globo para iniciar una campaña ecológica a nivel planetario con base en información proporcionada por la propia organización de Greenpeace que aun existiría en el año 2138. Estos activistas se harían presentes en varias de las actividades que esta organización realiza en el Mundo, entrando en contacto directo con las gentes de nuestro tiempo, hasta principios de 2008, momento en que regresarían al futuro.

Su misión tenía por objetivo rescatar la Patagonia, haciendo referencia a una serie de acontecimientos que se darían entre los años 2008 y 2038 que terminarían por acabar con el ecosistema de estos territorios en el sur de Chile y Argentina.


Rodrigo Jordán y la expedición 2014

El Cronocontacto: Semanas antes de que entrara en la historia Syous Titor, el antiguo correo MSN de John Titor se reactivó y miembros del Titor Club de España sostuvieron una conversación con una expedición que parecía haber encontrado la base secreta en la Antártida, desde donde Ethan transmitía meses atrás. Los integrantes de dicha expedición asegurarón estar escribiendo desde el año 2014 con un ordenador conectado a Internet en una base subterránea recientemente hallada y que disponía de tecnología desconocida. El grupo habría estado compuesto por expedicionarios noruegos, alemanes, argentinos y chilenos, entre ellos Rodrigo Jordán, un afamado montañista chileno quién comandaba la expedición y con quién supuestamente habían estado conversando.

Los seguidores de la saga llegaron a pensar que varias personas de diferentes épocas podrían haber encontrado la base del Cronohistoriador y su tecnología de comunicación, ya que seguidamente se produjo una comunicación masiva con crononautas y otras gentes de distintos puntos de la historia, a estas alturas se hablaba incluso de contactos extraterrestres.


Martin Spierberg

El Cronolimpiador: Aunque hay pocos registros de este viajero, se dio a entender que su función es la de buscar y devolver a su tiempo a personas que realizan viajes temporales de manera ilegal con el fin de lucro personal y poniendo en peligro la continuidad normal de la línea temporal. Se ignora el momento cronológico del que procede, pero parece que intervino en el rescate de la cronoinformática junto con Erik Hanselmann lo que puede facilitar un poco la datación de esta persona.

Su contactos se generan en foros para búsqueda de cierta información y en pocas ocasiones ha resuelto dudas. Los registros por lo general son borrados por el mismo aunque, se sabe, afirmó tiene conocimientos informáticos muy bajos por lo que se supone es acompañado por un Cronoinformático que es el que se ocupa de devolver a los "Ferders" (termino dado a estos viajeros ilegales en referencia al primero que se capturo de ellos, Rey Ferder su crimen jamás fue localizado ni tampoco registros policiales de esta persona) a su tiempo para ser juzgados.


Tecnología

La máquina del tiempo de John Titor funcionaría bajo el principio de la unión de dos miniagujeros negros abiertos en el mismo espacio protegido por potentes campos gravitacinales, lo que crearía un túnel capaz de unir 2 tiempos diferentes. Por su parte, Ethan Jensen hablaba del control del hiperespacio, una tecnología muy avanzada (del siglo XXII) que permitirían a sus máquinas del tiempo ser a la vez medios de transporte geográficos capaces de teletransportarse a diferentes puntos del planeta a velocidad luz.

Tanto John Titor como Ethan Jensen publicaron fotografías de sus máquinas del tiempo. Titor publicó planos de la máquina junto a otros documentos clasificados y fotografías que recuerdan al De Lorean de la película Regreso al Futuro, entanto Ethan presentó una nave en forma de cápsula y fotografías del campo abstracto (túnel de tiempo), del mismo modo ambos crononautas contestaron a innumerables preguntas técnicas de grupos interesados en fenómenos paranormales.


Predicciones

John Titor: La CERN confirmó una teoría de miniagujeros negros propuesta por John Titor un año después de su publicación en la Red.

John Titor: La enfermedad de las vacas locas llegó a Estados Unidos, tal como lo predijo John.

John Titor: EEUU inició una guerra contra Irak bajo la excusa de una supuesta posesión de armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas.

John Titor: El gobierno americano impondría la seguridad sobre la libertad.

John Titor: Guerra civil en Estados Unidos coincidiendo con las elecciones presidenciales de ese país; para entonces "la humanidad se daría cuenta que el mundo tal y como lo conocían había desaparecido". La guerra civil nunca llegó.

John Titor: Tercera Guerra Mundial (en 2015) llegaría seguida de dos décadas de recuperación.

