miércoles, 21 de noviembre de 2007

DIME COMO VES A LOS DEMAS Y TE DIRE COMO ERES


Había un anciano cuáquero qué sentado en el brocal del pozo de la aldea, saludaba a los cansados viajeros que pasaban por ahí.


Y a cada uno que le preguntaba:
¿Qué clase de gente vive por aquí?,

él les respondía con otra pregunta:
¿Qué clase de gente encontraste en tu última morada?
Si el viajero decía que había dejado un vecindario donde la gente era alegre y simpática, agradable y amante de la diversión, el cuáquero le respondía confiadamente que en su pueblo los encontraría iguales.


Para aquellos viajeros que se quejaban de que habían dejado un pueblo donde la gente era desagradable e iracunda, el patriarca les decía moviendo la cabeza tristemente:
Por desgracia, aquí los encontrara iguales.


Un joven que estaba escuchando todo lo que el cuáquero decía extrañado le preguntó a éste,
¿Por qué le responde a las personas que encontrarán la misma gente que la que encontraron en su última morada?

Y el patriarca con una sonrisa en sus labios respondió:
Por que el problema no es al pueblo al que llegues, sino la actitud que tomes en él.
La vida es como un espejo, la cara que tú le muestres es el reflejo que tendrás.

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