domingo, 9 de diciembre de 2007

INSTANTES


Si pudiera vivir nuevamente mi vida
En la próxima trataría de cometer más errores
No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más.

Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad,
sería menos higiénico.

Correría más riesgos, haría más viajes,
contemplaría más atardeceres, subiría más montañas,
nadaría más ríos.

Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivía sensata
y prolificamente cada minuto de su vida;
claro que tuve momentos de alegría.

Pero si pudiera volver atrás
trataría de tener solamente buenos momentos.

Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,
solo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que nunca iba a ninguna parte sin termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas;
Si pudiera volver a vivir, viajaría mas liviano.

Si puediera volver a vivir, comenzaría a andar descalzo
a principios de la primavera
y seguiría así hasta concluir el otoño.

Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres
y jugaría con más niños,
si tuviera otra vez la vida por delante.

Pero ya tengo 85 años y se que me estoy muriendo.


Jorge Luis Borges

viernes, 7 de diciembre de 2007

PARADOJA DE LA PROXIMIDAD


El rabino Eisik, hijo del rabino Jekel, habitante del ghetto polaco de Cracovia, soñó una noche que debía viajar a Praga, la distante capital bohemia, donde lo esperaba un tesoro oculto, enterrado bajo el puente principal de la ciudad que conducía al castillo de los reyes. La nitidez del mensaje onírico lo perturbó durante algunas horas, pero muy pronto lo dejó en el olvido. La vida diaria resultaba muy laboriosa y el rabino era un hombre pobre que requería trabajar para ganarse el pan. La anécdota no lo hace explícito; sin embargo, ha de inferirse que los sueños no representaban una dimensión importante para él.

Después de algunas noches sin recordar nada a la mañana siguiente, el rabino volvió a soñar el mismo sueño. Otra vez se le apremiaba para que dejara su ciudad y fuera en busca de ese tesoro prometido. Y aunque de nuevo el tiempo de todos los días evaporó la urgencia del requerimiento soñado y deshilvanó la sorpresa de su vigilia, mucho más perturbadora que en la primera ocasión, Eisik comenzó a creer que el sueño contenia un llamado concreto y desatenderlo podria resultarle fatal. Consultó el asunto con un viejo rabino y este le confirmó que aquella era una vía utilizada por el espíritu para comunicarse con los hombres e instruirlos al dormir. Luego pasaron los días y esto lo olvido.

Dos llamados, dos omisiones. El rabino Eisik mantuvo su rutina cotidiana, sin embargo, otra vez se repitió el sueño y tras la tercera llamada, lió los bártulos valerosamente y se puso en camino. El viaje fue dificultado por su pobreza y al llegar a Praga, se encontró con que había varios centinelas en el puente sugerido en su sueño, que lo custodiaban día y noche; así que no se atrevió a cavar. Se limitó a ir cada mañana a merodear por el lugar hasta el anochecer, mirando el puente, observando a los centinelas y estudiando discretamente la albañilería y el suelo, hasta que tanta persistencia llamó la atención a un capitán de la guardia.

El oficial, extrañado ante la persistencia, se acercó a él y le preguntó cortésmente si había perdido algo, o quizá esperaba la llegada de alguien. El rabino Eisik le contó con sencillez y confianza el sueño que había tenido. El oficial se echó hacia atrás con una carcajada. "¡Mi pobre amigo!, ¿de verdad?" dijo el capitán, "¿y has gastado tu calzado viniendo hasta aquí por un sueño? ¿Quién en sus cabales creería en un sueño? Pues te voy a decir una cosa: si yo creyese en los sueños, ahora mismo estaría haciendo exactamente lo mismo que tú. Habría hecho la misma peregrinación, sólo que en dirección contraria, aunque sin duda con el mismo resultado. Deja que te cuente mi sueño". Era un oficial amable a pesar de sus fieros bigotes, y el rabino sintió simpatía hacia él. "He soñado" dijo el oficial de la guardia, "que una voz me hablaba de Cracovia, y me ordenaba que fuese allí y buscase un gran tesoro que había en casa de un rabino judío llamado Eisik, hijo de Jekel; que encontraría el tesoro enterrado en un sucio rincón detrás de la estufa, ¡Eisik, hijo de Jekel!" volvió a reír el capitán con los ojos chispeantes, "Imagínate: ir a Cracovia… y ponerme a derribar las paredes de todas las casas del ghetto: porque la mitad de los hombres se llamarán sin duda Eisik y la otra mitad Jekel! ¡Eisik, hijo de Jekel, nada menos!" y siguió riéndose de esta broma maravillosa. El modesto rabino escuchó con atención; luego, tras una profunda inclinación, y dar las gracias a su desconocido amigo, emprendió a toda prisa el largo regreso a su casa, cavó en el rincón abandonado de la estufa, y encontró un tesoro que puso fin a su miseria; y con una parte del dinero, erigió una casa de oración que aún hoy lleva su nombre.

