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martes, 15 de septiembre de 2009

JULIO CÉSAR ARDITA HACKER LATINOAMERICANO

El hacker argentino Julio César Ardita fue condenado tres años en libertad condicional y a pagar una multa de cinco mil dólares por una corte federal estadounidense por delitos informáticos que incluyeron haber robado series de cómputos y contraseñas de la Universidad de Harvard y haber irrumpido ilegalmente en varias computadoras militares de Estados Unidos. Ardita viajó voluntariamente para presentarse en la fiscalía de Donald K. Stern en Boston, Massachusetts, como parte de un acuerdo judicial en el que reconoció su culpabilidad. El castigo de carácter menor impuesto al joven de 24 años fue explicado a Página/12 por una vocera de la fiscalía como "resultado de su completa colaboración". Contrastando con la levedad de la pena, la ministra de Justicia, Janet Reno, se expresó con términos mucho más categóricos, sosteniendo en un comunicado que el Departamento de Justicia estaba decidido a "perseguir a los delincuentes cibernéticos en el país y en el extranjero." Y el fiscal Stern enfatizó que el caso de Ardita "demuestra que nosotros buscaremos traer los cibercriminales ante la Justicia sin postergaciones".

Consultada telefónicamente por este diario, una fuente de la fiscalía dijo que la libertad condicional de Ardita era de tipo abierto (open probation), lo que significa que el ex hacker no tendrá que reportar periódicamente a una oficina judicial o a la policía, como ocurre en otros casos de libertad condicional. También dijo que entendía que Ardita puede viajar a EE.UU. sin que pese sobre él ninguna restricción.

Ardita, que se refiere a sí mismo con el seudónimo de "el gritón" y que tenía un boletín electrónico del mismo nombre, se infiltró en la red informática de la Universidad de Harvard en agosto de 1995. De ese sistema extrajo códigos que le permitieron acceder a las computadoras del Pentágono, la NASA y también a otras universidades norteamericanas como la de Massachusetts y el Instituto de Tecnología de California. Las autoridades judiciales dijeron que también había penetrado ilegalmente en sites de Corea, México, Taiwán, Chile y Brasil.

Fue el Naval Command Control and Ocean Surveillance Center el organismo militar que detectó primeramente las irrupciones del argentino. Con el programa Eyewatch del gobierno, los investigadores encontraron las huellas cibernéticas de Ardita en el sistema de Harvard. En noviembre y diciembre de 1995, una orden judicial permitió que se monitorease la red de la Facultad de Artes y Ciencias de la Universidad de Harvard. Tras detectar a Ardita se dio aviso a la Argentina. Telecom denunció entonces que el hacker había entrado ilegalmente en su sistema Telconet y utilizado la conexión de esa red con Internet para entrar en otros sistemas. Poco después, la policía irrumpía en la casa de Ardita ante el espanto de sus padres: le secuestraron computadoras y fue procesado aquí por estafa.

Como explicación de conducta cibernética delictiva, Ardita dijo que se había sentido tentado a explorar "nuevos desafíos". Las autoridades estadounidenses indicaron que, si bien el argentino había accedido a información "sensitiva" en materia de satélites, radiación y energía, ninguno de los datos obtenidos comprometía la seguridad de EE.UU.

Sin embargo, Estados Unidos demostró un llamativo interés por el caso, que se tradujo primero en una conferencia de prensa de la ministra Reno para detallar las travesuras cibernéticas de Ardita y luego en una visita de sus enviados a Buenos Aires. El fiscal Steven Heyman, acompañado por técnicos del FBI, estuvo en la ciudad a fines de octubre de 1996, cuando interrogó a Ardita y recopiló información. Esa fue la base del acuerdo que el ex hacker terminó cerrando con Estados Unidos.

Más que la importancia de las intromisiones de Ardita, lo que parece haber dado relevancia al caso fue que generó la posibilidad de pinchar legalmente una red informática por primera vez en Estados Unidos para rastrear las huellas de un intruso. Que resultó ser un estudiante argentino que no tenía la más mínima idea de que estaba convirtiéndose en un caso testigo.


Fue de los mejores, pero lo atrapamos


Cuando fue fiscal de estado en Illinois, y después, cuando entró a la policía de investigaciones, le tocó lidiar contra temibles delincuentes de acción: secuestradores, asaltantes de bancos, traficantes de droga. Hoy, Andrew Black, agente especial de la oficina del FBI de San Francisco, vive detrás de una especie absolutamente distinta. Es cazador de piratas informáticos, esos personajes de fin de siglo contra quienes goza disputarapasionantes partidas de ajedrez.