John Titor: Juegos Olímpicos de 2004 serían los últimos de la historia, esto contradice el hecho de que se realizaron ya los juegos olimpicos de Beijing 2008.

Ethan Jensen: La NASA encontraría agua líquida en el planeta Marte para diciembre de 2006: el 6 de diciembre de ese año la NASA publicó las primeras pruebas de agua líquida en el planeta rojo.

Ethan Jensen: El 26 de abril de 2007 el senado americano aprobaría la retirada de tropas de Irak: efectivamente sucedió, pero el presidente George W. Bush anunció un veto a la decisión del senado.

Jacqueline Bienstock/Vinnie Jensen: En agosto de 2007 hacen mención una petición británica sobre territorio Antártico, dos semanas después la petición británica se hizo realidad.

Curiosidades

A diferencia de Titor, Jensen y Hanselmann se comunicaban en idioma Español y Alemán respectívamente, explicando que en el futuro se rompe el paradigma de que un viajero del tiempo necesariamente tenía que ser soldado, norteamericano o de habla inglesa.

El día en que Ethan Jensen regresó al futuro varios miembros de grupos paranormales de la Red aseguraron al mismo tiempo haber sido visitados por el Cronohistoriador mediante aparición repentina.

Según la historia el correo oficial de John Titor sería: john.titor @ hotmail.com; a esta altura del debate los creyentes aseguran que la historia es real y que a través de ese correo pueden contactar a crononautas de otros puntos del tiempo, por su parte los titorfans lo consideran el correo de Johann Meier.

Según Meier las historia de los Cronolander se basaba en un texto escrito por él en 1986 durante el paso del cometa Halley, cuyo título original sería "Cronogea y los 4 Engranes del Tiempo", novela que publicaría a través de su blog el año 2015, cuando según su historia una legión de Cronohistoriadores se hace presente en la Tierra.

Contrario a lo que se asegura en algunos foros, después del primer libro de John Titor ningún libro nuevo ha sido publicado y gran parte de la información fue eliminada desde las mismas fuentes, hecho considerado enigmático que no hizo otra cosa que acrecentar el mito.

El Titor Club de España fue clausurado de la Red en extrañas circunstancias tras conseguir gran cantidad de información por parte de los Cronohistoriadores.

jueves, 3 de julio de 2008

VIAJERO DEL TIEMPO INVIRTIENDO EN WALL STREET


Investigadores federales de los Estados Unidos han arrestado en Nueva York a un enigmático mago de las finanzas de Wall Street, bajo el cargo de realizar operaciones fraudulentas. Se defendió alegando que es un viajero del tiempo que vino desde el año 2256.

Fuentes de la Security and Exchange Commission (SEC) norteamericana confirmaron que Andrew Carlssin, de 44 años, dio esta explicación cuando fue interrogado a causa de su misterioso éxito en el mercado de acciones, luego de ser detenido el 28 de enero del 2003.

Por supuesto, la fuente que dio estos datos desde la SEC dijo que ellos no le creen, y que piensan que es un lunático o un mentiroso patológico.

La cuestión es que, comenzando con una inversión de sólo 800 dólares, en dos semanas logró un portfolio de un valor de más de 350 millones de dolares. Las operaciones que realizó lo fueron capitalizando favorablemente gracias a desarrollos inesperados en empresas, algo que, según consideran los expertos, no puede ser simple suerte.

Según dicen, "la única manera de que lo haya logrado es teniendo información ilegal lograda desde dentro de las empresas. Estará en una celda en la isla Rikers hasta que acepte denunciar cuáles fueron sus fuentes".

El año pasado fue muy malo para inversores y especuladores, sin embargo Carlssin fue capaz de realizar ciento veintiséis operaciones de alto riesgo, resultando ganador todas las veces. Esto llamó la atención de los agentes de vigilancia de Wall Street.

Según la fuente del SEC, si los activos de una compañía crecen debido a una fusión comercial o a un avance tecnológico, se supone que eso debe ser secreto. El señor Carlssin tiene que haber conocido esos datos por adelantado para hacer esas exitosas operaciones.

En una declaración que duró cuatro horas, Carlssin afirmó que viajó hacia atrás por el tiempo más de doscientos años, desde un futuro en el que —dice— es de común conocimiento que nuestra época experimentó —o experimentará— uno de los peores hundimientos de activos en la historia. Al poseer información detallada, estimó que podría hacer una fortuna.