Así, pues, no está lejos el tesoro que pone fin a nuestra miseria y nuestros agobios. No hay que buscarlo en ninguna región lejana; está enterrado en nuestra propia casa, o sea, en nuestro propio ser. Se halla detrás de la estufa, detrás del centro que da calor y vida a la estructura de nuestra existencia, en lo más recóndito de nuestro corazón… con tal que podamos cavar.

Pero lo cierto es que sólo después de un viaje fiel a una región distante, a un país extranjero, a una tierra extraña, se nos puede revelar el significado de la voz interior que debe guiar nuestra empresa. Y junto con este hecho persistente y singular hay otro, a saber: que quien nos revela el significado de nuestro mensaje interior ha de ser un desconocido, de otro credo y de una raza extranjera. El capitán bohemio del puente no cree en las voces interiores ni en los sueños; sin embargo, revela al desconocido llegado de lejos el mensaje que termina con sus tribulaciones y da cumplimento a su búsqueda. Tampoco hace esto de manera intencionada; al contrario, entrega el trascendental mensaje de manera inadvertida, al hablar especialmente del suyo.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

SUEÑO DE UNA TARDE DOMINICAL EN LA ALAMEDA CENTRAL


El mural de Diego Rivera que lleva este título, fue pintado al fresco en 1947, mide 4.70 x 15.60 mts. y tiene un peso de 35 toneladas, incluyendo una estructura metálica que lo refuerza.

Originalmente fue realizado por Rivera para un hotel muy importante en el Centro Histórico de la ciudad de México, el Hotel del Prado (destruido en los sismos de 1985) y actualmente está ubicado en el Museo Mural Diego Rivera, creado especialmente para preservar el mural, considerado uno de los mas conocidos visualmente de la fructífera etapa del Muralismo Mexicano.

Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central del pintor Diego Rivera, constituye una obra del muralismo mexicano que además de plasmar una síntesis histórica de México, genera su propia historia. A través de una lectura por los diversos planos en que se estructura el mural, vemos aspectos que caracterizan a los diversos protagonistas en su tiempo histórico y como el texto pictórico transcribe la situación política que vivía el país, en el año de su producción.

Plasmó momentos de la vida política y social en la historia de México, un México visto a través de siglos pasados, en donde la Alameda ha sido testigo presencial de diversos acontecimientos.

Rivera inicia el mural en 1947 por encargo del arquitecto Carlos Obregón Santacilia para decorar uno de los muros del salón Versalles, en el hotel del Prado. En la realización de la obra, Rivera hace uso del espacio de una manera saturada, el manejo de dos planos; el real y el onírico, planos en donde varios de los personajes evocan recuerdos a través del sueño. Pictóricamente la evocación de los sueños se reconstruye a través de un desdoblamiento en la imagen representada en los espacios vacíos.

En la división del espacio identificamos cuatro planos (superior, medio, segundo y primer plano).
El plano superior es el de la arquitectura y la vegetación; representada a través del follaje de los árboles, las construcciones arquitectónicas nos ubican en la etapa de la Colonia (extremo izquierdo), mientras que en el fragmento derecho, nos encontramos con la representación de un México moderno.

Entre las construcciones del periodo Colonial identificamos: la Iglesia de San Diego, el Pabellón Morisco (espacio sustituido por el Hemiciclo a Juárez) y el quemadero de la Santa Inquisición (hoy Pinacoteca Virreinal).

En el extremo superior derecho se ubica el México de los años cuarenta, identificado por una serie de construcciones modernas, entre las que figuran: el Palacio de Bellas Artes, la plaza de toros, el Banco de México, algunos edificios de departamentos, el monumento a la Revolución, etc. En el nivel medio superior, sobresalen tres figuras: Benito Juárez, Porfirio Díaz, Francisco I. Madero, figuras claves en la evolución histórica de México que nos ubican en tiempo y espacio. En un segundo y primer plano, se encuentran la mayor parte de personajes que figuran a través de los diversos segmentos en que se ha dividido el mural. Este mural pone en evidencia el manejo de dos planos; el real y el onírico, planos en donde varios de los personajes evocan recuerdos a través del sueño.Entre los personajes cuyos sueños son evocados se encuentran en el primer plano (izquierda-derecha):

Un anciano soñando en los tiempos del General Santa Anna. Una mujer anciana recordando al padre de su hijo. Un chinaco borrachín soñando en buenos momentos. A su lado, un ex-militar recordando los tiempos del Imperio de Maximiliano de Habsburgo. Continuando con el segundo segmento, Nicolás Zúñiga Miranda soñando con la presidencia de México en tiempos del Gral. Díaz .