Es así, dice Black, que vino a la Argentina para transmitir sus destrezas a la Policía Federal, invitado por la asociación Software Legal. Cuando uno los tiene identificados trata de hacerlos mover para poder encerrarlos, explicó en una charla con Clarín.

Black y su escuadrón de expertos -la Patrulla Internacional de Crimen Computarizado de San Francisco- se encargaron, por ejemplo, de descubrir a Julio Ardita, el hacker argentino que asombró cuando desde una sencilla computadora instalada en su casa se entrometió en los bancos de datos del Departamento de Defensa de EE.UU., de la Marina de ese país, y de la NASA. Nada menos Black recuerda especialmente al argentino Ardita. Fue un caso fuera de lo común, dice.

Ardita accedió a información confidencial de áreas muy sensibles para los Estados Unidos. Obtuvo información sobre teconología espacial y aérea, y entró a sistemas de universidades donde se hacían investigaciones sobre satélites y radiación, resume el agente Black.

El hacker argentino más famoso operaba desde cuatro o cinco cuentas (números de usuario) que pertenecían a la universidad de Harvard. Cambiaba de una a otra y por eso fue difícil detectarlo.

Finalmente -cuenta Black- supimos que operaba desde la Argentina. Con información que aportó la empresa telefónica, la Policía allanó su departamento y lo detuvo.

No hubo pruebas de que Ardita haya intentado lucrar con la información o hacer algún tipo de daño. Por eso fue condenado a cumplir con un servicio social -dar clases de computación en instituciones públicas- y a pagar una multa de 5.000 pesos.

Ardita fue uno de los mejores hackers que conocí en mi carrera. Es una persona muy hábil y con mucha capacidad. Pero así y todo, lo atrapamos, dice Black.


Habla el hacker argentino que puso en jaque al FBI


Julio César Ardita, el ex hacker argentino más famoso, que en 1995 vulneró los sistemas informáticos de la marina estadounidense y la NASA desde su casa, finalmente accedió a contar su caso a un medio periodístico por primera vez. Clarín lo entrevistó en forma exclusiva, mientras espera turno para cumplir con las condiciones de la probation, las tareas comunitarias que le impuso un tribunal oral a cambio de no ser juzgado por la presunta estafa que habría cometido contra Telecom.

Cuando su causa tomó estado público a fines de 1995, Ardita se refugió en el anonimato, tal como hacía en sus tiempos de hacker para evitar a tomar contacto con la prensa de todas partes del mundo, que buscaba conocer a la persona que estaba siendo investigada por el FBI y el Departamento de Defensa de los Estados Unidos.

En diálogo con Clarín, un hombre del FBI, Andrew Black, experto en encontrar hackers, dijo que Ardita fue uno de los mejores hackers que conocí en mi carrera.

Ardita dialogó con Clarín en un bar frente al Jardín Botánico, donde suele ir a estudiar las pocas materias que le faltan para recibirse de licenciado en seguridad informática en la Universidad Kennedy.

Este joven morocho, flaco y de 1,80 metro de altura, no ocultaba que la entrevista le resultaba incómoda. Tratando de disimular sus nervios, arrancó sin esperar la pregunta: Yo no hice nada malo. No robé ni destruí información. Todavía sigo sorprendido por las repercusiones que tuvo mi caso, dijo intentando romper el hielo. Después, analizó el comienzo de sus dos espinosas causas judiciales. Una en los Estados Unidos, donde lo condenaron a pagar 5.000 dólares de multa y a hacer tareas comunitarias, que, por razones de distancia, en la práctica quedaron sin efecto; y otra en la Argentina por el uso fraudulento de líneas de la empresa Telecom.

En el momento que allanaron mi casa yo no estaba y cuando llegué, a eso de las tres de la mañana, supe que era una demanda de Telecom. Cuando allanaron, sólo estaban mis dos hermanas, que en ese momento estaban jugando al Tetris, y mi hermano Sebastián, recuerda.

- Al declarar ante el juez usted dijo que había ingresado a la red de computadoras de la empresa Telecom a través de una línea gratuita 0800. Y que de allí accedía a la central de la empresa que tenía acceso a Internet, para finalmente ingresar a sistemas informáticos de otros países.

-Técnicamente es así.

-Pero tenía que tener una clave de 14 dígitos y se sospechó que alguien de la empresa le había facilitado la contraseña.