Carlssin alegó que se sintió muy tentado y que había planeado lograr que el crecimiento de su fortuna pareciera natural, ganando por un lado y perdiendo un poco por el otro, para que sus inversiones no se vieran tan perfectas. Pero que, en cambio, se dejó arrastrar por el entusiasmo del momento.

Apostando a la indulgencia de sus captores, Carlssin ofreció hacerles conocer algunos "hechos históricos" que se concretarán en algún tiempo, tales como el descubrimiento del paradero de Osama Bin Laden y la cura para el SIDA.

Segun dice, lo único que quiere es regresar al futuro con su "nave temporal". Sin embargo, se negó a revelar la ubicación de la máquina o discutir cómo funciona, al parecer porque teme que esta tecnología pueda caer en las manos incorrectas.

Los oficiales están muy seguros de que estas afirmaciones del "viajero del tiempo" son puras falsedades, sin embargo debieron admitir que no pudieron encontrar registros de la existencia de ningún Andrew Carlssin antes de diciembre del 2002.

jueves, 27 de septiembre de 2007

QUANTUM LEAP O VIAJEROS EN EL TIEMPO


"Desde tu nacimiento, hasta tu muerte, tu vida forma una linea recta. Si juntamos estos dos extremos, tu vida se vuelve un circulo. Y si este circulo lo hacemos una bola, todos los días de tu vida se tocan entre sí, sin un orden aparente ni específico, lo cual permitiría poder moverse entre estos mismos, saltando hacia atras y hacia adelante, solo dentro de la linea temporal en la que se vive o vivió."

Dr. Sam Beckett

Quantum Leap

Tras una falla en un proyecto sobre el viaje a traves del tiempo, Sam Beckett se ve atrapado en un sinfín de viajes por el tiempo, permaneciendo en cuerpos de personas desconocidas, deseando que el proximo salto sea el último viaje que le devuelva otra vez a casa.

Sam Beckett, un especialista en física cuántica, participa en un experimento de alto secreto muy ambicioso... viajar en el tiempo. El problema viene cuando el experimento falla y Sam se queda perdido en el tiempo entre los años 1950 y 1970.

En cada salto Sam aparece en el cuerpo de personas a las que no conoce y tiene que hacer una tarea determinada para ayudar a las personas que le rodean. Para esta misión no estará solo, cuenta con la ayuda de Al, un compañero del proyecto que se le aparece como un holograma que solo él puede ver y oir quien le ayudará al igual que "Ziggi".

Más allá de la ciencia ficción, la serie de Bellisario es una magnífica evocación de la Historia americana, de sus desilusiones, de sus combates y de sus angustias. Ya que Sam pasa la mayoría de su tiempo (si se puede decir así) en los años 60, período de grandes alborotos en la sociedad americana. Se reencarna en una persona de color (lo que no es una ventaja en el sur de los Estados Unidos), en mujer (lo hace varias veces y eso le provoca serias preocupaciones como cuando lo acosan en el trabajo o está embarazado), en un chico marginal, en artista (fue Elvis Presley), etc. Pero cada vez Sam levanta una seria cuestión sobre la evolución de las costumbres, el miedo de los americanos ante los cambios y las reacciones violentas que eso puede implicar.

La gran calidad de la serie es su diversidad. Saltando de cuerpo en cuerpo y de años en años, Sam se encuentra en situaciones más o menos agradables. Si algunos episodios son comicos, otros son verdaderamente ejercicios de estilo y de clase, mientras que los autores hasta se permiten profundizar en el drama, especialmente en los episodios donde se enfrenta al racismo o a la discriminación de la mujer en sociedades rígidas y conservadoras.

País: EUA

Género: Ciencia Ficción

Título original: Quatum Leap

Creadores: Donald P. Bellisario

Producción:
* Productor ejecutivo: Donald P. Bellisario
* Co-productores ejecutivos: Deborah Pratt (Temporadas de la 2 a la 5), Michael Zinberg (Tempordas de la 2 a la 4), Charles Johnson (Temporada 5)

* Productores: Deborah Pratt, John Hill, Harker Wade, Paul M. Belous, Robert Wolterstorff, Michael Zinberg, Paul Brown, Jeff Gourson, Chris Ruppenthal, Tommy Thompson, Robin Jill Bernheim entre otros.

Música: Velton Ray Bunch

Tema principal: Mike Post

Año de producción: De 1989 a 1993

Reparto: Scott Bakula (Dr. Sam Beckett), Dean Stockwell (U.S. Navy Rear Admiral Albert "Al" Calavicci / The Observer)

Número de temporadas: 5 temporadas (95 episodios)