Deteniéndonos en el segmento central, en primer plano ubicamos a la familia de Porfirio Díaz: Luz Díaz (hija de Porfirio Díaz) del brazo de Carmen Rubio de Díaz (segunda esposa de Díaz), detrás de la hija, se encuentra Delfina Ortega (primera esposa de Porfirio D.), en la parte central, Diego niño (vestido al estilo de las familias burguesas), junto a él, la Catrina y su creador: José Guadalupe Posadas, hombre a quien Rivera admiró desde su infancia por ser en términos de Cardoza y Aragón: " un evangelista del grabado" quien supo captar y expresar el sentir del pueblo mexicano, así se explica, en este primer plano, la mirada atenta y solidaria de Posadas hacia la Revoltosa, mujer de origen chiutlahua, vestida de amarillo, quien con un garbo natural muestra al espectador su pantorrilla izquierda, mientras un gendarme (representante del orden social) le impide circular por la Alameda, espacio destinado durante el periodo porfirista, al tradicional paseo dominical de "las personas decentes". Detrás de Diego niño, la pintora Frida Kahlo posa su mano sobre el hombre izquierdo de Diego, en señal de apoyo. En su mano derecha, ella lleva el símbolo chino del yin y yang, símbolo de la complementación entre ellos.

Con respecto al vestuario, llama la atención, la oposición de los trajes, estilos que meten en oposición lo nacional / extranjero. Identificamos el vestido de Frida y la Catrina, en un estilo mexicano, que se opone a los vestidos que portan las damas porfiristas, identificadas con el gusto de la moda francesa. Asimismo, el sombrero y las pieles de las damas (estolas, boas, colas de zorro etc) constituyen el rasgo de distinción entre las mujeres. Haciendo gala de protagonista principal, la Catrina porta un exagerado sombrero y sobre su cuello luce una serpiente de plumas como representación de Quetzalcóatl (serpiente emplumada) signo de una doble connotación que en apariencia la identifica con las clases altas pero que al mismo tiempo viene a ser la representación de un símbolo nacional, obsérvese también la semejanza en las faldas de la Catrina y Frida, así como en las cintas que entretejen sus cabellos.

Cerrando el segmento y dando apertura al tercer segmento, nos encontramos con las niñas del primer plano, identificadas en su condición de clase, por el vestido y las expresiones de sus rostros. Signos que a nivel pictórico marcan las diferencias de clase social; en la niña indígena la mirada asciende, su brazo sobre la cabeza, en actitud de protección ante la superioridad del gendarme revela la inferioridad e impotencia ante la superioridad de la "justicia".

En oposición, la niña rubia dirige la mirada en una linealidad horizontal hacia la niña campesina: igualdad lineal ante desigualdad en la vestimenta y laubicación. A ello se incluye el perro ubicado en el espacio de los privilegiados y cuya actitud (a travé del ladrido) es de rechazo a la familia campesina. En oposición a la niña campesina; la niña de blanco; abraza a su muñeca, en señal de protección, su sonrisa muestra seguridad, mientras que en la niña campesina, se observa un rostro de temor e incomprensión ante la interdicción. detrás de la niña de blanco, los padres de espalda, en actitud de indiferencia ante el suceso, pues el custodio del orden asegura la tranquilidad para las clases acomodadas, quienes circulan por la parte central, en la que se ubica el kiosco y los músicos para amenizar el ambiente festivo del paseo dominical. El representante del orden viene a marcar iconicamente, los límites del espacio entre una y otra clase social. El padre de la familia campesina ve con indignación al gendarme quien lo ha empujado del hombro hacia el extremo derecho, espacio de los humildes. Un joven indígena, al lado de la mujer campesina (primer plano) esconde un cuchillo en la espalda, su actitud es de alerta y decisión ante cualquier acto violento que pudiera sucitarse, hacia los de su clase, en forma ascendente un joven con pistola da apertura al campo de batalla.