-El tipo de red que tenían permitía recoger información del sistema, entre otras cosas, la clave. Esto cualquier manual de seguridad sobre este tipo de redes lo informa. Lo pude hacer porque había una falla muy grande de seguridad.

- A partir de su caso, se supo que había una actividad misteriosa y clandestina que consiste en infiltrarse en computadoras ajenas. Que quienes lo hacen se hacen llamar hackers. ¿Cómo es el ambiente de los hackers?

-Hoy cambió mucho el ambiente. Hace tres años, como no había Internet, nosotros nos juntábamos más, había más comunicación. Había reuniones donde nos conocíamos personalmente. No es un ambiente como la gente se imagina. Básicamente, son grupos de chicos que en vez de salir de noche a bailar y hacer esas cosas, se metían a investigar con las computadoras. Se trata de jugar un juego mental contra el que hace la seguridad de un sistema informático. El quiere evitar que yo acceda y yo trato de hacerlo. No hay ninguna intención de daño. Al menos en el ambiente real.

Hace pocos días, Ardita cumplió 25 años y desde chico se acostumbró a vivir en distintos lugares del país, de acuerdo con el destino de su padre, que era militar.

Viajábamos mucho- dice-, y conocí muchos lugares. Nací en 1974 en Río Gallegos. La primaria la hice en Jujuy y me gradué con honores. Allí me relacioné por primera vez con una computadora. Después, cuando nos radicamos en Buenos Aires, estudié el secundario en el Dámaso Centeno. Allí, con un grupo de amigos armamos un programa informático para el colegio para las notas y la facturación.

En sus épocas de hacker, Ardita era conocido con el apodo de El gritón, pero aclara que el porqué del apodo es un secreto.

A medida que avanza el diálogo, la tensión inicial se afloja. Entonces sigue contando: La mía era una vida común y corriente. Tenía una novia que se llama Verónica. Las novias son las peores enemigas de los hackers, porque cuando estás solo, tenés el ciento por ciento de atención en la computadora. Cuando yo me puse de novio, mi actividad decayó. Esto pasa en todo el mundo. Si uno analiza a los hackers va a descubrir que en su mayoría tienen menos de 20 años. Porque cuando uno va creciendo, les presta atención a otras cosas. Conoce mujeres o cosas más importantes que la computación y va dejando.

-¿A qué se dedica ahora?

-Estudio y trabajo. Me faltan ocho materias para recibirme en licenciado especializado en seguridad informática. Hace tres años con otra persona pusimos una empresa, que se llama Cybsec, y hacemos consultorías en seguridad informática.


Ardita, de temido hacker a experto en seguridad informática


Antes de cualquier pregunta, Julio Ardita, de 29 años, se toma una pequeña licencia para definir el alcance del término hacker. "Se le decía así a una persona que investigaba, que llevaba los sistemas más allá de lo pueden dar. Bill Gates es considerado un hacker, el que desarrolló Linux, también". Después, se lamenta por la connotación negativa que degeneró el vocablo: "El nombre hackers se fue tirando para el lado oscuro, como alguien que entra en una red, roba información y después la vende".

Hecha la diferenciación, Ardita, aquel joven que, en 1994 y con apenas 20 años, ingresó en los sistemas de la NASA, se ha convertido en uno de los principales referentes a la hora de que las empresas elijan quién defenderá sus sistema de los ataques de los intrusos.

Después de soportar dos procesos, uno en la Argentina y otro en los Estados Unidos -de los que quedó absuelto-, Ardita fundó Cybseg, una empresa de seguridad informática con presencia en varios países de América latina.

Poco afecto a las entrevistas, aceptó hablar con LA NACION en su oficina, atestada de cables, alargues y computadoras, Dice que la mayoría de los ataques es causada por chicos que juegan, que algunas empresas reciben alrededor de 600 ataques por semana y que Internet llevó a que la información se universalice.

"En la Argentina, el 95% de los intentos de ataque es de chicos que están jugando y todo porque Internet creó mucha masividad", dice Ardita. Respecto de los números de los ataques, indicó que algunos de sus clientes "reciben alrededor de 600 ataques por semana".

-Usted dice que el 95% juega, ¿y el otro 5 por ciento?

-Un 4% utiliza herramientas automatizadas, como gusanos. Menos del 1% es el que está intentando algo raro, como robar información. Pero si miras los números, tenemos seis ataques críticos por semana.

-¿Las empresas han tomado conciencia?

-Sí, la mayoría de las empresas tienen sistemas de seguridad.

-¿Cuál es la motivación de ese 95% que juega?

-Hay muchas, pero la principal es tratar de demostrar algo, de llegar de hacer algo. Muchas veces no saben qué es lo que están haciendo, se bajan una herramienta gráfica, ponen una página de Internet y la herramienta corre sola.

-¿Cómo funcionan?

-Hay gente en la Red con un cierto nivel de conocimiento que se junta en la Red. También hay grupos de intrusos.

-¿Cuáles son los más importantes?

-No lo sé, porque continuamente van cambiando, se pelean, se reagrupan, son muy dinámicos. Al principio se reúnen con intereses comunes. La idea es publicar cosas para diferenciarse de los demás, para ser reconocidos. Estos grupos no buscan robar un banco o dinero. Los que hacen daño o buscan robar generalmente son más solitarios.

-Ese uno por ciento que hace ataques críticos, ¿cómo trabaja?

-Depende del nivel de tecnología y de la capacidad que tenga. Es raro que un intruso ataque de un cybercafé porque tiene que tener las herramientas instaladas en la máquina. Una vez que está en la Red, muchas veces atacan directamente a una empresa. Otras, utilizan un puente mediante la conexión a otra empresa y desde allí desactivan todo para que no se los descubra.

-¿Las empresas contratan hackers para defenderse?

-En eso hay mucho de mito. Uno de los lugares desde donde se sacan más expertos son los laboratorios de las universidades.

-¿Cómo trabajan ustedes?

-Tenemos un laboratorio donde probamos los sistemas con las mismas técnicas con las que se los ataca. Tenemos que saber, por lo menos, las mismas herramientas que conocen ellos. Por supuesto que se hacen contratos, convenios de confidencialidad, participa gente de la empresa.

-¿Cuáles son los blancos preferidos de los intrusos en el país?

-Hay de todo. Los bancos reciben muchos ataques, pero en general las empresas que tienen publicidad masiva y si en ella aparece el sitio Web, ese sitio recibe miles y miles de ataques en un día. Otro fenómeno nuevo es que desde hace seis meses a la fecha hay muchos ataques de sitios asiáticos como China y Tailandia.

-¿Hay ataques desde Brasil?

-Sí, hay ataques y además, mucha competencia. Existen intrusos argentinos que entran en las empresas brasileñas y brasileños que atacan las empresas argentinas. Cada vez que juega Brasil-Argentina, se da un fenómeno de ataques antes y después de los partidos de fútbol.

-¿Hay hackers conocidos?

-Yo, en su momento.

-¿Se considera un hacker famoso?

-No, no me considero famoso, simplemente que en su momento mi caso [por el ingreso en la red de la NASA] trascendió bastante.

-¿Hay ataques a sitios del Estado?

-A los intrusos les interesa entrar en sitios militares y del Estado (.mil.ar y .gov.ar). Dentro de su esquema, entrar en ellos les da prestigio.

-¿Lleva mucho tiempo aprender los trucos?

-Hay una pirámide que depende del nivel de cada uno. En la base de esa pirámide está la mayoría. Después hay dos niveles hasta que en la punta están los más evolucionados, que son un 0,3 por ciento.

-¿En que parte de la pirámide se colocaría?

-No me puedo calificar, eso hay que preguntarles a los colegas.


Entrevista a Julio Cesar Ardita en Informe Central
hablando sobre los hackers y la conferencia Defcon

domingo, 3 de agosto de 2008

GARY McKINNON: EL HACKER DEL PENTÁGONO


Gary McKinnon, el británico acusado de hackear el sistema informático del Pentágono será juzgado en Estados Unidos tras perder el miércoles 30 de julio su recurso de apelación para evitar ser extraditado a ese país.

Con el alias de Solo, probablemente como referencia a Star Wars; este hacker se introdujo en cientos de máquinas del Pentágono, la NASA, el ejército de los EEUU y las fuerzas aéreas durante 18 meses.

Se dice que los ataques de McKinnon hicieron que 300 máquinas de la estación de armas navales de Earle en New Jersey quedaran inutilizadas, así como otros 2.000 PCs de Washington.

Cuando sea enviado a los EEUU es muy probable que tenga que enfrentarse a un tribunal militar y a un potencial internamiento en la bahía de Guantánamo. Si se le encuentra culpable podría recaer sobre él una pena de hasta 70 años. Gary sigue afirmando que sólo estaba buscando evidencias de actividad ovni. Y al parecer por lo que dice encontró datos al respecto.