Presidiendo la lucha revolucionaria aparece Emiliano Zapata sobre su caballo. Hacia la derecha, resalta la figura Francisco I Madero, iniciador de la Revolución mexicana, a quien las manos aclaman por haber derrocado a Porfirio Díaz. En forma descendente el General Francisco J. Mujica, forma parte de la trilogía del pueblo: campesino, soldado y obrero. En este segmento, se observa la situación que vivía el país con respecto a los ideales de la Revolución y el régimen presidencial de Miguel Alemán (1946-1952).

El México moderno de la década de los cuarentas (vease fragmento superior derecho del mural completo) se constituye por la figura presidencial, acompañada de su consejero, el entonces arzobispo Luis Gonzaga y María Martínez (superior derecha). Descendiendo se encuentra la representación de la emergente burguesía.
Iconos reveladores de la corrupción del sexenio alemanista: son el hombre de los cientos de millones, quien con una mano abraza a la mujer del árbol, mientras con la otra, sostiene los billetes.

Asimismo la caja fuerte de Cinycomex, SA de RI (Sociedad anónima de recursos ilimitados), quien en esos momentos manejaba enormes cantidades de dinero.

A través de algunas figuras del tercer segmento, Rivera transcribe la época de producción del mural (1947), étapa del periodo alemanista (1946-1952) en que los intereses de la nación, se postulaban en aras de una modernidad; en 1946 Miguel Alemán, llegaba al poder con un proyecto nacional bien definido, en el que su programa de modernización se inscribía en el marco del desarrollo económico capitalista.

iertamente, el muralismo había surgido como producto de la Revolución Mexicana y sus mejores resultados los había dado en función de ese ideal. A Diego Rivera, le proporcionó la definición de un estilo personal y original; su obra en general, da muestra de gran habilidad en el retrato, a través de trazos simplificados revela una preocupación por captar detalles de la vida cotidiana en la historia de México.

La corriente nacionalista en la que se circunscribe este mural, fue producto de las contradicciones de una nación que se debatía entre los intereses socialistas del antiguo régimen de Lázaro Cárdenas y el capitalismo del gobierno de Miguel Alemán, cuyo proyecto de modernización económico y político se sustentó en una ideología de corte desarrollista. El muralismo constituyó entonces, un arte nacionalista que había adquirido estilo y formas personales en cada uno de sus representantes. Su grandeza consistió en recoger la experiencia de la tradición europea y reproducirla en el contexto de la realidad mexicana, con una visión crítica.

lunes, 3 de diciembre de 2007

CALLEJERO

Era callejero por derecho propio;
su filosofía de la libertad
fue ganar la suya, sin atar a otros
y sobre los otros no pasar jamás.

Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño
que condicionara su razón de ser.
Libre como el viento era nuestro perro,
nuestro y de la calle que lo vio nacer.

Era un callejero con el sol a cuestas,
fiel a su destino y a su parecer;
sin tener horario para hacer la siesta
ni rendirle cuentas al amanecer.

Era nuestro perro y era la ternura,
esa que perdemos cada día más
y era una metáfora de la aventura
que en el diccionario no se puede hallar.

Digo "nuestro perro" porque lo que amamos
lo consideramos nuestra propiedad
y era de los niños y del viejo Pablo
a quien rescataba de su soledad.

Era un callejero y era el personaje
de la puerta abierta en cualquier hogar
y era en nuestro barrio como del paisaje,
el sereno, el cura y todos los demás.

Era el callejero de las cosas bellas
y se fue con ellas cuando se marchó;
se bebió de golpe todas las estrellas,
se quedó dormido y ya no despertó.

Nos dejó el espacio como testamento,
lleno de nostalgia, lleno de emoción.
Vaga su recuerdo por los sentimientos
para derramarlos en esta canción.


Alberto Cortez

sábado, 1 de diciembre de 2007

CUETLAXOCHITL, POINSETTIA O FLOR DE NOCHEBUENA

Su nombre náhuatl es tlazóchitl, que significa “flor que se marchita”, los aztecas la llamaban cuetlaxóchitl, pues para ellos simbolizaba la sangre de los sacrificios que los indígenas ofrendaban al sol para renovar sus fuerzas.

La flor de nochebuena o cuetlaxóchitl es originaria de México. En lengua náhuatl cuetlaxóchitl significa: flor de pétalos resistentes como el cuero. Entre los pueblos mesoamericanos, particularmente entre los mexicas, el cultivo de flores y plantas tenía gran importancia.

Las flores tenían, para estos pueblos un gran significado tanto en la vida religiosa como en la cotidiana. En el México precortesiano, la flor de cuetlaxóchitl constituía un símbolo que correspondía a la "nueva vida" adquirida por los guerreros que morían en batalla.