McKinnon, de 42 años, trató de evitar ser extraditado a Estados Unidos llevando su caso al máximo tribunal británico, la Cámara de los Lores.

Sin embargo, cinco jueces lores rechazaron el miércoles su recurso de apelación, por lo que será extraditado a Estados Unidos para responder por lo que el fiscal del caso ha llamado "el mayor ataque informático militar de todos los tiempos".

Admitió que entre 2001 y 2002 había penetrado en el sistema informático del Ejército, la Marina, el departamento de Defensa, así como la Fuerza Aérea estadounidense desde el dormitorio de una casa en Londres, que era propiedad de la tía de su novia; conocido como el 'hacker del Pentágono', no fue nunca juzgado en Gran Bretaña, donde los tribunales británicos dieron luz verde a su extradición en 2006.

La historia del hacker que pirateó al Pentágono... sólo para investigar sobre ovnis

McKinnon, nacido en Glasgow en 1966 luchó durante 6 años contra la extradición a USA, donde arriesga entre 60 y 70 años de cárcel y al pago de una indemnización de US$ 2 millones por intrusión informática en el período de febrero de 2001 a marzo de 2002. Gary McKinnon acepta haber realizado las intrusiones de las que se le acusa. Sin embargo, cuestiona el calificativo de terrorista con que se le ha tratado luego de intervenir sistemas militares estadounidenses.

Trasfondo

El administrador de sistemas es acusado de asaltar 97 computadoras estadounidenses tanto militares como de la NASA. Las redes que presuntamente asaltó incluyen redes propiedad de la agencia espacial NASA, del ejército estadounidense, de la marina estadounidense, del departamento de defensa estadounidense y de las fuerzas aéreas estadounidenses, así como una perteneciente al Pentágono. Los estimaciones de los Estados Unidos afirman que los costes de seguimiento y corrección de los problemas que se generaron y de los que Gary McKinnon es acusado rondan los 700.000 dólares estadounidenses.

McKinnon fue seguido originalmente y arrestado bajo la "ley de uso indebido de computadores" (Computer Misuse Act) por la unidad de delitos tecnológicos británica en 2002, y más tarde ese año fue inculpado por el gobierno de USA. Permaneció en libertad condicional, y durante ese periodo debía presentarse en las oficinas policiales cada tarde y estar en casa cada noche. Además se le prohibió el uso de una computadora con acceso a internet. No ha habido desarrollos posteriores en relación a los cargos por los que se le acusa en el Reino Unido, pero USA comenzó en 2005 los trámites formales para su extradición.

En una entrevista televisada por la BBC, alegó que pudo acceder a redes militares tan sólo usando un script en Perl que buscaba contraseñas que tuvieran cero caracteres; en otras palabras su alegación sugería que en esas redes existían computadoras con la contraseña por defecto aún por activar.

El método más sencillo: el backdoor

El 2001 fue el año de los atentados en el World Trade Center, pero el hacker británico logró mantenerse activo y burló todas las barreras de seguridad por cerca de 12 meses. Uno de los daños que causó afectó a las redes de defensa de Washington D.C., donde mantuvo desconectados de internet y sin acceso a email a unos 2 mil usuarios por tres días, dice la acusación, que incluye un total de ocho cargos en 14 estados diferentes.

Según USA, las pérdidas económicas que causó alcanzan los US$ 900.000. Mackinnon empleó un mecanismo distinto al usado habitualmente por los hackers y que consiste en instalar un mecanismo conocido como backdoors (puerta trasera) y que da acceso a los PC.

El pirata usó un software que descargó gratuitamente de internet, llamado RemotelyAnywhere. Se trata de una herramienta para empresas que permite tomar el control a distancia de un PC y acceder a los archivos que este posee. La diferencia es que no genera una respuesta de softwares antivirus, como si lo hacen los backdoors.

Para bajar el software, Mackinnon proporcionó el email de su novia y luego instaló copias en los PC del sistema de defensa de USA. Esta pista permitió rastrearlo y determinar que descargó información sensible, pero no clasificada sobre temas como construcción de barcos y municiones.

Ex empleado de Corporate Business Technology, una empresa de telecomunicaciones donde trabajó por 10 meses hasta 1999. Se desempeñaba como administrador de redes monitoreando unos 50 computadores. Sus compañeros de trabajo lo definen como una persona tranquila y anodina. Renunció porque le parecía aburrido, pese a que no tenía otras ofertas laborales. Mensajes que dejaba en foros de internet revelan que sabía desbloquear teléfonos celulares y que sabía de sistemas de seguridad.