A la flor de cuetlaxóchitl se le dio el nombre de flor de nochebuena porque normalmente florece en diciembre.
La Flor de Nochebuena se usó por primera vez en las fiestas navideñas del siglo XVII, en Taxco, Guerrero. Un grupo de monjes franciscanos que había llegado al lugar las recolectó en los campos cercanos, donde crecían en forma silvestre, para enmarcar una procesión conmemorativa de la Natividad, llamada Fiesta del Santo Pesebre, iniciando así una tradición en la localidad.

Durante la época de la Colonia, los mexicanos comenzaron a usarlas para engalanar sus nacimientos, adornar las iglesias y formar guirnaldas decorativas. Desde entonces, la Cuetlaxóchitl ha estado ligada a la Navidad en nuestro país.
La historia nos revela que el diplomático Joel Robert Poinsett, quien fue embajador de Estados Unidos en México de 1825 a 1829, conoció la Flor de Nochebuena cuando viajó una Navidad a Taxco y visitó la Iglesia de Santa Prisca, engalanada con las flores de Nochebuena. Quedó fascinado con su exótica belleza y llevó algunos ejemplares de la planta para cultivarlos y propagarlos en los invernaderos que tenía en su casa, en la población de Greenville, Carolina del Sur.

Poinsett ayudó a difundir la planta, enviando ejemplares a varios de sus amigos horticultores y a muchos jardines botánicos de Estados Unidos y Europa. A la Flor de Nochebuena se le conoce como Poinsettia en Estados Unidos y otros países de habla inglesa, en recuerdo de quien la propagara y popularizara como adorno de Navidad.

A esta flor se le puede dar la poética acepción de "flor hiemal", es decir, flor invernal. Esta planta maravilló y sigue maravillando a los habitantes de los países nórdicos, al ser capaz de florecer bajo los crudos inviernos por lo que es especial durante esta época festiva del año.

Desde el siglo Diecinueve, la Flor de Nochebuena formó parte del ornato de los templos europeos en las fiestas navideñas y se sabe que la Basílica de San Pedro en el Vaticano fue adornada con Cuetlaxóchitl la noche del 24 de diciembre de 1899, provocando la admiración de todos los visitantes por la belleza del regalo de Navidad de México al mundo.

En nuestro país, la Cuetlaxóchitl es conocida con distintos nombres. En Chiapas se le conoce como Sijoyo y en Durango como Catalina; en Guerrero, Michoacán, Veracruz e Hidalgo, como Flor de Pascua y en Oaxaca como Flor de Santa Catarina. También hay quienes la llaman Flor de Fuego o Bandera.

Fuera de México, es conocida como Hoja Encendida en Centroamérica; como Corona de los Andes en Chile y Perú y simplemente como Flor de Navidad en Venezuela. En Argentina se le conoce como Estrella Federal, por haber sido el símbolo que en el siglo Diecinueve escogieron las fuerzas federalistas que combatieron a quienes pugnaban por la implantación del centralismo en ese país y es la flor nacional.

La apariencia de la Flor de Nochebuena es ahora muy diferente de las que Poinsett encontró en las zonas tropicales de México. Los horticultores han desarrollado arbustos de poca altura para decorar interiores durante las fiestas decembrinas, así como plantas de colores amarillo, rosa, blanco o crema, durazno y rojos más vivos, gracias a la hibridación. Estas nuevas plantas retienen su color por muchas semanas, engalanando templos, hogares, oficinas, comercios y avenidas durante diciembre y enero.

En Francia y Holanda, los floricultores también la cultivan con ese método y la exportan a todo el mundo. En los Estados Unidos se producen y venden cada diciembre más de 80 millones de Poinsettias.

Los aztecas usaban el jugo lechoso y blanco o látex de la Cuetlaxóchitl, para elaborar una medicina contra la fiebre, así como el extracto de sus brácteas, mezclado con resina de pino, para teñir de rojo escarlata artículos de cuero, telas y cosméticos.

La Flor de Nochebuena también fue utilizada por el médico español Francisco Hernández, durante el siglo Dieciséis, como un medio para aumentar la leche de las mujeres que amamantan.

En la medicina tradicional indígena, las cataplasmas y fomentos de Cuetlaxóchitl se aplican para tratar la erisipela y algunas otras enfermedades de la piel.
Como dato curioso, Cuetlaxóchitl o Flor que se Marchita, lo que hoy llamamos Nochebuena, fue la primera reina de Azcapotzalco.

Cuanta la leyenda la historia de una niña mexicana muy pobre. Lloraba en Nochebuena camino a la iglesia, porque no tenía regalo alguno para dejar al Niño Jesús en el altar de la iglesia de su pueblo, mientras rezaba con mucha devoción, pidiendo se le concediera obtener un regalo valioso.

Sus sinceras oraciones fueron escuchadas y un ángel se le apareció repentinamente. Le dijo que cortara algunas ramas de las plantas que crecían cerca del camino para llevarlas a la iglesia. Cuando la niña llegó al altar con su manojo de tallos, como humilde ofrenda, ocurrió un milagro. Al contacto con las lágrimas, que aún caían de sus ojos, de las ramas brotaron bellas flores rojas.

Así aparecieron las primeras Nochebuenas, debido al fervor de una niña afligida, quien ya tuvo en sus manos un regalo digno para darles al Niño Jesús y a su madre, la Virgen María.

jueves, 29 de noviembre de 2007

EL GRAN HOTEL CANTOR... UN HOTEL INFINITO


La historia empezó cualquier día de un año perdido en el pasado, cuando dos arquitectos ambiciosos planeaban construir un hotel muy grande:

—¿Qué te parece si construimos un hotel con 1 000 habitaciones?

—No, porque si alguien construyera uno de 2 000 habitaciones, nuestro hotel ya no sería tan grande. Mejor hagámoslo de 10 000.

—Pero podría ser que alguien construyera uno de 20 000 y volveríamos a quedarnos con un hotel pequeño. Construyamos un hotel con 1 000 000 de habitaciones, ése sería un hotel grande.

—Y qué tal si alguien construyera uno con...

Y así siguieron discutiendo por horas, hasta llegar a la conclusión de que la única manera de tener un hotel grande de veras era construyendo uno que tuviera un número infinito de habitaciones.
La obra duró muchos años, pero, al final, ahí estaba: el Gran Hotel Cantor.
En poco tiempo, el hotel obtuvo fama no sólo por ser el más grande del mundo, sino también por ser uno de los lugares más extravagantes para vacacionar. Gente de todo el mundo llegaba al hotel para hospedarse aunque fuera sólo una noche.

Aunque parezca increíble, había días en que el hotel estaba lleno, pese a lo cual seguía entrando gente que no se quedaba sin habitación.

Quizá se pregunten por qué sé tanto del Gran Hotel Cantor, pero no es ningún misterio: mi papá trabajó ahí durante algunos años; era el recepcionista.

Le encantaba contarme historias del hotel. Mi favorita era la del nombre: se llamaba Gran Hotel Cantor en honor a Georg Cantor, que fue un matemático ruso que inventó el infinito, según mi papá. A mí me sonaba como si el tal Cantor fuera un dios, porque eso de inventar el infinito... (luego me enteré que, en realidad, lo que había hecho era una teoría que justificaba la existencia del infinito). Sin embargo, la historia favorita de mi papá era la de la noche en que se volvió millonario. Creo que yo la escuché doscientas veces por lo menos y, gracias a eso, puedo contarla ahora con tanta claridad.

Lo primero en la historia era la regla más importante para los huéspedes: "Si una persona decide quedarse en el hotel, debe aceptar que pueda ser transferida de habitación varias veces a lo largo de su estancia". Luego empezaba a contar la parte que a mí me gustaba más:

Era uno de esos días en que el hotel estaba lleno. A lo largo del día, me gustaba pensar en las historias de la gente que se quedaba en el hotel (debo confesar que yo nunca pude imaginarme el hotel lleno, pero le creía a mi papá; además, éramos millonarios y nunca encontré ninguna otra razón que explicara ese hecho).

En el curso de capacitación para los trabajadores, nos habían enseñado algunos trucos para aceptar más gente cuando el hotel estuviera lleno.

—Ay, papá ¿a poco metías gente en un cuarto que ya estaba ocupado? (A mi papá le gustaba que le preguntáramos siempre lo mismo, como si fuera la primera vez que nos contaba la historia).

—No, claro que no. Déjame contar la historia completa para que veas lo que hacía. El hotel, como dije, estaba lleno ese día. A media tarde llegó un señor a pedir un cuarto. Normalmente, cuando el hotel estaba lleno, cobrábamos un poco más caro, pues había que compensar de alguna manera el trabajo que representaba un cambio de habitación.

Al informarle esto, el señor me dijo que no importaba, pero que por favor le diera un cuarto en el primer piso, pues sufría de vértigo y no resistía los elevadores.

—No se preocupe, señor; espere un momento por favor.