Todo por los ovnis

Considerado autor del mayor caso de piratería informática sufrido por el Gobierno estadounidense, McKinnon tuvo su primer ordenador a los 14 años y desde entonces ha sido un apasionado de esos aparatos.

Autodidacta y aficionado a las historias de platillos volantes, Solo dejó el colegio con 17 años y comenzó a trabajar como peluquero.

Sin embargo, en los primeros años de la década de los 90, alentado por algunos amigos, se matriculó en un curso de informática y logró un título que le permitió comenzar a trabajar en ese sector.

A finales de ese decenio, McKinnon decidió utilizar sus habilidades para llevar a cabo una "investigación" sobre un asunto del que está firmemente convencido: que el Gobierno estadounidense está ocultando información sobre los ovnis.

"No se trataba de un interés por hombrecillos verdes o por platillos volantes. Creo que hay naves espaciales, o que ha habido naves espaciales, de las que la sociedad no tiene conocimiento", explicó en una entrevista a la cadena británica BBC.

Pero su investigación, durante la que supuestamente borró archivos importantes y copió un documento con nombres de usuarios, acabó convirtiéndose en una obsesión: perdió su trabajo y su novia lo dejó.

"Hubo un momento en que dejé de ducharme. No me cuidaba, no comía adecuadamente. Estaba todo el día sentado en casa en pijama, haciendo esto (acceder a los ordenadores de USA) toda la noche", explica.

Las actividades de McKinnon, del barrio londinense de Wood Green, habían pasado inadvertidas hasta que un día comenzó a dejar pistas. Cuando el departamento de delitos tecnológicos del Reino Unido dio con él finalmente en 2002, Solo se sintió aliviado.

"Creo que quería que me pillaran, porque estaba arruinando mi vida", confiesa a la BBC. Entonces pensó que sería juzgado en el Reino Unido y condenado como máximo a tres o cuatro años de prisión. Pero USA decidió presentar cargos contra él que podrían suponer una condena de toda una vida de cárcel e incluso, según temen sus propios abogados, su confinamiento en Guantánamo (Cuba).

En Gran Bretaña se le ha prohibido usar Internet, y tiene la obligación de presentarse regularmente a firmar en una comisaría. Desde hace tres años, McKinnon luchaba contra su extradición y en Internet hay un sitio en el que se recaban apoyos para su causa. Solo, que asegura que su intención no fue nunca perjudicar la seguridad de USA, ya ha anunciado que recurrirá la sentencia dictada.

McKinnon, quien admitió haber "hackeado" las computadoras, pero dijo ser un obseso de los ordenadores que buscaba sólo informaciones sobre OVNIs. Su abogado alegó que actuó por curiosidad y que pudo acceder a los sistemas por su baja seguridad, por lo que las consecuencias de su extradición son "desproporcionadas".

Las autoridades estadounidenses lo acusan en cambio de robar 950 pasaportes y de borrar documentos, lo que convierte su comportamiento en parte en algo similar a un acto terrorista. En Reino Unido McKinnon fue arrestado en 2002 pero nunca fue acusado.

"Gary McKinnon no es un terrorista ni simpatiza con los terroristas", señaló se abogado. Los defensores anunciaron que apelarán al Tribunal de Justicia Europeo de Derechos Humanos.

Ovni en un servidor de la NASA

Gary El legendario hacker afirma que ha encontrado una fotografía de un ovni en un servidor de la NASA; asegura que logró intervenir los sistemas militares estadounidense debido a que usaban Windows en servidores expuestos. Respecto al tema de la foto del ovni, explica que "fue fantástico; definitivamente, el evento que coronó toda mi búsqueda. Era la fotografía de algo que de ninguna manera pudo haber sido creado por seres humanos".

McKinnon relata que el objeto de la imagen se parecía a un satélite y que tenía forma de cigarro. A su juicio se trata de una nave espacial capturada por las fuerzas armadas estadounidenses y que la NASA ha logrado desarmar con el fin de utilizar su tecnología en futuras operaciones militares. Eso sí, no está totalmente seguro de si se trata de una imagen manipulada realizada por un diseñador en Photoshop.

Consultado sobre si guardó una copia de la imagen, respondió que el programa usado para intervenir el servidor, una aplicación Java, no tenía dicha función. Según su versión, utilizaba conexión de módem y tuvo que reducir una imagen de alta resolución a cuatro bits para descargarla en relativamente poco tiempo. Y entonces es cuando vio el ovni.