—El primer truco que aprendí fue cómo acomodar a un huésped si el hotel estaba lleno. En mi escritorio había un micrófono que se oía en todas las habitaciones, el cual utilizaba para indicar los cambios de habitación (lo del micrófono me lo sabía de memoria, pero él me lo repetía como si fuera su primer día en el trabajo y acabara de descubrirlo), así que lo encendí para anunciar el primer cambio del día:

"Buenas noches, amables huéspedes del Gran Hotel Cantor. Disculpen las molestias que podamos causarles, pero necesitamos realizar una mudanza. Por favor revisen el número de su habitación, ahora súmenle uno y cámbiense a la habitación correspondiente. Muchas gracias y que pasen buena tarde."

—Señor, su habitación es la 1, por el pasillo a la derecha. Le recuerdo que su estancia en el hotel está sujeta a cambios de habitación, aunque trataré de mantenerlo en la planta baja, no se preocupe.

Y así le di alojamiento al nuevo visitante.

—Pero, papá, si todos le sumaron uno al número de su cuarto, entonces el que estaba en el último cuarto se quedó sin lugar.

—No, porque el hotel era infinito, no había último cuarto y todos se podían recorrer un número sin que nadie se quedara sin cuarto (tampoco esto lo entendía, pero él lo decía con tanta seguridad, que yo le creía).

Las agencias de viajes, que reservaban lugar para grandes excursiones, tenían una hora específica de llegada: las 20 horas. A mí me gustaba atenderlos bien, así que todos los días, a las 19:30, revisaba si había alguna reservación y, en caso de que hubiera, dejaba las habitaciones disponibles para que los nuevos huéspedes no tuvieran que esperar. Ese día había una reservación para un número infinito de personas, así que realicé la segunda mudanza del día y dejé libres las habitaciones que necesitaría.

—¿Cómo, papá? ¿No se suponía que el hotel tenía sólo una infinidad de cuartos? Tú ahora me dices que, en realidad, tenía dos infinidades.

—No, no, yo no dije eso.

—Pero si el hotel estaba lleno, entonces había una infinidad de huéspedes y llegó otra infinidad, y tú los alojaste a todos.

—Sí, así es; ése era el segundo truco que nos habían enseñado, que en realidad no era muy complicado: lo que hice fue encender el micrófono y pedirles a los huéspedes que multiplicaran el número de su habitación por dos y se cambiaran al cuarto que tuviera el nuevo número. De esa manera, sólo estaban ocupadas las habitaciones con números pares, pues todos los números multiplicados por dos son pares, y quedaban libres las que tenían números impares, y cada colección era una infinidad de habitaciones.

—Entonces podías meter dos excursiones infinitas al mismo tiempo al hotel.

—Sí, pero eso no quiere decir que el hotel tenga dos infinidades, sino que es una característica maravillosa que se tiene por el simple hecho de ser infinito.

A las 20 horas en punto llegó la representante de la agencia de viajes y le indiqué las habitaciones que le correspondían. Desde ese momento, no hubo nada demasiado interesante que contar, hasta que se acercó la hora de cerrar la recepción (las 22 horas). Eran las 21:53, me acuerdo bien, y yo estaba acomodando todo para irme, cuando entró una señorita con cara de preocupación.

—Buenas noches, señorita ¿en qué puedo ayudarla?

— Tengo un problema grandísimo. Se me juntaron un número infinito de excursiones con un número infinito de personas cada una y, por supuesto, no tengo dónde alojarlas. Yo sé que aquí es necesario reservar si la excursión es muy grande, pero esta vez es una emergencia.

—¿Así que un número infinito de excursiones con un número infinito de personas cada una? Déjeme pensar...

—Por favor, si no me voy a quedar sin trabajo (a mi papá le encantaba hacerse el héroe cuando me contaba sus historias).

—Ya sé qué vamos a hacer, pero recuerde que cuando el hotel está lleno la tarifa es un poco más alta.

—Sí, sí, no se preocupe por eso; de hecho, hice una colecta de un peso por cada turista de las excursiones y ese fondo es para usted si me da las habitaciones.

—Espere un momento, por favor.

Volví a encender el micrófono para anunciar la última mudanza del día, sólo que esta vez no me comuniqué con todas las habitaciones, sino sólo con las que estarían implicadas en el cambio.

—Pero ¿cómo, papá? ¿Tenías que meter un número infinito de excursiones con un número infinito de personas y ni siquiera usaste todas las habitaciones del hotel?

—Sí. Eso de GRAN Hotel Cantor no era nada más porque sí.

Encendí el micrófono de modo que sólo las habitaciones con número primo o alguna potencia de primo pudieran oírlo:

Buenas noches, amables huéspedes del Gran Hotel Cantor. Disculpen las molestias que podamos causarles, pero necesitamos realizar una última mudanza esta noche. Les pedimos por favor que se acerquen a su puerta, donde encontrarán un cuadro con indicaciones sobre su número de habitación. Como pueden observar, el número de su habitación se puede escribir como un número elevado a alguna potencia, tal como se lee en el inciso c), es decir, "su número de habitación es de la forma pn y, en seguida, se da el número particular de cada habitación escrito de esa manera. La mudanza consiste en realizar la siguiente operación: si su cuarto es pn, su nuevo cuarto será p2n. Recuerden que para cualquier duda, pueden marcar al 00 y preguntar el nuevo número de su habitación. Gracias y buenas noches."

En esos momentos era cuando más aliviado me sentía de ser recepcionista y no telefonista del hotel.

—Están listas, señorita. Sus habitaciones son todas aquéllas cuyos números son potencias impares de números primos; aquí tiene una lista más detallada.

—Muchísimas gracias. Ahora, aquí tiene usted un cheque por la cantidad que reunimos entre nuestros turistas. Muchas gracias de nuevo.

—De nada, señorita, gracias a usted.

Y así fue que...

—No, no, no, espérate, papá. Explícame cómo cupieron todas esas personas en esos cuartos.

—Ah, pues es muy fácil, fíjate: hay un número infinito de números primos, así que a cada excursión le asigné un número primo. Después, cada primo tiene un número infinito de potencias impares, así que en cada habitación con un número que fuera una potencia impar de un número primo acomodé a una persona de cada excursión. Y así cupieron todos.

—Sí, creo que ya entendí... ¿Y como ya eras millonario, dejaste de trabajar ahí?

—No, seguí trabajando ahí durante tres años. Me gustaba. Lo que pasó fue que hubo un complot de hoteleros para cerrar el Gran Hotel Cantor. Lo peor fue que no sólo lo cerraron, sino que, además, derribaron ese maravilloso edificio. Ni modo.?

Juan Manuel Ruisánchez Serra

martes, 27 de noviembre de 2007

NIPPER Y LA VOZ DE SU AMO


Han transcurrido ya mas de 100 años desde la aparición del emblema que hizo a un perrito fox-terrier, llamado Nipper, convertirse en el perro más popular y conocido del mundo.

Las circunstancias sumadas a las coincidencias, jugaron a favor de Nipper para que él fuera el integrante más importante, del símbolo comercial más famoso y conocido hasta el presente. La feliz idea del pintor inglés Francis Barraud de plasmar con óleo en la tela, la escena que observó repetidas veces en su casa, tuvo su origen cuando recibió como herencia entre otras cosas, un fonógrafo con cilindros de cera y el perrito Nipper que pertenecieron a su hermano, fallecido poco tiempo antes.

Fue así que, cuando Barraud reproducía ese fonógrafo uno de los cilindros, grabados con la voz de su hermano, observaba que Nipper se acercaba a la bocina y mirándola escuchaba atentamente la voz de su antiguo amo. Tal cual ese momento, fue pintado por Barraud. Tan simple como auténtico su título His master's voice (La voz de su amo), ocurrió en el año 1895.

Tiempo después esa obra fue ofrecida por su autor a la Edison Bell Co. de Londres, pero la oferta fue rechazada por esa compañía, inventora del fonógrafo a cilindro. Ante esa negativa de compra, Francis Barraud decidió entonces colgar el cuadro en una de las paredes de su taller.

Allí permaneció durante cuatro años hasta que enterado de dicha obra, se presentó ante el pintor el señor William Barry Owen y le sugirió a Barraud que reemplazara el fonógrafo a cilindro de Edison de 1877, por el gramófono a disco inventado por Emilio Berliner en 1888. Barraud así lo hizo. Sobre la figura del fonógrafo pintó la del gramófono. Era en 1899 y la obra adquirió ese mismo año, la pequeña y modesta "Gramophone" en la que William B. Owen se desempeñaba como gerente de relaciones y propaganda.

Fue a partir de la adquisición de tal obra que ambos, la compañía "Gramophone" y Nipper comenzaron a mostrarse y hacerse famosos en el mundo entero pues todos los productos fabricados por la compañía, llevaron sin excepción impresos o moldeados ese simpático emblema que cumplirá en este decenio, su primer siglo de existencia.

Desde las primeras grabaciones acústicas sobre matriz de cera hasta las actuales láser, compactas o digitales, llevaron, llevan y seguramente llevarán a Nipper sentado frente a una bocina como símbolo de la grabación y reproducción del sonido.